viernes, octubre 28, 2005

Otros poemas

Como últimamente me encontré con bloggers que están muy enganchados con la poesía, mientras voy elaborando un nuevo "elogio" (se viene Miguel Hernández, o Juan Gelman... o alguien), quería poner tres: uno sobre el amor, otro sobre la vida y otro sobre la muerte. El primero es "Oración" de Jorge Olmos. Es una plegaria a la amada. En el fondo, toda experiencia de amor es una experiencia de misterio, puede ser un encuentro místico, un desborde que nos supera, al descubrir la íntima unión y a la vez la máxima diferencia con el otro. Y el lenguaje de la pasión toma prestado el ropaje de la plegaria. El otro es una "Elegía" de Miguel Hernández a su amigo muerto. El último, un poema sobre un nuevo hijo de Juan Gelman. ¡Que les aproveche!

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Oración

He aquí que vengo
en secreto pronuncio tu nombre.
De tu boca el zumo de la vida
agua dulce, miel en mis labios.
Anda, recita sin demora la oración
que arranque de la inmundicia nuestros cuerpos
los hunda en la luz del día
en la tela de la noche los recame.
Muéstrame la fe, la desnudez en el amor
dime cómo deshago este nudo cómo
desencajo el tiempo y te hurto.
Quiero pertenecer a tu misterio
y aún estoy aquí
pronunciando en secreto tu nombre.
Jorge Olmos

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Elegía

En Orihuela, su pueblo y el mío,
se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera;
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y en tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata le requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Miguel Hernández

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Tal vez el mundo cabe en la cocina
donde hablamos del hijo.
El futuro es un rostro, un dulce nombre,
una sangre en camino a este camino.

Amor se dice de un extraño modo:
cuna, pañal, la bata.
Estas cosas comunes.
Esas palabras blancas.

El amor ha crecido.
La primavera canta en mi pañuelo.

Juan Gelman
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