domingo, agosto 26, 2007

Leyendo a Tagore

Sólo un poeta podía lograr que sus versos llegaran tan hondo al alma aún pasando del original al castellano (¡Gracias J. R. Jiménez!). No se me ocurre qué decir de Tagore porque es una poesía tan límpida que agregarle algo simplemente resta. Lean y disfruten.

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Tuya es la luz que salta de la sombra, el bien que mana el corazón partido en la pelea. Tuya la casa que abre la puerta al mundo, y el amor que llama a los campos de batalla. Tuyo es el don que es ganancia cuando todo es pérdida, y la vida que fluye de la caverna de la muerte. Tuyo es el cielo que yace en el barro de cada día; ¡y en él estás para mí, y en él estás para todos!

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Cuando pensé hacer tu imagen con mi vida, para que los hombres la adoraran, yo te di mis cenizas y mis deseos, mis ilusiones, mis sueños de colores. Cuando te pedí que hicieras con mi vida la imagen de tu corazón, para que tú la amaras, tú me diste tu fuego y tu hierro, tu verdad, tu hermosura y tu paz.


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