viernes, agosto 08, 2008

Tuve la oportunidad de descansar unos días en una quinta tras una semana intensa y fecunda de misión. Tiempo para leer, dormir y rezar a pata suelta...
El centro de la casa (y de esos días para detenerme) fue la chimenea, en torno a la cual pasé largos ratos.
Como el nombre del blog denota, el fuego me fascina, así que aproveché para dedicarme mucho tiempo a contemplarlo, encenderlo y mantenerlo vivo.
Recordaba que de chico, al ayudar a mi papá o mi abuelo a encender la chimenea o el fuego del asado, me fascinaban las llamas, con su vivacidad y su potencia.
En cambio ahora, me detenía en mirar las brasas, percibiendo en ellas, más discretas pero también más intensas y constantes, el secreto del fuego. En su concentrada incandescencia nacía la fuente de calor para toda la casa.

Creo que voy entendiendo que el secreto para permanecer al servicio del fuego no será, la mayoría de las veces, convertirse en llama... sino en esconderse entre las brasas, manteniendo vivo el ardor para que el calor no se pierda y sean muchos los que encuentren fuerza en torno al hogar.
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