domingo, mayo 29, 2011

Preparando el Evangelio del domingo que viene (6° Domingo de Pascua - III)

No digo que sea la versión final, pero...



A quién le puedo preguntar
Qué vine a hacer en este mundo?
Por qué me muevo sin querer,
Por qué no puedo estar inmóvil?
Por qué voy rodando sin ruedas,
Volando sin alas ni plumas,
Y qué me dio por transmigrar

si son de Chile mis huesos?


Pablo Neruda, El libro de las preguntas, XXXI




Todos tenemos anhelo de verdad, de sentido. Queremos tener luz sobre nosotros: ¿hacia dónde vamos? ¿qué va a ser de mí? ¿Dónde está Dios en esto que me está pasando? Le tenemos miedo a las preguntas porque incomodan. Sacan de lo habitual. Despiertan. Sin embargo, cuando algo nos sacude, cuando aparece un cambio, las preguntas surgen. Es lo que les pasa a los discípulos. Jesús se está por ir, y  vienen las preguntas, y el no entender. ¿Qué va a pasar?

Frente a estas preguntas, Jesús nos promete la venida del Espíritu. Un Espíritu “de la Verdad” que nos lleva a un conocimiento más profundo del mundo, del Pecado y del mismo Jesús. Donde el Espíritu llega, trae consigo una capacidad nueva para conocer, para encontrar, por la fe, el sentido real de la historia, las personas, la Iglesia…

Nos hace bien descubrir que nuestras preguntas, nuestras inquietudes más acuciantes, son parte de nuestro camino de fe. Es más, muchas veces son la condición necesaria para dar un salto, porque abren el camino a la búsqueda de verdades más profundas (y acá no hablo de afirmaciones abstractas, sino de los interrogantes que todos tenemos en cuanto a nuestra vida, nuestro amor, nuestras pérdidas y heridas, nuestra misión y nuestro futuro).  En general nadie llega a estas intuiciones y claridades de la noche a la mañana. Brotan de las crisis y lleva su tiempo que la luz que está en el interior de estas oscuridades aflore.
Esta puede ser una buena clave para llegar a Pentecostés: ¿cuáles son mis preguntas hoy? ¿Qué me inquieta, qué me hace sentir en búsqueda, incompleto, en tensión? No hay que tenerle miedo a esa pregunta. Puede ser el espacio abierto donde el Espíritu se manifieste… el caos y la confusión previos a una creación nueva, a una nueva luz donde, desde la experiencia de la pregunta y la búsqueda lleguemos a certezas profundas. De esas que son escasas porque con ellas solas alcanza para seguir caminando y buscando.
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