lunes, agosto 20, 2007

Un amor lúcido

No puede haber amor sin verdad. Pero a la vez, quien se para sólo del lado de la verdad corre el riesgo de perder el abrigo del amor y caer en el escepticismo, la risa cínica o la crítica descarnada (sin carne, sin calidez... sin amor).
Parece necesario que haya un amor lúcido. Una mirada que descubre lo más profundo de la historia, las personas y las cosas, de las instituciones y aquellos que la integran. Así, desde el amor se anima a decir la verdad, pero como quien corrige desde dentro y no critica desde afuera. Sabe además que amor no es ingenuidad ni callar las cosas, sino luz que revela las oscuridades y busca erradicarlas. Pero justamente porque es luz mira más hondo que la oscuridad y descubre la esencia más profunda de las cosas. Por eso el amor lúcido siempre es esperanzado. Porque intuye a Dios obrando aún en el caos y la ambigüedad. Y se anima siempre a seguir esperando.

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