miércoles, febrero 08, 2012

Siguiendo la sombra del Galileo (Crónicas de Tierra Santa II)

Después de la noche en Nazareth y un flor de desayuno, estábamos listos para empezar nuestro primer día "oficial" de peregrinación. La etapa inicial de este viaje iba a girar en torno a Galilea, tierra de origen y lugar privilegiado del ministerio de Jesús (es decir, los espacios donde se dieron de manera más extensa la "vida oculta" y la "vida pública" del Señor). 

La primera parada era la Iglesia del Primado de Pedro, cerca de Tagbah, junto al Mar de Galilea o Lago de Tiberíades. Es un templo pequeño y muy bonito, que alberga dentro de sí una de las llamadas "Mensa Christi" (una roca donde Jesús partió el pan con sus discípulos; hay otras más en distintos lugares de Tierra Santa), pegado al lago y que tiene a su alrededor algunos altares donde se puede celebrar al aire libre, mirando el mar. En esta iglesia se conmemora el diálogo entre Pedro y Jesús mencionado en Juan 21 ("¿Me amas? Apacienta a mis ovejas"). 

Por percances con el GPS llegamos 20 minutos tarde y el monje benedictino que cuidaba la iglesia casi no nos deja celebrar. Pero gracias a un poco de persistencia, de cara de pollito mojado (que la lluvia favorecía) y al factor de unión de que el monje era justo un argentino de Palermo, pudimos tener misa allí. Celebramos la misa en un pequeño altarcito junto al lago. Después nos tomamos un buen rato para rezar cada uno por su lado mirando el lago, con mucho silencio (como es invierno y por la lluvia no había tantos peregrinos). 

El episodio narrado en el final del Evangelio de Juan nos dio el marco necesario para empezar a entrar en el diálogo con Jesús que sostendríamos a lo largo de todo nuestro itinerario. Personalmente, me volvían una y otra el momento en que Jesús dice a Pedro: "Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". La vida en este momento me va llevando por esa dirección. Pero la certeza de que Jesús acompaña también ese paso me da mucha paz.

Y en una ronda lindísima entre las rocas compartimos con mucha emoción cómo estaba cada uno. Lágrimas, alegría, y el saber queJesús ya nos estaba encendiendo el corazón a todos. Terminamos el momento rezando juntos y escuchando una canción de Sertres cuya letra podría ser tranquilamente lo que Pedro meditaba después de esa triple respuesta de amor:

Qué historia larga juntos recorrimos,
qué viaje misterioso emprendimos…,
Amigo mío….

Viví los años más hermosos de mi vida
y hoy la confianza llega a tal punto…
Que te di todo, y espero lo mismo…

Te veo, imponente como el sol del horizonte,
que a veces se me acerca y a veces se me esconde….
Pero creo que ya es la hora de avanzar de pie
con fuerza hacia la aurora…

Amigo, Compañero,
me enseñaste a andar haciendo el sendero.
Amigo, Compañero,
Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero.


De allí fuimos a Tagbah, donde Jesús multiplicó los panes y peces. Es una iglesia lindísima atendida por monjas benedictinas, de claro estilo monástico y con un piso hecho de mosaicos que aún se conservan de un templo anterior del siglo V. Tratamos de tomar conciencia de los dones que Dios nos da para compartir con los demás y alimentar a los que tenemos cerca. No deja de ser llamativo que frente al hambre de la multitud lo primero que hace Jesús es ayudar a los discípulos a descubrir lo que tienen ("¿Cuántos panes tienen? Vayan y vean"). Y esos panes y peces son motivo de gratitud al Padre para Jesús. Este Jesús siempre sorprendente que  en vez de agradecer por lo que recibe, bendice a su Abbá por tener algo para dar y compartir.

Almorzamos luego en el restaurant "San Pedro". Es muy divertido -y a veces chocante- ver cómo se combinan acá lo religioso y el turismo: tanto que uno puede encontrar cosas como una imagen clásica del pobre santo pescador con un estridente logo de Pepsi Max al lado en el cartel de restaurant. Comimos una rica comida típica de allá (un pollo especiado, dátiles y café turco para los valientes y unas más familiares papas fritas) y salimos para Cafarnaúm, donde Jesús realizó numerosos signos y predicaciones. Sobre lo que las excavaciones presentan hoy como la casa de San Pedro hay una moderna iglesia en la que pudimos resguardarnos del frío y rezar juntos. Leímos el día que Jesús pasa en este lugar narrado en Mc 1-2, recitando cada uno un versículo. 

El último tramo de la tarde fue para la Iglesia de las Bienaventuranzas, un templo lindísimo situado en el monte donde Jesús dio el Sermón de la Montaña: el anuncio de una felicidad y un estilo de vida a la medida del Reino. 


En ese hermoso lugar cada uno tomó una de las bienaventuranzas y las fuimos meditando. Ya se hacía de noche (y las carmelitas que se ocupan del lugar nos iban a encerrar ahí) así que partimos a Tiberíades, donde hicimos noche en la "Casa Nova" de los franciscanos (los frailes tienen la custodia de la mayoría de los grandes santuarios aquí, donde manejan además varios alojamientos para peregrinos llamados de esta forma). Recorrimos un poco la ciudad, que empieza a despertarse por la noche a medida que termina el Sabbat y se abren todos los barcitos. El impacto cultural se hizo sentir una vez más cuando vimos una parejita de novios muy simpática: él era un soldado que caminaba feliz de la mano con ella... y llevaba una ametralladora en la otra. 

La tarde nos encontró cansados pero contentos. Parecía mentira que sólo teníamos un día de peregrinación encima. Ya estábamos experimentado esta realidad típica de las vivencias fuertes: el tiempo se hace más denso, concentrado. Por usar una diferenciación que aparece en el Nuevo Testamento, no vivíamos simplemente un kronos (el tiempo normal, que transcurre momento a momento) sino un verdadero kairós (un tiempo favorable, donde Dios actúa... un momento sacramental). 

Al día siguiente nos esperaban el Monte Tabor, lugar de la transfiguración, y la revancha de Nazareth, donde no habíamos podido ver nada la noche anterior. Había que descansar y preparar el corazón para lo que venía...

domingo, febrero 05, 2012

Peregrinos hacia la fuente del Fuego (Crónicas de Tierra Santa I)

Estoy recién llegado a la parroquia después de haber vivido una de las experiencias más lindas, profundas e intensas que he me han tocado en suerte (o mejor, en Providencia): con ocho amigos compañeros de misión hemos compartido una peregrinación a Tierra Santa. 

Han sido días de una gracia enorme. Y como toda gracia, no puede guardarse. Tiene que convertirse en vida y en palabra. Por eso nacen estos apuntes, a manera de pobre balbuceo sobre lo mucho que Jesús nos regaló durante el tiempo que caminamos por sus pagos. 

Lo primero que quizás haya que aclarar (y la primera enseñanza que nos dejó Tierra Santa) es que nuestro deseo fue el de vivir ese viaje como lo que era: una peregrinación. Esto implicaba un compromiso fuerte de nuestra parte: asumir una cierta inseguridad. No la que uno experimenta frente al peligro (que gracias a Dios no hubo ninguno), sino la que brota de tener el corazón abierto y dispuesto a dejarse a afectar por su entorno. Vivir el tiempo que teníamos como una ventana abierta para Dios y los demás. Aceptar lo diferente, lo novedoso, lo imprevisto como parte del camino... y ver qué es lo que suscitaba dentro nuestro. 

Evidentemente el cuerpo, la mente y el corazón se rebelan un poco o mucho frente a situaciones como ésta (el dolor palpitante que me provocó mi muela del juicio - en general está muy tranquila - en los días previos al viaje es una prueba contundente). Pero eso mismo es lo que hace también que uno sepa que va por buen camino. El sacudón y la incertidumbre vienen de saber que uno está jugándose algo en este paso. 

De hecho, no tardaríamos mucho en darnos cuenta que íbamos a estar en manos de la Providencia más de lo que imaginábamos. Porque en nuestro primer día en Tierra Santa... no pudimos visitar absolutamente nada. Llegamos tarde a Nazareth después de largas negociaciones para conseguir un buen precio en el alquiler de autos. Y una vez en la ciudad donde vivieron muchos años María, José y Jesús... nos perdimos. Después de encontrar finalmente un hotel, caminamos en búsqueda de un lugar para comer algo. 

Por suerte al haber bastante población árabe en Nazareth, no todos los negocios habían cerrado (llegamos en viernes, vísperas de sábado... ¡el aeropuerto estaba virtualmente vacío!) y pudimos compartir unos sandwiches de shawarma. Marco, un amigo nuestro, que junto con otros había peregrinado a Tierra Santa un par de años atrás, nos escribió una carta que escuchamos con atención. Nos compartió su experiencia y nos invitó a vivir a fondo nuestro viaje. Escuchar su testimonio nos ayudó a tomar conciencia del lugar en donde estábamos, de la oportunidad que nos había concedido... del regalo de estar allí.

Y aquí se hizo palpable la segunda enseñanza de la peregrinación, que se haría más sólida con el paso de los días: sólo es posible peregrinar con otros. Tanto los compañeros de peregrinación, como los que ya habían hecho la experiencia y nos alentaron con palabras y oración... y los innumerables habitantes de Tierra Santa (cristianos, judíos, religiosos y laicos) que nos dieron una mano - uno de los integrantes de nuestro grupo los nombró acertadamente "cireneos" - fueron una parte fundamental de lo que viviríamos. En este caso, las palabras de Marco fueron el puntapié inicial que necesitábamos para entrar en clima y empezar a vivir lo que sería para todos una verdadera Pascua, es decir: un paso transformador de Dios por nuestras vidas. ¡Y esto recién empezaba!

sábado, diciembre 24, 2011

Hamlet versus Leeroy Jenkins: el intrincado arte de la decisión




Uno de mis mayores agradecimientos a la educación secundaria que tuve es haber conocido a Shakespeare. Recuerdo perfectamente mi fascinación.Si bien era difícil de entender por momentos, cada página era un bosque lleno de imágenes tan sugerentes que hacían valer la pena el esfuerzo. Entre todos los textos leídos en aquel entonces, ninguno me gustaba tanto como el famoso soliloquio de Hamlet. "Ser o no ser"... y en realidad todo "Hamlet" gravitaba en torno a la decisión de actuar o no (o al menos hasta ahí llegaba mi comprensión de la obra en ese momento). ¿Qué hacer? Tantas posibilidades, miedos, dificultades... "y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento". La percepción de la realidad, de sus variantes infinitas (y los sufrimientos que elegir una de ellas puede generar) paraliza el corazón. 



Pero no todos sufren el problema de pensar demasiado. Hace cinco años un video en Youtube viralizó una iniciativa tan audaz como suicida. Por suerte, sólo provocó muertes virtuales. En una sesión de World of Warcraft (un juego de rol online en el que participan más de diez millones de personas), un grupo de amigos planifica con hamletiana reflexión entrar en un cuarto lleno de peligros. Leeroy (que evidentemente no está escuchando) lanza su nombre como grito de guerra (grito repetido también hasta  el hartazgo en mil versiones de Youtube) y se arroja en el cuarto sin premeditación. Sus compañeros lo siguen, insultándolo por su falta de respeto a la estrategia que termina produciendo la muerte de todos. 



Estos dos personajes representan los extremos que más de una vez se nos plantean a la hora de decidir. Y cada uno de nosotros oscila un poco entre uno y otro. Están los Hamlets, conscientes de las consecuencias, los riesgos, las perspectivas y por eso mismo siempre tentados de inmovilismo; y los Leeroys arrojados de cabeza al fragor de la batalla sin medir peligros ni implicaciones. 

Tal vez haya algo en común en estos dos puntos aparentemente en contra: los dos tienen una pretensión de control. Hamlet quiere tener todo claro antes de actuar; Leeroy se siente invulnerable. En el fondo, se parecen bastante. Porque quiero controlar el curso de las cosas, las pienso hasta el cansancio; porque creo que las domino, me lanzo sin más. 

Probablemente una clave para salir de esta antinomia sea el cultivar una prudente humildad: una conciencia de nosotros mismos que nos haga siempre darnos cuenta de nuestra fragilidad, para medirnos y medir las consecuencias a la hora de decidir. Pero al mismo tiempo esta humildad nos libera de la pretensión de saber y controlar todo. Por eso nos permite arrojarnos a pesar de no tener todo  resuelto.

En esto nos ayudamos mutuamente unos a otros. Los Hamlets daremos miradas y perspectivas que ayuden a sopesar una opción; los Leeroys nos ayudarán a no sucumbir a la tentación de esperar a que todo esté meridianamente claro. Y seguiremos dando pasos en el delicado y fundamental arte de elegir, que da forma y sentido a nuestra vida. 

lunes, diciembre 12, 2011

Cuando un camino se cierra

Hace unos meses un proyecto que venía gestando y esperando se vino abajo sin aviso. En su lugar se presentó otra posibilidad a perseguir, distinta de la que yo quería. No voy a negar que refunfuñé bastante. Al poco tiempo me junté a charlar con un sacerdote amigo. El cura escuchó mis cuitas con atención y empatía y una vez que había terminado me dijo: "Bueno Edu, será cuestión de empezar a amar ahora este proyecto nuevo que surgió... porque es el único que existe". Aplastante, pero cierto. 

Es muy difícil aceptar que algunos sueños se rompen y en su lugar se nos presenta un camino que no fue elegido ni buscado. Podemos protestar todo lo que queramos; pero el problema es que el que patalea se mueve mucho... en un mismo lugar, sin poder ir hacia delante. Tenemos derecho a hacer nuestro duelo. Pero después llega la hora de levantarnos, limpiarnos el polvo de la caída y empezar a andar una vez más. 

Esos momentos en que se pincha la burbuja de nuestras expectativas pueden tener verdaderas gracias escondidas. Puede que no sean lo que hubiéramos querido; pero hasta que se pueda hacer germinar semillas en el aire tendremos que aprender a sembrar en la tierra que pisamos. La única que se nos da.

¿Y quién sabe? Tal vez nos sorprendamos. El salmo 37 dice:


 Confía en el SEÑOR, y haz el bien; 

habita en la tierra, y cultiva la fidelidad. 
Pon tu delicia en el SEÑOR, 
y El te dará las peticiones de tu corazón. 
Encomienda al SEÑOR tu camino, 
confía en El, que El actuará; 

hará resplandecer tu justicia como la luz, 

y tu derecho como el mediodía. 

Confía callado en el SEÑOR y espérale con paciencia; 
no te irrites a causa del que prospera en su camino, 
por el hombre que lleva a cabo sus intrigas. 
Deja la ira y abandona el furor; 
no te irrites, sólo harías lo malo. 


Es verdad que el camino que está delante no es el que esperábamos... Y seguramente por eso en parte nos enojamos. Un proyecto frustrado nos pone delante de la certeza de nuestra finitud, del escaso (o nulo) control que tenemos sobre nuestra vida. Nos cachetea y reubica. A partir de ahora, todo es sorpresa. No hay mapas ni agendas. Sólo sendero abierto. Será cuestión de ir por él cantando como los hobbits en El Señor de los Anillos:

The Road goes ever on and on
Down from the door where it began.
Now far ahead the Road has gone,
And I must follow, if I can,
Pursuing it with eager feet,
Until it joins some larger way
Where many paths and errands meet.
And whither then? I cannot say.

Still round the corner there may wait
A new road or a secret gate,
And though we pass them by today,
Tomorrow we may come this way
And take the hidden paths that run
Towards the Moon or to the Sun.

jueves, diciembre 08, 2011

Alguien que me mire

Yo pasé junto a ti y te vi. Era tu tiempo, el tiempo del amor. (Ez 16, 8)

"¡Mirame papá, mirame mamá!"... ¿cuántas veces lo habremos dicho y escuchado? La mirada de amor del otro nos consolida en el mundo, nos afirma en nuestro propio ser y valor. Somos rescatados del anonimato por la contemplación de los que nos quieren y se alegran simplemente de que seamos. 

Es verdad, sin embargo, que no siempre se nos mira bien. Puede incluso llegar a pasar que carezcamos de una mirada así. Y si no aceptamos esa herida nos llenamos de resentimiento y nuestra necesidad de que esa mirada llegue a nosotros nos domina y puede llevarnos por caminos terriblemente autodestructivos. 

Qué sanador cuando encontramos esa mirada. En un momento me animé a abrirme y a dejarme ver... y fui amado. Soy valioso y aceptado como soy. 

Cada vez más, cuando estoy delante del sagrario o del icono del Sagrado Corazón que acompaña muchos de mis momentos de oración, percibo no tanto que veo algo, sino que soy visto. Con un amor y una aceptación que sacan lo mejor de mi y disipan todos mis fantasmas.

miércoles, octubre 26, 2011

Canciones que levantan el ánimo

Me pidieron que posteara el compilado de canciones "pilas". Aclaro acá que pensaba al armar el compilado en canciones que levanten el ánimo. Si la idea es algo más deportivo o motivador para arrancar el día, lo llevaría para otro lado: más rock y música electrónica (para correr, por ejemplo, últimamente me acompañaron "Panic Switch" de Silversun Pickups, "Breathe" de The Prodigy, "Body Rock" de Moby, la versión de "Fly By Night" de Jethro Tull por la Filarmónica de Londres y varias más). Pero estas apuntan a levantar el ánimo y motivar sin "acelerarlo" a uno, por así decirlo. ¡Fíjense y agreguen lo que les parezca!


1.        Dancing in the street – Martha & The Vandellas
2.      Gonna Get Over You – Sara Bareilles
3.       Here Comes The Sun – The Beatles
4.      I Can See Clearly Now – Jimmy Cliff
5.      Raise Your Glass – Pink
6.      Tonight Tonight – Hot Chelle Rae
7.      September – Earth, Wind & Fire
8.      Don’t Stop Me Now – Queen
9.      You Make My Dreams Come True – Hall & Oates
10.   Digital Love – Daft Punk
11.     Accidentally in Love – Counting Crows
12.    Marry You  - Bruno Mars
13.    Could You Be Loved – Bob Marley & The Wailers
14.   Uptown Girl – Billy Joel
15.    I Get Around – The Beach Boys
16.   10.000 Nights Of Thunder – Alphabeat
17.    That Thing You Do – The Wonders
18.   Hey Soul Sister – Train
19.   Stuck Like Glue – Sugarland
20.  Mixed Emotions – The Rolling Stones
21.    You Can Call Me Al – Paul Simon
22.  Lollipop – Mika
23.   Give Me Hope Joanna – Eddy Grant


lunes, octubre 24, 2011

Cuando se nos pierde una canción

A Fer Gril se le ha perdido una canción. Y puesto a buscarla, fue encontrando varias que nos regala ahora en su primer disco. 

Con Fer somos amigos desde hace varios años. Alguno podría valerse de esto para argumentar falta de objetividad a la hora de hablar de su obra. Pero como estoy convencido que es justamente el afecto y no la distancia quien nos permite ver más hondo, creo no equivocarme al decir que los temas están realmente muy buenos. Son canciones que hablan de lucha, de amor, y de búsqueda: de la propia canción (esa que todos estamos tratando de entonar), del encuentro, de la verdad... Si tengo que elegir, me quedo con "Ser de Luz" (una invitación a dejarse querer en los momentos difíciles) y "Zamba del que no fue" (casi como un contrapunto de la "Zamba por vos"). Los que estén con ganas de escuchar un anticipo, pueden hacerlo en su página de Myspace. Y para los muy vagos, dejo una versión de "Ser de Luz" aquí mismo:




viernes, octubre 07, 2011

La banda de sonido de la vida

Una de las posibilidades más atractivas de los reproductores de MP3 y distintos software multimedia para la computadora como el Itunes y demás es la posibilidad de armar listas de reproducción, o playlists. Para los que tienen vocación frustrada de DJ de radio, como yo, es una oportunidad para ejercitarse en un arte único que quedó brillantemente sintetizado por John Cusack en "Alta Fidelidad". 

Cuando hacemos una lista (o un CD compilado... ¿y se acuerdan de los cassettes vírgenes?), estamos haciendo la banda de sonido de nuestra vida. Puede ser para momentos sencillos o para reflejar un estado emocional profundo; para inspirarnos a algo grande (¿quién no se sintió un atleta corriendo al ritmo de Carrozas de fuego o Eye of the Tiger?) o para acompañar la cotidianeidad. Una cosa es cierta: cualquier momento o situación se convierte en otra cosa con música. Gana en realce, en expresión y en recuerdo. Vale la pena armarse una buena playlist para que las canciones graben el recuerdo con más fuerza y a su vez para que estas se vuelvan casi un sacramento de la experiencia. 

En este momento estoy preparándome (lentamente y en mis ratos libres) dos compilados: uno de canciones pilas, para arrancar el día o para correr; otro de canciones para escuchar mientras manejo (ya tengo un Vol. 1 de canciones ruteras que tiene alta rotación en mi auto). Me están faltando canciones para terminar ambos. Se aceptan recomendaciones. Adjunto las lista de las canciones ruteras que tengo hasta ahora:

Canciones ruteras Vol. 2

  1. Broken – Jack Johnson
  2. Ain’t no rest for the wicked – Cage The Elephant
  3. Love Spreads – Stone Roses
  4. Home – Edward Sharpe & The Magnetic Zeroes
  5. Mykonos – Fleet Foxes
  6. Freefallin’ – Tom Petty
  7. Weighty Ghost – Wintersleep
  8. Mustang Sally – The Commitments
  9. Wild Night – John Mellencamp
  10. Keep the car running – The Arcade Fire
  11. Beautiful Day – U2
  12. Stuck in the middle with you – Stealers Wheel
  13. Leaving Las Vegas – Sheryl Crow
¿Alguien está pensando una playlist para algún momento de su vida? 

martes, septiembre 27, 2011

Escuchando a Marisa Monte

Marisa Monte es una de las pruebas más contundentes de que se puede transmitir un caudal de sentimiento con suavidad y ternura. Esta mañana de estudio me encuentra con uno de sus temas en su experiencia con Tribalistas, Velha infancia, una canción de amor que es casi una oración. La escuchan y me cuentan (el video es un poco cursi, pero es lo que los vericuetos de Copyright de Youtube permite, qué le vamos a hacer).


Apuntes sueltos sobre unidad de vida, oración y eucaristía

La unidad de vida es un regalo antes que un propósito o un esfuerzo. Al mismo tiempo, buscar la unidad de vida es responder a un deseo profundo del corazón: el de integrarse, unificando toda la vida en torno a algo que nos centre, que nos de un sentido profundo y nos lleve a ser plenamente nosotros mismos. Es poder alcanzar la libertad interior que nos permita realizar lo que Jesús sueña para nuestra vida, recuperar esa semejanza con Dios que habíamos perdido. 

Para los cristianos, el camino es hacer de Jesús nuestro tesoro, pues “donde esté tu tesoro, estará tu corazón”. Es el modelo y la fuente de toda coherencia interna. En su ser no hay fisuras entre decir y obrar, entre ideal y realidad. Todo está pleno, perfecto, integrado. Jesús es plenamente él mismo delante de todos, sin miedos ni dobleces. Por eso mismo, puede entregarse, puede amar. 

¡Porque de eso se trata la unidad de vida! La coherencia existencial no es una especie de pulcritud de boletín que uno tiene que lograr para dejar en paz la conciencia. Es crecer en capacidad de amor y entrega, unificando las fuerzas internas que tantas veces están dispersas por nuestras ambigüedades e inconsistencias. 

El corazón entero de Jesús se entrega en la eucaristía. Por eso ella es para nosotros la raíz de toda unidad interior. Allí recibimos el amor que sana y libera, la comunión que nos permite disipar nuestras infidelidades… el amor de la eucaristía nos saca de la falsedad y nos lleva a la verdad y la libertad. Allí nuestra vida se va transfigurando progresivamente, y todo lo que somos se recapitula, se integra en el amor de Jesús. 

Podríamos decir que Jesús repite en nuestro corazón lo que hizo con el pan en la última cena: nos toma (por completo, quiere llegar a todo lo que somos y tenemos), da gracias y bendice (nuestra vida entera es don del Padre a Jesús, y Jesús nos bendice, llenando cada rincón con su amor), nos parte (porque tenemos que atravesar las crisis, los dolores y las cruces que nos hacen llegar a la autenticidad, a la verdadera libertad) y nos entrega (nos hacemos alimento para los demás). 

Es necesario recordar que todo esto… lleva mucho, mucho tiempo. Jesús nos trabaja artesanalmente, lentamente. Por eso mismo la Eucaristía, que es nuestro sacramento más importante, también es el más cotidiano. Al ver la reserva eucarística (la misma que adoramos y que tantas veces nos lleva a la oración) tomamos conciencia que el don de Jesús nos excede y nuestro corazón necesita hacer su proceso para asimilarlo (o mejor, para que Él nos asimile a nosotros en su Corazón). Cuando pedimos el pan de cada día pedimos también ese paso diario, ese crecimiento cotidiano, lento pero real hacia la verdadera unidad de vida, la que Jesús nos ofrece y que nos abre el camino para el amor y el servicio a los demás.

domingo, septiembre 18, 2011

Llega la noche, Señor.
Ya luché, hablé, abracé.
Ahora te pido una vez más que me lleves en tu mano.

¡Estoy tan contento y cansado a la vez!
Todavía queda un tramo por recorrer
Pero voy con vos
Y un poco de tu ternura
Es lo único que pido para seguir caminando.

Dejame este rato de silencio
para escuchar tu canción
dentro de mí.