viernes, mayo 13, 2011

En el último instante

Dicen los que saben de oración que el Señor te visita muchas veces en los últimos cinco minutos. Por eso siempre hay que perseverar en el tiempo que uno se ha propuesto de antemano a pesar de la aridez a veces experimentada. A través de desolaciones y consuelos inesperados Dios nos recuerda que la oración es un don que él nos hace; somos llamados a dejarnos conducir y guiar tanto en ella como en la vida. Por eso ayuda vivir cada tanto esas gracias que llegan "en el minuto cuarenta y cinco", por usar una imagen futbolística. Es una certeza que se afirmó en mi en un retiro que realicé hace pocos meses.



Eran literalmente los últimos instantes de esos días de oración y silencio, ricos en paz, en luchas, en intuiciones y nuevas preguntas. En el lugar donde estaba todos los viernes por la tarde se realiza una adoración a la cruz. El crucifijo, en un estilo entre románico y moderno a la vez, pinta a Jesús crucificado con una oveja en los hombros y debajo de sus brazos la frase de la parábola: "Encontré la oveja que había perdido". 

Cuando la adoración iba llegando a su fin se invitó, como de costumbre allí, a que cada uno se acercara a a la cruz para adorarla en la manera que pareciera más conveniente. Cada uno lo fue haciendo a su modo, reflejando en la sencillez de la postura el estado de su corazón. Al llegar ante la cruz, contento pero sin esperar nada, me arrodillé e incliné mi cabeza contra el costado herido de Jesús. 

Y entonces, me arrebató una paz y un gozo enormes, una alegría de esas que hacen que te duela un poco el corazón porque se derriten tantas durezas y barreras de golpe... y pude sentir con claridad que Jesús me hacía saber lo que me quería decir, y que evidentemente había guardado como un regalo para ese último abrazo: "Te encontré".
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