sábado, diciembre 30, 2006

Leyendo a Alejandra Pizarnik

La noche me sorprende re-leyendo a Alejandra... la conocí en uno de mis viajes a la Biblioteca de San Isidro (la conocí de verdad, la tenía nombrada hace rato). ¡Uffff! Leerla es un viaje intenso, desgarrador. Alejandra te duele. Pero es uno de esos dolores que uno quiere tener dentro de sí, como quien guarda con orgullo una cicatriz porque es recuerdo de amor, aunque amor dolido. La recomiendo ampliamente.

LA NOCHE

Poco sé de la noche

pero la noche parece saber de mí,

y más aún, me asiste como si me quisiera,

me cubre la conciencia con sus estrellas.

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.

Tal vez la noche es nada

y las conjeturas sobre ella nada

y los seres que la viven nada.

Tal vez las palabras sean lo único que existe

en el enorme vacío de los siglos

que nos arañan el alma con sus recuerdos.

Pero la noche ha de conocer la miseria

que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.

Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas

Sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

Su lágrima inmensa delira

y grita que algo se fue para siempre.

Alguna vez volveremos a ser.
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