martes, junio 27, 2006

Y todo terminará bien

Releyendo la Revelación del amor divino de Juliana de Norwich, una mística inglesa del Siglo XIV, vuelvo a maravillarme de uno de los pasajes más conocidos de esta espiritual relativamente ignota, al menos para estos parajes argentinos. En un momento de su obra dialoga con Jesús crucificado, y le pregutna por el sentido del pecado. ¿Por qué Dios no frenó de antemano el pecado? Así todo hubiera terminado bien. Y Jesús entonces le contesta:

"Es verdad que el pecado es la causa de todo este dolor, pero todo terminará bien, y todo terminará bien, y todas las cosas terminarán bien". Dijo esto con tanta ternura, sin echarme la culpa a mí o a nadie más...


Al mismo tiempo que leí estas frases por primera vez, recibí una estampa con la imagen del crucifijo que está en el castillo de la familia de S. Francisco Javier. Este crucifijo tiene una particularidad: en él, Jesús sonríe. No puedo evitar pensar que es la sonrisa de saber que, en la Pascua, Dios se ha asegurado que "todo terminará bien". Cuando la angustia me asalta, cuando mi futuro se hace incierto, me repito estas palabras que Juliana pone en boca de Cristo, recuerdo la imagen... y yo también sonrío.


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