martes, mayo 24, 2011

Preparando el Evangelio del domingo que viene (6° Domingo de Pascua - II)

Para seguir pensando. El Espíritu aparece acá con el atributo "de la Verdad". Es el que nos permite conocer la verdad con respecto a Jesús y con respecto al mundo, el que revela el pecado y también el juicio. Es interesante ver que este conocimiento de la verdad parece ser algo progresivo. Nos lleva tiempo que el Espíritu nos vaya revelando el sentido de las cosas.

En esto también hay una sabiduría de Jesús: no podemos saberlo todo de una vez ni al mismo tiempo. Vivir la Pascua con Jesús es también aceptar que vamos ingresando de a poco en la luz verdadera de las cosas. Tenemos interrogantes profundos y a veces angustiantes con respecto a nuestra vida: ¿por qué me pasó esto? ¿qué va a ser de mí? Nos cuesta tener luz verdadera sobre nuestra historia, sobre el sentido de ciertas heridas y reveses que tenemos que atravesar. Comprender esto lleva su tiempo.

Rolheiser en "En búsqueda de espiritualidad" nos ayuda a descubrir que podemos vivir nuestros procesos personales en clave pascual, y que justamente hasta llegar a nuestro pentecostés tenemos que antes hacer un camino. Encontrar la verdad sobre las realidades decisivas de nuestras vidas no se da de la noche a la mañana. Necesitamos muchas veces vivir la cruz de nuestras incertidumbres, de renunciar a certezas que a veces nos han acompañado durante mucho tiempo para recibir eso nuevo que viene del Espíritu de Dios. Es importante entonces recordar también que el Espíritu no es simplemente quien nos espera al final del camino para introducirnos en la verdad de lo que estamos buscando sino también el Paráclito, el consuelo, la compañía y fortaleza para atravesar el proceso.

Por eso lo primero es reconocer que estamos anhelantes de esa verdad y que estamos también trabados para salir a buscarla. Porque para que el Espíritu venga, lo que necesita es un espacio de deseo, un lugar de nuestro corazón que necesite que este se manifiesta. Por eso siempre que se le reza al Espíritu el lenguaje es el de la invocación. Se lo llama, y se lo llama además con conciencia profunda de necesidad: ¡Ven! ¿Dónde estamos hoy más luz, más verdad? ¿Y dónde necesitamos una compañía para encarar un proceso de crecimiento? Sobre esas oscuridades invocamos el Espíritu, para que, como al principio de la creación, nos lleve del caos a la luz de un sentido nuevo y más profundo sobre nosotros y nuestras vidas.
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