sábado, junio 10, 2006

Para la fiesta de la Trinidad


La fiesta de la Trinidad es una de las solemnidades que más me gusta del año, y, lamentablemente, me parece que una de las más descuidadas... los curas más de una vez no saben qué decir, y más de uno se pierde en peroraciones teológicas (como las del prefacio de la fiesta, que es lamentable).
Y sin embargo, ¡acá estamos tocando el corazón de nuestra fe, de nuestra identidad cristiana! Creer que Dios es Trinidad es entender que el hombre está llamado a la comunión, al encuentro, a la donación de sí... porque todas estas cosas son el mismo ser de Dios, del cual somos imagen y semejanza.


Nada puede agotar este misterio. Siempre nos valemos de símbolos (¿quién podría definir el amor?), que son imperfectos pero los necesitamos porque el dinamismo del amor nos lleva siempre a expresarnos (¿quién podría expresar el amor sin gestos y palabras, por más que estos nunca terminan de plasmar lo que sentimos?). Aquí muestro una imagen que me gusta mucho y que se va haciendo más conocida. Surfeando la red descubrí que la hizo una monja alemana dominica llamada Caritas Müller (desconozco si la idea original es de ella). Yo tengo la suerte de verla adornar la capilla del Santísimo del templo de mi parroquia.




En el centro está el hombre. La Trinidad pone al hombre en el centro, enamorada de lo que ha creado... el hombre está herido, medio muerto... pero la misericordia de la Trinidad lo recibe.

A la derecha está el Padre, abrazándolo y besándolo como el padre misericordioso de la parábola (Cf. Lc 15). Toda la humanidad entra en este abrazo tierno.


A la izquierda está el Hijo. Jesús lava los pies y los besa. Las llagas nos muestran que es el Resucitado. Por la Pascua de Jesús sabemos que Dios está de parte del hombre que sufre, y que la Trinidad "ha venido a nuestro valle" para compartir nuestro dolor y llenarlo con su presencia.

Arriba está el Espíritu Santo, paloma y fuego a la vez, a punto de entrar en el corazón del hombre para resucitarlo y darle vida eterna, la vida que sólo Dios puede dar... la vida que es estar en comunión con la Trinidad y con todos los hombres...

Que la Trinidad nos enseñe a vivir "a su estilo", en comunión y diversidad, en misión y unidad permanente y gozosa.
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