martes, julio 08, 2008

Acompañar

Una de las historias más bellas de la Biblia es la de Tobías. En ese camino que el joven realiza, aparece un signo de la presencia compañera de Dios, el arcángel Rafael, retratado hasta el hartazgo por cientos de pintores. A Rafael le toca acompañar el camino de Tobías, para que todo se de acuerdo con el plan de Dios.


Esa historia (y esa imagen) es una puerta de entrada excelente para descubrir el amor personalísimo de Dios por cada uno de nosotros, que llama a cada estrella por su nombre y a cada uno da un ángel que lo cuide y acompañe. Pero además, es una invitación a ser, a su vez, acompañante.

Creo que podemos experimentar una cosa y otra de un modo privilegiado en la eucaristía. En ese camino que es la celebración litúrgica, Jesús nos va compartiendo su vida y nos muestra que él está a cada paso del sendero, avivando la esperanza con el fuego de su Palabra. Y a su vez, al reunirnos todos a rezar, a celebrar, nos descubrimos compañeros y caminantes. No vamos solos en la penumbra... hay más presencias amigas de las que uno se imagina. Es cuestión de abrir los ojos de la fe para percibir al Acompañante, al viajero que va con nosotros hasta que lleguemos al hogar.
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