sábado, marzo 10, 2007

Notas sobre las lecturas de este domingo

  • Dios tiene un proyecto de libertad y plenitud para cada uno de nosotros. El libro del Éxodo nos relata el comienzo de ese proyecto cuando Dios compromete a Moisés en la liberación del pueblo. Dios va a llevarnos por un camino arduo hacia la tierra prometida.

  • Sin embargo, en este camino muchas veces nos desviamos. Pensamos que hay modos más fáciles, rápidos o prácticos de llegar a la meta. Nos asusta el horizonte, nos cuesta confiar en la promesa. Y así vemos como de un modo u otro el pueblo se desvía en el camino hacia la tierra prometida. Es la experiencia del pecado: de elegir algo que no es Dios, de desesperar de encontrarse con él o pensar que es uno quien puede determinar mejor cuál es el camino a seguir.
  • Pero Dios no quiere que su plan se frustre. Por eso redobla su apuesta y siempre abre posibilidades para que retomemos su camino. Nos invita a convertirnos, a volver hacia la senda original que Él trazó para nosotros. Toda la Escritura es una larga narración de la oferta de Dios, los desvíos del hombre y la renovación de esa propuesta.
  • La plenitud se da en Jesús. Él es la salvación, él es Dios que nos dice que hoy, aquí y ahora, podemos volver. A cada uno, entonces, se nos hace esta invitación a pegar la vuelta, a retomar el camino. Por eso esta invitación con tanta fuerza a la conversión.
  • No se trata simplemente de cambiar alguna conducta, de cambiar “algo”. Sobre todo se trata de seguir buscando a Dios, de estar constantemente en marcha hacia él. La consecuencia del pecado no es un castigo físico, o una desgracia, como advierte Jesús. En esa época muchas veces se pensaba que se podía identificar al pecador o al santo según su prosperidad o su fracaso. Pero Jesús nos dice que la consecuencia del pecado es la esterilidad... quedarse sin vida, sin abrirse a lo que Dios nos quiere revelar y regalar.
  • Esto sólo se puede hacer si alguien confía en nosotros. Y Dios tiene una infinita confianza en nuestra capacidad de dar frutos, de cambiar, de renovarnos.
  • ¿Qué cabe entonces de nuestro lado? No perder la fe en el horizonte ni en que estamos a tiempo. Quizás la tentación más grande sea la de desesperar, la de pensar que estamos más allá del cambio. Descubrir una vez más esta buena noticia puede ayudarnos también a mirar a los demás con más misericordia: nadie está desahuciado, a nadie se le puede negar la posibilidad de que cambie.
  • Cada vez que celebramos la Eucaristía Jesús nos abre un camino nuevo, nos dice que siempre hay una posibilidad más, una oportunidad, una puerta abierta.
Publicar un comentario