sábado, enero 24, 2009

La fuente (Crónicas de Catamarca II)

Una de las particularidades que tuvo el viaje fue que no lo hice solo. Mi viejo me llevó hasta allá, dado que no manejo a menudo y menos en la ruta. Y como suele pasar con los viajes, el camino tuvo tanto de experiencia como la meta misma.

Cuanto más pasa al tiempo, más uno se descubre vinculado con su propia historia y más allá de ella a la vez. El paso de los años hace que uno perciba su singularidad que va tomando un contorno más definido. Pero junto con eso se acrecienta la percepción de brotar de algo y alguien más. La conciencia de haber nacido de un amor, frágil pero cierto, limitado pero auténtico, es una de las mayores alegrías que uno puede experimentar. Somos misterio, pero este misterio no es una célula aislada: es una comunión. De los lazos nace y busca generar nuevos encuentros, nuevos vínculos.

Viajar con mi padre me llevó una vez más a esta alegría, al asombro, a redescubrir mis raíces... y en ese asombro, percibir una vez más que todos estamos en camino, padres e hijos... y entre todos nos acompañamos, aprendiendo unos de otros, mientras el horizonte nos convoca.




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