martes, septiembre 11, 2007

Somos fruto de la compasión y la oración de Jesús. Él ha visto el dolor, la soledad y la desorientación... y nosotros podemos ser esa respuesta a su súplica al Padre. ¿No es increíble pensar que nuestro nombre es pronunciado en el secreto del abrazo trinitario?

La gente sigue buscando tocar a Jesús, aferrarse a él, rozar al menos el borde de su manto... queda en nosotros recordar el misterio de esa elección, nuestro nombre secreto, pronunciado por el amor... y dejar que la misericordia siga alcanzando corazones y vidas, transformando historias, liberando ataduras.

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