lunes, diciembre 12, 2011

Cuando un camino se cierra

Hace unos meses un proyecto que venía gestando y esperando se vino abajo sin aviso. En su lugar se presentó otra posibilidad a perseguir, distinta de la que yo quería. No voy a negar que refunfuñé bastante. Al poco tiempo me junté a charlar con un sacerdote amigo. El cura escuchó mis cuitas con atención y empatía y una vez que había terminado me dijo: "Bueno Edu, será cuestión de empezar a amar ahora este proyecto nuevo que surgió... porque es el único que existe". Aplastante, pero cierto. 

Es muy difícil aceptar que algunos sueños se rompen y en su lugar se nos presenta un camino que no fue elegido ni buscado. Podemos protestar todo lo que queramos; pero el problema es que el que patalea se mueve mucho... en un mismo lugar, sin poder ir hacia delante. Tenemos derecho a hacer nuestro duelo. Pero después llega la hora de levantarnos, limpiarnos el polvo de la caída y empezar a andar una vez más. 

Esos momentos en que se pincha la burbuja de nuestras expectativas pueden tener verdaderas gracias escondidas. Puede que no sean lo que hubiéramos querido; pero hasta que se pueda hacer germinar semillas en el aire tendremos que aprender a sembrar en la tierra que pisamos. La única que se nos da.

¿Y quién sabe? Tal vez nos sorprendamos. El salmo 37 dice:


 Confía en el SEÑOR, y haz el bien; 

habita en la tierra, y cultiva la fidelidad. 
Pon tu delicia en el SEÑOR, 
y El te dará las peticiones de tu corazón. 
Encomienda al SEÑOR tu camino, 
confía en El, que El actuará; 

hará resplandecer tu justicia como la luz, 

y tu derecho como el mediodía. 

Confía callado en el SEÑOR y espérale con paciencia; 
no te irrites a causa del que prospera en su camino, 
por el hombre que lleva a cabo sus intrigas. 
Deja la ira y abandona el furor; 
no te irrites, sólo harías lo malo. 


Es verdad que el camino que está delante no es el que esperábamos... Y seguramente por eso en parte nos enojamos. Un proyecto frustrado nos pone delante de la certeza de nuestra finitud, del escaso (o nulo) control que tenemos sobre nuestra vida. Nos cachetea y reubica. A partir de ahora, todo es sorpresa. No hay mapas ni agendas. Sólo sendero abierto. Será cuestión de ir por él cantando como los hobbits en El Señor de los Anillos:

The Road goes ever on and on
Down from the door where it began.
Now far ahead the Road has gone,
And I must follow, if I can,
Pursuing it with eager feet,
Until it joins some larger way
Where many paths and errands meet.
And whither then? I cannot say.

Still round the corner there may wait
A new road or a secret gate,
And though we pass them by today,
Tomorrow we may come this way
And take the hidden paths that run
Towards the Moon or to the Sun.
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