martes, setiembre 16, 2008

Explicación de un símbolo: la cruz del Cordero


Algo dije sobre esta cruz hace muy poco. En estos días he meditado sobre su valor y su importancia para mí.

Hace tiempo había visto a un amigo llevar esta cruz pero tengo que reconocer que en ese momento no me llamó demasiado la atención. Pero a lo largo del año pasado, distintos acontecimientos, diferentes situaciones me llevaron a meditar sobre la mansedumbre de Jesús, sobre el despojo y la humildad de su camino. Aún la victoria de Jesús es mansa: la luz de la Pascua es una luz serena, de mañana, como el sol del alba que ilumina sin encandilar.

Entonces la imagen de Jesús Cordero me llegó al corazón con una fuerza desconocida hasta entonces. Jesús es realmente el manso que transforma todas las situaciones desde su amor inerme, desarmado. En medio de un mundo violento, donde tantos pelean por el poder, el secreto de la historia se juega en la entrega humilde y silenciosa de un hombre que da la vida por amor.

Esto necesariamente voltea todas nuestras estructuras y pretensiones, invita a la conversión y a la vez, da un profundo consuelo: nuestro Dios se hace presente de modo silencioso pero real en todas las situaciones de dolor para llenarlas con su presencia y su amor. Desde abajo, desde lejos, desde lo que para otros es despreciable e indigno de consideración, llega la salvación de Dios. Por eso sabemos que no hay situación, por difícil y lejana que sea que Jesús no pueda compartir con nosotros. Sólo el que acepta la mansedumbre y la humildad puede generar ese espacio abierto necesario para amar a los demás.

Para mí esta cruz se ha vuelto un símbolo de camino espiritual y de búsqueda como cristiano y como cura. Estoy cada vez más convencido de la necesidad que tenemos todos de un amor así: manso, misericordioso, tierno... pero a la vez firme y apasionado porque el camino del Cordero es un camino de cruz y compromiso hasta el fin.
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