martes, julio 18, 2006

Una historia de los Padres del Desierto


El abad Lot vino a ver al abad José y le dijo: «Padre, me he hecho una pequeña regla según mis fuerzas. Un pequeño ayuno, una pequeña oración, una pequeña meditación y un pequeño descanso. Y me aplico según mis fuerzas a liberarme de mis pensamientos. ¿Qué más debo hacer?».
El anciano se puso en pie, levantó sus manos al cielo y sus dedos se convirtieron en diez lámparas de fuego. Y le dijo:

«Si quieres, puedes convertirte del todo en fuego».


7 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

"Gracias por el fuego"

Anónimo dijo...

nada pequeño púede dar algo grande.
El esfuerzo está en entregarse a lo grande de la fé.

Juan Ignacio dijo...

¿Infierno?

edumangia dijo...

No, al contrario... es una historia que refleja al hombre divinizado, que se vuelve una zarza ardiente, como decía Roger en su comentario. Para el oriente cristiano, la transformación del hombre en Dios lo hace luminoso... como a Jesús en el Tabor

Claudia Landini dijo...

Que lindo Edu!

Anónimo dijo...

El ser humano es ardiente de modo innato aunque muchas veces le cuesta y mucho expresar sus emociones. Gracias por el fuego.

Anónimo dijo...

es-pec-ta-cu-lar...después voy a postear en el mío algo de Dolina, de una charla en la que hablaba de personas luminosas y mencionaba algunos monjes del desierto. Un abrazo en Jesús.