domingo, marzo 25, 2007

Yo tampoco te condeno

Recuerdo que mi profesor de Reconciliación me decía que muchas veces el problema de los penitentes era que Dios los perdonaba pero ellos no terminaban de perdonarse.

Cuando no nos perdonamos, cuando no terminamos de reconocer que nuestra existencia nace de la misericordia, alumbramos resentimiento y condena.

La condena nos detiene en un momento de nuestra historia, nos reduce a un hecho puntual. Por el contrario, el perdón sabe del pecado, pero lo transforma por el amor en la oportunidad de comenzar de nuevo, en un verdadero renacimiento. El perdón que hace brotar agua de la roca, cosmos del caos, vida de la muerte.

Ese mismo perdón que nos permite avanzar cada día un poco más.
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