viernes, julio 22, 2005

No es paranoia si en verdad te persiguen (o ¿por qué a todo el mundo le copan las conspiraciones?)


Los últimos años parecen proliferar en películas que develan la verdadera trama que mueve los oscuros acontecimientos del mundo en una dirección determinada. Casi siempre esta trama está impulsada por un grupo que se mantiene oculto del resto de la ignorante y feliz humanidad.
Hasta que alguien, por revelación, suerte o desventura, descubre las maquinaciones de este grupo (siempre malignas), y arremete contra ellas, perseguido muchas veces por aquellos a quienes intenta salvar, intentando desesperadamente liberarlos de su inconsciencia.
Saquen y pongan algunos elementos y aquí está la trama de una inmensa multitud de películas y libros más o menos recientes que la gente ha puesto en el podio de los best-sellers. ¿Algunos ejemplos? Matrix, Blade, El Código Da Vinci, Estigma, Hombres de Negro, Tomb Raider... y la lista continúa. La cantidad de literatura paranoide que circula tanto en las librerías como en la red denunciando complots y mafias es igual de inagotable.
¿Cuál es la idea? ¿Qué hay detrás de semejante éxito?
Sin ánimo de agotar la respuesta, pensaba en algunas posibilidades que quizás ayudan a entender el interés ligeramente morboso que este tipo de explicaciones de realidad suscita.
Vivimos en un mundo sumamente complejo, fragmentario y "fragmentante" (¡ya estoy poniendo neologismos! Voy camino a ser un teólogo de verdad), que nos hace vivir inseguros, faltos de fundamento y sentido. Saber que hay una inteligencia planeando todas las desgracias, aunque por un lado nos desconsuela, por otro lado, nos da la seguridad que siempre otorga el encontrar un por qué . Es el lado oscuro de lo que un creyente llamaría la divina providencia, quizás similar al genio maligno de Descartes.
Por otro lado, este sentido oculto no parece ser para todos, sino que sólo un selecto grupo está en posesión de él. Y a la seguridad del sentido, le agregamos la del "ser parte". O, dicho en criollo, "ser de los que tienen la papa". No es nada nuevo, los gnósticos vendían, con un sentido fuerte de marketing religioso, esta misma idea en la Antigüedad: conocimiento para unos pocos... que salva.
Ese sería el elemento definitivo: los que se salvan también, en general, este grupo selecto. Así, se reduce el mundo a una enorme arena donde la mayoría permanece ajena al conflicto que define la historia: la lucha de buenos contra malos. Habría que ver qué hacen los buenos si ganan.
Quizás, resulta más exasperante de esta mentalidad paranoide es el hecho de que es completamente compacta sin fisuras. No admite críticas, sino que se retroalimenta permanentemente. ganando en certezas. Siempre podrá poner al cuestionador del lado del enemigo.
En el fondo, me parece que la paranoia viene de una exacerbación de la razón, necesitada siempre de una causa, un motivo, un hueso más que le afile los dientes para morder el mundo. Por eso el perseguido siempre posee una lógica demoledora.
Para un creyente, la mirada sobre los acontecimientos nunca es ingenua. Sabemos que hay mal en el mundo, y que este puede llegar a tomar dimensiones estructurales en las culturas y las instituciones, tanto como en el corazón de las personas. Pero, desde el corazón, confiamos en un Dios que acompaña la historia desde adentro, dando a los hombres la capacidad de transfigurar aún los peores males y hacerlos fuente de esperanza.
Quizás haya un plan maligno para dominar a todos, o una "evil mastermind", como gustan de decir los cómics. Pero no es el primer plan. Ni el mejor.
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