miércoles, julio 29, 2009

Sobre la Iglesia (I)

Milkus, uno de los bloggers que hace más tiempo conozco, y con quien me unen la fe, la blogósfera y una serie de deudas contraídas (y aún impagas) por mi persona en el ámbito de las visitas, me sugirió escribir algo sobre la Iglesia, tan golpeada, tan poco defendida. Así que irán apareciendo distintos posts referidos a ella. Con todo, la intención no es que sean polémicos (aunque quizás a varios les haga ruido lo que lean), sino reflexivos y experienciales. Para superar un conflicto en general hay que ir más allá de él, o mejor, más allá de lo que emerge, para entrar en sus raíces y desde allí, desde la raíz, caminar hacia la luz... si es posible.

Sobre la Iglesia hay mucho y muy bien escrito. En particular, a modo de "justificación" de la Iglesia me parece muy valioso el capítulo que escribe Rolheiser en su "En busca de espiritualidad". Hay mucho en el plano teológico: recomiendo a Pié-Ninot y su "Introducción a la eclesiología" para encontrar un planteo sintético y completo. Nombro a estos dos por poner dos aportes más recientes.

Pero si yo tuviera que presentar la Iglesia... creo que empezaría por el Génesis, cuando Dios dijo "no es bueno que el hombre esté solo". Y del costado de Adán durmiente extrajo carne, de la cual haría su "ayuda adecuada".

Es importante señalar que esta "ayuda" no es una ayuda subordinada al hombre. Casi pareciera al contrario: la palabra que traducimos por ayuda es la que muchas veces se aplica a Dios cuando se lo nombra como auxilio, como protector. Eva será para Adán un signo de la protección del Señor. Será quien le permita reconocerse como varón, porque sólo al entrar en comunión su identidad podrá realmente encontrar su figura. En la unión con Eva el varón podrá encontrar su nombre, su misión (la fecundidad) y su descanso.

Pasó el tiempo, y la historia (de salvación). Hasta que descubrimos que ese primer Adán era la sombra del verdadero, que se durmió en la cruz (como muy bien ha descrito en una oración el monje del Athos), para que de él nazca una nueva Eva, la Iglesia. Y ella sería (ella es) la madre de todos los vivientes.



Ella sí que es carne de su carne y hueso de sus huesos.
Ella es también la ayuda necesaria para todo hombre, para todos los hombres.
Ella está al servicio de la vida,
y en ella encontramos lo necesario para seguir esperando.
Ella es ese lugar donde recibimos nuestro nombre verdadero,
donde se nos dan los lazos de la fe y el amor:
los únicos que pueden descifrar nuestro misterio.
Ella es lo que el corazón de Cristo soñó desde el principio.
Ella es la Iglesia.



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