martes, octubre 03, 2006

Sacramentos: la pregunta

Un interrogante tiene, entre otras virtudes, la de abrir el juego. Es una palabra que apunta explícitamente al diálogo, a que el otro responda, a que se nos comparta el corazón o se nos revele un sentido escondido. Es la posiblidad de que el otro se explique y responda.

Cuando somos nosotros los que recibimos la pregunta, puede ser un camino para el encuentro. También el cariño que un sencillo "¿Cómo estás?" nos puede regalar.

Hay poder en las preguntas. Por eso son temidas. Les tememos porque no sabemos qué puertas abrirán, especialmente si nos preguntamos a nosotros mismos. Paradójicamente, estas son las que más tardan en responderse.

Pero, con lo riesgosas y peligrosas que pueden ser las preguntas (algunos dicen que a Sócrates lo mataron por las preguntas que hacía), no dejan ser fundamentales.

Cuando fui a celebrar la Pascua a una sinagoga junto con mis compañeros de seminario, preguntamos por qué la celebración estaba hecha en forma de diálogo con preguntas. El rabino me respondió: "Porque cuando uno pregunta empieza a ser libre".

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