martes, septiembre 13, 2011

En torno a este último domingo (XXIV del tiempo ordinario, ciclo A)

Setenta veces siete parece mucho, Jesús. Demasiado.

¿No es dejar que me pasen por arriba? ¿Vivir siempre expuesto a que me lastimen? ¿Cómo entender, y sobre todo, cómo vivir este perdón?

Necesito verte a vos, una vez más, y descubrir tu Palabra y tus gestos hablándome de este perdón.

Y entonces te descubro perdonando antes de que la gente cambie: ofreciendo un perdón gratuito, completo, incondicional. Y veo lo que eso genera en el corazón de las personas.Un paralítico se levanta de su vida congelada en un pasado herido; el llanto lava el rostro de esa mujer que ama tanto, tanto, porque se sabe tan profundamente amada; el cambio de Zaqueo, que se anima a salir al encuentro de los otros y recupera su nombre de hijo amado de Dios.
Escucho una vez más tu parábola del Padre misericordioso, y me doy cuenta que el Padre, tu Padre y el mío, nos espera siempre. Y quiere hacer fiesta cuando nos ve volver. Me doy cuenta que ese perdón es para mí. 

Más aún: veo que vos te jugaste por completo por ese perdón. Que diste la vida para que en algún momento alguien no se dejara llevar por la dureza del corazón y el deseo de revancha.
Un perdón tan fuerte que no sólo lo diste sino que lo pediste para nosotros al Padre. Y al resucitar abriste para todos las puertas de la reconciliación y del encuentro. Nos diste el poder de perdonar.
 
Sé que esto es verdad también para mí. Que me querés dar esa misericordia que me sana y me libera de mi pasado, de sentirme atado a mis errores y pecados. No estoy congelado por mis desaciertos: soy libre para volver a empezar, más cerca tuyo y de los demás.

Por esto, puedo animarme a perdonar. Porque es un regalo que vos me das y un camino que vamos haciendo juntos, día a día. Con la seguridad de que es la única manera de no quedarnos trabados en el pasado y de abrir espacio para que otros puedan volver a nuestro encuentro. Porque es ser libres frente al daño que nos han hecho, es elegir vivir de otra manera. Es vivir de tu amor y tu perdón.

Jesús, te pido que a todos nos ayudes a estar más cerca de tu corazón, para que podamos acercar a todos esa misericordia que renueva los vínculos y los hace más fuertes todavía. 

Enviado desde el Camino

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