jueves, agosto 31, 2006

Hacia la paz de corazón

¿Quién no desea la paz? ¿Quién no quisiera sentir la armonía de su ser, del corazón en paz consigo y con todo lo creado? Pero, ¿cómo encontrarla? Quizás un camino sea el de aprender justamente a amar nuestra no-paz, nuestras tensiones. La paz hacia la que caminamos es una pascua, una serenidad que no es ausencia de conflictos, sino, tal vez, la capacidad de convivir con ellos más serenamente.

Como decía aquella historia del jardinero que, al no poder erradicar las malas hierbas de su jardín, buscó la ayuda de especialistas. Estos, al ver que no se podían remover, le dieron un consejo de expertos: "Le sugerimos que aprenda a amarlas".

Tal vez una parte de la paz sea empezar a amar nuestra fragilidad. No para dejar que nos aplaste, sino justamente para hacer del límite algo que no nos destruye, sino un puente para el encuentro con el otro, para sentirnos vulnerables, necesitados de amor y presencia.

Algunos llegan allí, a ese lugar del corazón donde el amor vence al miedo y la paz se hace presente.

"Estoy reconciliado conmigo mismo. Odiarse a uno mismo es más fácil de lo que se cree. La gracia está en olvidarse. Pero si todo el orgullo muriera en nosotros, la gracia de las gracias sería la de amarse humildemente a sí mismo como a cualquiera de los miembros dolientes de Jesucristo". George Bernanos, Diario de un cura rural
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