jueves, agosto 18, 2005

¡Gracias Hermano Roger!







Durante la oración vespertina de este último 16 de agosto, el hermano Roger, prior de la comunidad de Taizé, murió asesinado por una mujer mentalmente perturbada.

Roger Schutz fundó una comunidad de hermanos congregada por la palabra de Dios y un deseo ferviente de trabajar por la reconciliación en todas sus dimensiones. Taizé era y es un lugar de encuentro y acogida, donde miles de hombres y mujeres de todas las confesiones cristianas se encontraban; donde jóvenes de todo el mundo podían volcar sus inquietudes; donde cada uno podía beber del manantial de Dios para volver a su vida cotidiana, más reconciliado consigo mismo y comprometido con los demás.

¡Qué increíble que alguien que dedicó su vida a la reconciliación y la paz muera así, víctima del absurdo y la violencia! No podía evitar pensar en la muerte de Gandhi, de Martin Luther King y tantos otros.

Conocí Taizé y al hermano Roger a través de algunos escritos suyos que llegaron a la biblioteca del seminario. Fueron para mí una fuente en la que sigo abrevando. Roger me consoló con sus palabras y me encontré con que sus cartas y reflexiones "me decían", y decían muchas cosas para las que yo estaba buscando un canal de expresión.

Dejo este fragmento de su última carta, que, como todas, lo pinta de pies a cabeza:


Jesucristo ha venido a la tierra no para condenar a nadie, sino para abrir a los humanos caminos de comunión.

Después de dos mil años, Cristo permanece presente por el Espíritu Santo, y su misteriosa presencia se hace concreta en una comunión visible: ella reúne a mujeres, hombres, jóvenes, llamados a avanzar juntos sin separarse los unos de los otros.



Pero he aquí que, a lo largo de su historia, los cristianos han conocido múltiples sacudidas: surgieron separaciones entre aquellos que se referían, sin embargo, al mismo Dios de amor.
Hoy en día resulta urgente restablecer una comunión, no se puede dejar continuamente para más tarde, hasta el final de los tiempos. ¿Haremos todo lo posible para que los cristianos despierten al espíritu de comunión?


Existen cristianos que, sin tardar, viven ya en comunión los unos con los otros allí donde se encuentran, con toda humildad, con toda sencillez.
A través de su propia vida, quisieran hacer a Cristo presente para muchos otros. Saben que la Iglesia no existe para sí misma sino para el mundo, para depositar en él un fermento de paz.
«Comunión» es uno de los más hermosos nombres de la Iglesia: en ella, no puede haber severidades recíprocas, sino solamente limpidez, la bondad del corazón, la compasión… y llegan a abrirse las puertas de la santidad.



En el Evangelio, se nos ofrece descubrir esta realidad asombrosa: Dios no crea ni el miedo ni la inquietud, Dios no puede sino darnos su amor.


Por la presencia de su Espíritu Santo, Dios viene a transfigurar nuestros corazones.
Y en una oración muy sencilla, podemos presentir que nunca estamos solos: el Espíritu Santo sostiene en nosotros una comunión con Dios, no por un instante, sino hasta la vida que no termina.
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