jueves, marzo 04, 2010

Buscando caminos

Esta mañana quedó resonando dentro mío un fragmento del oficio de lecturas escrito por San Hilario:

Muchos son los caminos del Señor, aunque él en persona es el camino. Y, refiriéndose a sí mismo, se da a sí mismo el nombre de camino, y nos muestra por qué se da este nombre, cuando dice: Nadie va al Padre sino por mí.
Por lo tanto, hay que buscar y examinar muchos caminos e insistir en muchos de ellos para hallar, por medio de las enseñanzas de muchos, el único camino seguro, el único que nos lleva a la vida eterna. Hallamos, en efecto, varios caminos en la ley, en los profetas, en los evangelios, en los apóstoles, en las distintas obras mandadas; dichosos los que, movidos por el temor de Dios, caminan por ellos.




Me gustó esta imagen de los numerosos caminos. Me hizo pensar en cómo muchas veces, frente a las búsquedas, los repentinos "desvíos" que la vida nos hace tomar, en realidad son parte del único camino, el que sólo reconocemos cuando lo hemos recorrido. Algo de eso encontré en un libro que tuve la suerte de recuperar y releer recientemente, "El Señor es mi Pastor", un comentario al Salmo 23 del Rabino Harold Kushner. Cuando el salmo dice "me guía por el recto sendero por amor de Su Nombre", el Rabino explica que el término significa literalmente "caminos con muchos rodeos que terminan en la dirección correcta". Lo explica de esta manera:

"Tal vez en geometría pura la distancia más corta entre dos puntos sea la línea recta. Pero en la vida la distancia más corta hacia nuestra meta puede ser una ruta indirecta y errática. [...] espero que recordemos agradecer a Dios por habernos guiado por ma' aglei tzedek, caminos tortuosos que finalmente nos conducen a donde se suponía que debíamos llegar. Una vez más, es cuando encontramos que el mundo es desconcertante y frustrante que Dios nos inspira y nos ayuda a hacer de la vida algo más satisfactorio."

Cuando el sendero nos hace desviarnos de lo que nosotros pensábamos que era el camino correcto, tal vez tengamos que darle a Dios el beneficio de la duda y preguntarnos sinceramente qué bendición se esconde en este recodo que tal vez no es el que nosotros hubiéramos tomado, pero tal vez sea el que Dios ha puesto delante nuestro para hacernos crecer.
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