miércoles, febrero 15, 2012

Nuestra herencia está a nuestro alrededor

Un recuerdo patente de mis años de secundario es de mis clases de inglés. En uno de esos típicos libros de texto contemporáneos que intentan hacer canchera la ardua tarea de aprender un idioma, había un recuadro sobre Sir Cristopher Wren. Arquitecto renombrado, fue responsable de la construcción de numerosos edificios emblemáticos de Londres después del gran incendio que asolara la ciudad en 1666. Pero lo que más me llamó la atención sobre este hombre longevo (vivió hasta los 90 años en una época donde la expectativa de vida era bastante más baja que la actual) fue el relato sobre su tumba. Enterrado en la Catedral de Saint Paul, una simple losa negra que después de indicar su nombre y su edad dice "LECTOR SI MONUMENTUM REQUIRIS CIRCUMSPICE", es decir "Lector, si buscas su monumento, mira alrededor tuyo". Me gustó mucho el concepto. El mejor homenaje que este hombre podía recibir estaba ya contenido en su propia obra. No hacía falta agregar nada más. 

La losa de Wren me hizo pensar que a menudo buscamos reconocimiento, "monumentos" de una manera u otra... pero en realidad, lo más gratificante es descubrir que el "premio" está al interior mismo del trabajo que realizamos. No estoy hablando de una actitud estoica que niegue el gusto o el placer de un logro; sino de tener la libertad que permite encontrar la alegría en ese esfuerzo y no en la necesidad de aplausos o medallas. Al final de nuestra vida, nuestra recompensa está en el amor sembrado y en lo que hemos dejado de nosotros mismos al entregarnos a nuestra misión: nuestros lazos, nuestra obra... en ellos vive nuestro espíritu, si hemos aprendido a regalarlo por el camino. Mucho mejor que cualquier estatua o monumento será descubrir nuestro rostro reflejado en aquellos y aquello por lo que hayamos dado el corazón. 
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