viernes, marzo 23, 2007

Un recuerdo del Cottolengo

Al terminar mi tercer año de seminario fui un par de semanas de voluntario al Cottolengo de Claypole. Fue una de las experiencias más lindas y difíciles de mi vida a la vez. Creo que todavía sigo espigando cosas que aprendí en esos días.

Lo primero que me impactó cuando estuve allí fue una frase de Don Orione que está en el jardín. Decía: "Al que toque a la puerta del pequeño Cottolengo no se le preguntará si tiene un nombre, sino si tiene un dolor".

Es el único modo de conectar con el otro... si perdemos el miedo a sus heridas (y para eso hay que estar en contacto y en paz con las propias), si en vez de pedirle que nos rinda credenciales de éxito o prestigio, simplemente dejamos que nos confíe su fragilidad. Ese terreno sagrado donde grita la ausencia pero por eso mismo también es posibilidad de vida y creación.




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