lunes, agosto 07, 2006

Andar descalzo

Para hombres de pies grandes como los míos, poco adaptables al zapato contemporáneo, la sandalia es un oasis... y andar descalzo la tierra prometida.

Caminar sin nada entre el suelo y uno, dejar que el fresco del piso despierte al cuerpo desde abajo. Si es por el pasto, percibir que las hojas se cuelen entre los dedos. Si es en la arena, sentir como se amoldan los granos al pie. Y quizás, animarse a que el agua se arrime.

De golpe, poner los pies sobre la tierra es algo más concreto de lo que me hubiera imaginado. Y más sanador también.
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