viernes, junio 10, 2011

"Yo hago nuevas todas las cosas"

Esa frase del Apocalipsis es retomada por el P. Raniero Cantalamessa para decir que el Espíritu no hace cosas nuevas sino nuevas todas las cosas. Me gusta ese juego de palabras. Me parece que el juego del Paráclito es, justamente, ser un artesano desde lo humilde, desde el barro de nuestra humanidad tan ambigua y desesperante por momentos. Desde la periferia de los lugares y personas a donde nadie quiere ir, desde las fronteras tan temidas por aquellos que prefieren la seguridad de las normas y los muros. Aparece colándose por las grietas de tantas historias que parecen marchar hacia la nada. Y desde el vacío mismo del lugar de los muertos, donde nadie alaba a Dios, donde no hay lugar para la esperanza ni el amor. Especialmente alli, en esos lugares, en esas personas, en esas historias, sopla el Espíritu para hacer las cosas nuevas. 

Pero si no nos encontramos o estamos cerca de esas realidades, ¿cómo podremos recibir ese soplo nuevo? Sólo por gracia misma del Espíritu. Y tal vez el primer don sea el de salir hacia esos lugares donde nos sentimos inseguros. El viento sólo canta en la intemperie. 


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