domingo, marzo 27, 2011

Páginas manchadas

Hace ya más o menos un año un amigo me regaló un cuaderno espectacular para escribir mis notas personales en él (tengo un afecto completamente desordenado a los artículos de librería, como buen nerd que soy).

Al principio lo usaba sólo para ideas especiales y momentos particulares. Con lo cual... no lo usaba prácticamente nunca. El miedo a que se pierda, se ensucie o simplemente se malgaste me hacía dejarlo encajonado en una existencia tan segura como insulsa.

Afortunadamente en un momento me di cuenta que el pobre cuaderno estaba para usarlo y ahora luce orgulloso borronazos, manchones de tinta y hasta alguna que otra miga suelta de un necesario tostado para alimentar el espíritu creativo. Heridas de guerra de una vida más insegura y más real. En el fondo... mi cuaderno soy yo.

¡Somos tan de manual! Nos cuesta mucho zambullirnos en la desprolijidad de la vida, porque las cosas siempre son más perfectas en la caja de cristal de nuestra mente.

Pero cuando nos animamos a dejar nuestra zona de confort, al mismo tiempo que empezamos a sufrir golpes, a ensuciarnos y rasgarnos, también nos abrimos a algo más profundo y más real. Descubrimos zonas inexploradas de nuestro yo y nuestro mundo. Y la vida se hace más vida, porque está más expuesta.

Porque se anima a mancharse, que es la única manera de dejar también al menos dos o tres líneas escritas que valgan la pena.


Enviado desde el Camino
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