viernes, agosto 18, 2006

Sacramentos: el mate

El mate tiene la particularidad de ser algo sumamente sencillo pero a la vez provisto de una ritualidad profunda. La liturgia de su preparación en esta época de té y café instantáneo es un espacio privilegiado para detenerse y volver a descubrir el tiempo para el encuentro, para saborear las cosas (¡el otro día me enteré que existen cursos de cata de mate!).

Preparar la yerba, ajustar la bombilla, llevar el agua al punto exacto... cada uno tiene sus mañas y sus gustos. Con poca cosa se hace mucho y el mate se vuelve también expresión de uno mismo.

Es un sacramento del encuentro porque la compartida misma va haciendo que uno tenga que detenerse, escuchar al otro, tomarse el tiempo también para contestar. Si uno lo toma solo, ir cebando de a ratos ayuda a frenar la vorágine de la mente.

Sabe estimular pero de a poco, trayendo sabor y despertando despacito, sin apurarse... como para aprender que a las cosas se les toma el gusto con serenidad. Así deja regusto por mucho tiempo. Lo que llega despacio también tarda en irse y así es con el mate.

Para mí es un ritual fundamental, compañero de ratos largos de oración y también de charlas con amigos, de escucha y respuesta rumiada, saboreada lentamente... como un buen mate.
Publicar un comentario