martes, julio 15, 2008

Los desiertos

Por tanto, mira, voy a seducirla, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón. Oseas 2, 16

Lugar extraño si los hay, el desierto es al mismo tiempo el espacio de la tentación y del encuentro con Dios. Merton decía que Dios creó al desierto para ser algo valioso en sí mismo. No tiene ninguna utilidad, ninguna practicidad... quizás por eso el hombre que quiere ser él mismo tiene que ir al desierto, a experimentar la mordedura del mal y la seducción de Dios.

No es un lugar romántico el desierto. Es el lugar del amor, que no es lo mismo. Es el espacio de la lucha y la queja, del camino y el silencio. Pero también es donde vivimos la hospitalidad del hermano, donde nos sorprende la vida como un don escondido. Es donde descubrimos lo esencial.

No es fácil irse al desierto, y muchas veces no vamos con ganas, sino "empujados", como el mismo Jesús. Pero no hay que olvidar que quien nos empuja es el Espíritu, y que también ese tiempo de prueba está impregnado de su acción y su presencia. Tal vez allí nos espero esa fuente de vida que nuestra sed está pidiendo.


Publicar un comentario