martes, junio 28, 2011

Meditación en torno a la fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor

Jesús dijo a los judíos:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. 
El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.» Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»

Jesús les respondió: 
«Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, 
no tendrán Vida en ustedes. 
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, 
y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. 
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, 
de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. 
El que coma de este pan vivirá eternamente.»

Jesús, estamos acá, delante de vos, para darte gracias una vez más por quedarte en medio nuestro. Tenemos hambre y sed: de vida, de amor, de verdad, de felicidad, de paz y de sentido para nuestras vidas. Buscamos y buscamos algo o alguien que nos sacie… ¡y tantas veces nos sentimos hartos de todo y llenos de nada! Por eso, hoy queremos volver a reconocer que sólo vos podés darnos eso que nuestro corazón desea tan ardientemente. Eso que buscamos a tientas a través de mil caminos y decisiones. Una vida más rica, más plena, más profunda y real. Vos sos el único que puede ofrecernos esa vida verdadera, vida que brota del amor del Padre, del don del Espíritu, de estar junto a vos y en vos. Cada vez que estamos cerca de vos, estamos cerca de la vida, la vida abundante que prometiste para todos. Creemos que en la Eucaristía te quedaste para que allí recibamos ese amor que sacia, sana y serena. Que en esa mesa sencilla y humilde, donde todos tenemos un lugar, podemos recibir el alimento necesario para cada día. El amor fiel y constante de nuestro Señor, muerto y resucitado para que nosotros no tengamos que vivir más en la muerte y la oscuridad. Al contemplarte presente en el Pan, tan simple y tan nuestro, te sabemos cercano y servicial. Por eso hoy queremos adorarte, para que podamos dejar espacio a tu amor en nuestro corazón, y así, vos puedas echar raíces profundas en nuestra vida. Para que se afiance en nosotros la certeza de que vos tenés Palabras de Vida eterna para todos, y alimento verdadero para nuestra hambre de algo distinto a tantas cosas que hoy nos dejan entristecidos y frustrados. Jesús, Pan de Vida, Bebida de Salvación, no dejes nunca de amarnos y acompañarnos.

martes, junio 14, 2011

Un nuevo proyecto

Vale la pena difundir un esfuerzo por una comunicación original y positiva. 




A todos los que se pregunten cómo hacer para esparcir un mensaje diferente, los invito a que pasen por la página de Proyecto Calco. Creo que es el inicio de algo espectacular. Pueden encontrarlos también en Facebook. ¡No dejen de visitarlos!

viernes, junio 10, 2011

"Yo hago nuevas todas las cosas"

Esa frase del Apocalipsis es retomada por el P. Raniero Cantalamessa para decir que el Espíritu no hace cosas nuevas sino nuevas todas las cosas. Me gusta ese juego de palabras. Me parece que el juego del Paráclito es, justamente, ser un artesano desde lo humilde, desde el barro de nuestra humanidad tan ambigua y desesperante por momentos. Desde la periferia de los lugares y personas a donde nadie quiere ir, desde las fronteras tan temidas por aquellos que prefieren la seguridad de las normas y los muros. Aparece colándose por las grietas de tantas historias que parecen marchar hacia la nada. Y desde el vacío mismo del lugar de los muertos, donde nadie alaba a Dios, donde no hay lugar para la esperanza ni el amor. Especialmente alli, en esos lugares, en esas personas, en esas historias, sopla el Espíritu para hacer las cosas nuevas. 

Pero si no nos encontramos o estamos cerca de esas realidades, ¿cómo podremos recibir ese soplo nuevo? Sólo por gracia misma del Espíritu. Y tal vez el primer don sea el de salir hacia esos lugares donde nos sentimos inseguros. El viento sólo canta en la intemperie. 


Preparando el Evangelio del domingo que viene (Pentecostés - I)

¿Qué le pido al Espíritu? Un rayo de luz. Apenas eso. Hay muchísimo en la liturgia de hoy, pero sólo quisiera quedarme con un destello, algo sobre lo cual podamos dar vueltas y seguir meditando ¿Qué rayo de luz le pedimos esta vez? ¡Son tantos los que brillan en Pentecostés! Me gustaría que nos quedemos con la novedad, con esta renovación profunda que Jesús obra en nosotros en este día a través de su Espíritu. Dice el Evangelio que el Señor sopló sobre los discípulos. Es un gesto creador, que anticipaba aquel primero soplo del Padre sobre el barro que sería el hombre. Esta naciendo algo nuevo de la Pascua en este instante de encuentro entre Jesús y sus amigos.

Jesús quiere hacer con nosotros algo nuevo a través del Espíritu de la Novedad. Frente al cansancio del mundo por el pecado, frente al agotamiento de la Iglesia, el Espíritu trae consigo la permanente novedad, que es la presencia de la Pascua en el aquí y ahora de los discípulos. ¿No está la Pascua en el pasado? Sin embargo, ella es la novedad permanente, porque el amor es siempre nuevo y renovador, por eso siempre sorprende. Es el que corta la repetición incesante de la violencia y el poder, el que da vuelta la historia. Por eso en realidad la Pascua siempre es futuro. La presencia del mundo venidero en la carne concreta de nuestro aquí y ahora.


jueves, junio 02, 2011

Una ausencia salvadora (Ascensión del Señor - I)

Hablando con un amigo cura empezamos a dar vueltas en torno a la fiesta de la Ascensión. Aparecieron algunas ideas:

- Una ausencia que hace crecer: La fiesta de la Ascensión parece tener una dimensión paradójica. ¿Celebramos una ausencia? ¿Nos alegramos por la partida del Señor? En realidad no es así, sino que damos gracias porque en este misterio hay una invitación a la esperanza: Jesús ya está en el cielo y abre el camino para todos. Pero en esta misma ausencia hay una gracia.

 - Los discípulos tienen que seguir caminando, abiertos a la promesa del Espíritu que va a traer una fe nueva, más interior, una presencia de Jesús menos palpable y al mismo tiempo más profunda. Pero para eso tienen que dejar ir la etapa anterior, aceptar el fin de un ciclo en su relación con Jesús y el inicio de una etapa nueva. Mirar al cielo no sirve de nada. 
- Esto va de la mano con el inicio del testimonio y la misión, que se viven amparados por esa presencia nueva de Jesús que al mismo tiempo impulsa a la madurez. Empieza una etapa de mayor compromiso. A partir de ahora la presencia "física" de Jesús está dada por la comunidad. ¿Cómo vivimos nuestros cierres de etapas? ¿Sabemos dar gracias y dejar partir una etapa, una responsabilidad, una persona, un lugar? 
- Podemos tomar este misterio de ausencia en clave salvífica. Parece mentira, pero no estar también puede ser un gesto de amor. Dar el espacio para que otros crezcan, confiando en que lo sembrado en ellos va a dar sus frutos. Jesús confía en esto y en la obra del Espíritu, que irá interiorizando la Palabra y la Vida de Jesús en los corazones de los discípulos. Jesús sabe que si se va, viene el Espíritu. 
- Si Dios sabe correrse y hacer espacio a otros, tal vez podamos aprender de esto. Amar también es saber irse y dejar que los demás crezcan. La realidad es que llega un momento en el que lo mejor que podemos hacer por los otros... es dejarlos. La muerte es la constatación más fuerte de esta realidad, pero la vida nos pone delante de pequeñas Pascuas que nos pueden servir para aprender esta, una de las lecciones más duras y necesarias del amor. No para abandonarlos (Jesús prometió el domingo pasado no dejarnos huérfanos), sino para abrirnos a un vivencia del vínculo diferente, que se sabe resistente a la ausencia porque está enraizado en el corazón del otro.

martes, mayo 31, 2011

De cimientos y andamios

Una distinción muy importante a la hora de hacer nuestro camino espiritual es que no hay itinerario verdadero sin disciplina, es decir, sin una serie de hábitos que nos ayuden a crecer en libertad interior. Una vida de oración constante; un espacio de pertenencia comunitario y fraterno; algún tipo de servicio a los demás y un trabajo sincero por el autoconocimiento y la integración-superación personal en el plano de lo afectivo y moral son dimensiones insoslayables de cualquier recorrido hacia la plenitud. La palabra disciplina hoy no goza de buena prensa, pero quizás sea porque no logramos distinguirla de la estructura. No es lo mismo una persona disciplinada que una estructurada. 

La disciplina nos exige, pero tiene sentido de la gradualidad y del contexto. Brota del interior y lleva a su vez a una vida "interiorizada", que por eso mismo se hace más espontánea y con el tiempo más sencilla. Por eso mismo la disciplina engendra libertad. Encauza energías y potencia capacidades. Necesita un marco, costumbres y ritos, pero estos están al servicio de quien los realiza, y así deben entenderse. Por eso la disciplina subsiste a lo largo de la vida y se convierte en una parte del corazón.
La estructura, por el contrario, se impone desde fuera y la persona tiene que adaptarse a ella a costa de sí misma. Está construida por ideales que se deben alcanzar a cualquier precio, y en general no se preocupa por el proceso interno de quienes las aceptan para sus vidas. Se trata de asimilar su propuesta sin una verdadera apropiación personal. Por eso mismo en general frente a los cambios y las crisis se viene abajo. No hay un núcleo íntimo que la sostenga.

Una buena manera para entender esta distinción (hasta ahora bastante teórica) es la que existe entre los cimientos y los andamios. Un cimiento sostiene por debajo, de manera invisible pero fundamental. Es el sustrato imprescindible para cualquier construcción sólida. 

Por el contrario, un andamio es algo que sostiene desde fuera algo que por sí solo se vendría abajo. Pero no fortalece el interior. Simplemente aguanta y protege de un exterior que de todas maneras puede derrumbar todo con un descuido.

Frente a una realidad tan compleja como la de hoy, muchas personas hoy manifiestan una sed de espiritualidad sincera y profunda. Uno de los desafíos, sin embargo, es que para muchos esa sed está teñida de un anhelo por una estructura protectora de este mundo tan desbordante. No es fácil sostenerse en la perplejidad. Muchos optan, entonces, por caminos espirituales que resuelvan todo sin matices ni procesos. Si bien es cierto que todo inicio adolece de una cierta rigidez, el problema es cuando ésta no es un momento del viaje sino el hilo conductor de este camino. Esto se manifiesta en la inquietud frente a las preguntas, la dificultad para dialogar, el miedo a las personas y la obsesión con las normas y el cumplimiento, entre otras cosas. 

Parece mentira, pero a despecho de tantos que profetizaban el fin de la religión, el inicio del nuevo milenio nos pone delante de los nuevos fundamentalismos, tanto en los nuevos movimientos espirituales como al interior de las grandes religiones tradicionales.

El riesgo es irse para el otro lado y negar la necesidad de marcos, hábitos y normas. Pero si estos se viven al interior de un proceso (con todo lo que esto implica: darle primacía a la persona, interioridad, autenticidad existencial, matices, etc.), entonces podemos hablar de una disciplina liberadora. Y de creyentes que construyen sobre cimientos sólidos.


domingo, mayo 29, 2011

Preparando el Evangelio del domingo que viene (6° Domingo de Pascua - III)

No digo que sea la versión final, pero...



A quién le puedo preguntar
Qué vine a hacer en este mundo?
Por qué me muevo sin querer,
Por qué no puedo estar inmóvil?
Por qué voy rodando sin ruedas,
Volando sin alas ni plumas,
Y qué me dio por transmigrar

si son de Chile mis huesos?


Pablo Neruda, El libro de las preguntas, XXXI




Todos tenemos anhelo de verdad, de sentido. Queremos tener luz sobre nosotros: ¿hacia dónde vamos? ¿qué va a ser de mí? ¿Dónde está Dios en esto que me está pasando? Le tenemos miedo a las preguntas porque incomodan. Sacan de lo habitual. Despiertan. Sin embargo, cuando algo nos sacude, cuando aparece un cambio, las preguntas surgen. Es lo que les pasa a los discípulos. Jesús se está por ir, y  vienen las preguntas, y el no entender. ¿Qué va a pasar?

Frente a estas preguntas, Jesús nos promete la venida del Espíritu. Un Espíritu “de la Verdad” que nos lleva a un conocimiento más profundo del mundo, del Pecado y del mismo Jesús. Donde el Espíritu llega, trae consigo una capacidad nueva para conocer, para encontrar, por la fe, el sentido real de la historia, las personas, la Iglesia…

Nos hace bien descubrir que nuestras preguntas, nuestras inquietudes más acuciantes, son parte de nuestro camino de fe. Es más, muchas veces son la condición necesaria para dar un salto, porque abren el camino a la búsqueda de verdades más profundas (y acá no hablo de afirmaciones abstractas, sino de los interrogantes que todos tenemos en cuanto a nuestra vida, nuestro amor, nuestras pérdidas y heridas, nuestra misión y nuestro futuro).  En general nadie llega a estas intuiciones y claridades de la noche a la mañana. Brotan de las crisis y lleva su tiempo que la luz que está en el interior de estas oscuridades aflore.
Esta puede ser una buena clave para llegar a Pentecostés: ¿cuáles son mis preguntas hoy? ¿Qué me inquieta, qué me hace sentir en búsqueda, incompleto, en tensión? No hay que tenerle miedo a esa pregunta. Puede ser el espacio abierto donde el Espíritu se manifieste… el caos y la confusión previos a una creación nueva, a una nueva luz donde, desde la experiencia de la pregunta y la búsqueda lleguemos a certezas profundas. De esas que son escasas porque con ellas solas alcanza para seguir caminando y buscando.

martes, mayo 24, 2011

Preparando el Evangelio del domingo que viene (6° Domingo de Pascua - II)

Para seguir pensando. El Espíritu aparece acá con el atributo "de la Verdad". Es el que nos permite conocer la verdad con respecto a Jesús y con respecto al mundo, el que revela el pecado y también el juicio. Es interesante ver que este conocimiento de la verdad parece ser algo progresivo. Nos lleva tiempo que el Espíritu nos vaya revelando el sentido de las cosas.

En esto también hay una sabiduría de Jesús: no podemos saberlo todo de una vez ni al mismo tiempo. Vivir la Pascua con Jesús es también aceptar que vamos ingresando de a poco en la luz verdadera de las cosas. Tenemos interrogantes profundos y a veces angustiantes con respecto a nuestra vida: ¿por qué me pasó esto? ¿qué va a ser de mí? Nos cuesta tener luz verdadera sobre nuestra historia, sobre el sentido de ciertas heridas y reveses que tenemos que atravesar. Comprender esto lleva su tiempo.

Rolheiser en "En búsqueda de espiritualidad" nos ayuda a descubrir que podemos vivir nuestros procesos personales en clave pascual, y que justamente hasta llegar a nuestro pentecostés tenemos que antes hacer un camino. Encontrar la verdad sobre las realidades decisivas de nuestras vidas no se da de la noche a la mañana. Necesitamos muchas veces vivir la cruz de nuestras incertidumbres, de renunciar a certezas que a veces nos han acompañado durante mucho tiempo para recibir eso nuevo que viene del Espíritu de Dios. Es importante entonces recordar también que el Espíritu no es simplemente quien nos espera al final del camino para introducirnos en la verdad de lo que estamos buscando sino también el Paráclito, el consuelo, la compañía y fortaleza para atravesar el proceso.

Por eso lo primero es reconocer que estamos anhelantes de esa verdad y que estamos también trabados para salir a buscarla. Porque para que el Espíritu venga, lo que necesita es un espacio de deseo, un lugar de nuestro corazón que necesite que este se manifiesta. Por eso siempre que se le reza al Espíritu el lenguaje es el de la invocación. Se lo llama, y se lo llama además con conciencia profunda de necesidad: ¡Ven! ¿Dónde estamos hoy más luz, más verdad? ¿Y dónde necesitamos una compañía para encarar un proceso de crecimiento? Sobre esas oscuridades invocamos el Espíritu, para que, como al principio de la creación, nos lleve del caos a la luz de un sentido nuevo y más profundo sobre nosotros y nuestras vidas.

lunes, mayo 23, 2011

Preparando el Evangelio del domingo que viene (6° Domingo de Pascua - I)

Un cura amigo me dijo de ir escribiendo cosas para adelantarnos en la preparación de la prédica dominical. Mando por acá lo primero que se me ocurrió con respecto a este domingo. ¡Veremos qué sigue suscitando la Palabra de lo largo de la semana!

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.»


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Vamos acercándonos a la plenitud de la Pascua. No es que la Pascua llega a su fin, sino a su cumplimiento. ¿Qué va a pasar con tanto recibido en este tiempo? Tiene que hacerse más profundo, más real, más encarnado en nuestro corazón. 

Esta era la inquietud de los discípulos. Jesús se va, no va a estar más físicamente presente. ¿Y entonces? ¿Vivimos de recuerdos y de ausencias? Al contrario. Jesús no nos deja huérfanos. Promete una presencia nueva, un nuevo don: el Paráclito, que podemos traducir como “el abogado”, pero más apropiadamente como “el que está a nuestro lado”. 

¿Qué viene a hacer el Espíritu? El Espíritu viene para hacer interior la presencia de Jesús en nuestros corazones, a hacerla más encarnada y real todavía que antes. Puede parecer un concepto raro, pero en realidad, es una ley de la vida que cuanto más profundo es el amor, más interior se hace y en ese sentido necesita menos de la presencia física. El Espíritu quiere llevarnos a esa madurez del amor, a que el vínculo con Jesús se haga más hondo. 

Esto se expresa en una visión: “ustedes me verán”. Ver a Jesús es uno de los dones que el Espíritu nos otorga. Este es uno de los rasgos principales de la madurez en la fe: la de poder verlo a Jesús en las personas, los acontecimientos, en uno mismo. 

Es ser “místicos de ojos abiertos”, como expresa tan bien en su libro “Ver o Perecer” Benjamín González Buelta. 

“¿Está Dios vivo? ¿Tiene Dios algo que hacer en este mundo? ¿Le falta a Dios la imaginación para crear nuevas posibilidades, la sabiduría para abrirse paso a través de la “puerta pequeña” y el “callejón estrecho” de tantas vidas honestas que en todas partes lo buscan de todo corazón? […] Necesitamos crear una sensibilidad nueva para poder percibir cómo Dios llega hoy hasta nosotros en la discreción de los brotes incontables que crecen por todas partes y anuncian el futuro [ ] No se trata sólo de creer en Dios, sino de ver cómo trabaja, de saborear el gusto de esforzarnos juntamente con él por el futuro más humano que él alienta, de abrazar lo nuevo que llega desde él, de besarlo con unción en las sonrisas y también en los cruces de tantos hijos e hijas suyos"

Una apostilla al Evangelio de este domingo

Dándole vueltas al Evangelio de este domingo recordé un episodio de mi último año en el seminario. 
Durante los fines de semana iba a una parroquia en Virreyes, San Pablo y me dedicaba sobre todo a acompañar la vida de la capilla San Roque, ubicada en el barrio del mismo nombre. Era una comunidad integrada en su mayoría por paraguayos que habían llegado acá como tantos otros buscando probar suerte. 

Un domingo a la mañana, después de la misa, me fui a visitar a Mirta, una chica apenas un poco más grande que yo con tres hijos que participaba de la catequesis de primera comunión. Vivía en una de las casillas más pequeñas del barrio. Compartíamos una gaseosa y un vaso entre los cuatro mientras charlábamos de la catequesis y de la vida en el barrio y en Paraguay. 

En eso, pasó por la puerta una chica que saludó a Mirta y siguió su camino. Le pregunté quién era y me dijo: 

- ¡Ah! Es una amiga, estuvo viviendo acá hasta la semana pasada.

Me asombré mucho, por supuesto, y le pregunté:

- ¿Acá en tu casa? ¿Y cómo hicieron?

- Y, nos acomodamos. ¿Sabe qué pasa, padre? Cuando yo llegué acá, no tenía nada ni a nadie. Estaba sola con mis tres chicos. Y Margarita me recibió en su casa hasta que yo me pude acomodar.

Margarita era una señora del barrio con diez hijos y muy presente en el barrio y la capilla. No pude dejar de conmoverme. Mirta continuó:

- Ella me hizo un lugar. ¿Cómo no iba a hacer lo mismo yo?

sábado, mayo 21, 2011

Un lugar en el mundo (Sobre el 5° Domingo de Pascua)

Pensando en el Evangelio de este domingo, me quedé sobre todo con esta parte:

"En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes."

Una de las certezas que más llenan el alma es la de tener un lugar. Un lugar al que podamos llamar nuestro espacio, nuestro rincón. Donde nos sintamos seguros, reconocidos, esperados y amados. Si tenemos suerte, se nos van varios de estos rincones dando a lo largo de nuestro camino (yo tengo muy presentes los míos).

Pero en realidad lo que esos lugares representan es el espacio que otras personas hacen para nosotros en su corazón. Saber que otros nos dejan entrar en su intimidad y nos permiten estar a gusto en su vida y a su vez que nosotros les compartamos la nuestra. Ser alguien en el corazón de alguien. 

¿Cómo no conmoverse, entonces, cuando es Jesús quien nos dice que tenemos un lugar asegurado en la casa del Padre (es decir, en su amor, en la comunión de la Trinidad)? Y más cuando ese lugar no es simplemente ofrecido sino preparado y además al cual somos acompañados por él. No sé si podemos llegar solos al Padre. Creo que es imposible si él no nos lleva. Él es el Camino. 

Por eso todo cristiano sabe que, aun cuando esté y se sienta profundamente solo, aún en la hora de abandono más dura, siempre tiene un lugar en Dios. Siempre está en el Padre, así como el Padre habita en él. Tenemos un lugar donde se nos llama por nuestro nombre y se nos aguarda con amor infinito.

Esto no deja de ser a la vez un enorme desafío para reproducir en nuestra vida. ¿Podemos ofrecer algo así a quienes tenemos cerca? ¿Dejar que caigan las barreras que tantas veces el espíritu de competición, de individualismo y aislamiento crea dentro de nosotros? Ser personas con un enorme espacio interno, donde los demás puedan encontrar el refugio y la compasión que necesitan. No hace falta tener mucho. Es más, creo que tener demasiado puede hacer que quienes se acercan se sientan incómodos. Cuanto menos, mejor, para que puedan entrar más personas. Hay una canción de Pedro Guerra que me hace pensar en ese tipo de personas, tan imprescindibles, y me lleva a desear que haya más de ellas:


Aquí hace menos frío
que en la calle,
hay leña para un fuego,
no mucha pero, bueno,
un poco de calor
no viene mal.

Aquí hay una canción
que nos descansa,
un hueco para el alma,
sentirse como en casa,
un alto en el camino
nada más.

Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
y no se descubre nada, nada de las cosas
que ha escuchado y desespera.
Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero se abraza a lo que tiene
y se levanta con la fuerza que le queda.
Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero no tiene más canción
que la que sabe y la cantó
y si no la sabe tararea.

Aquí hace menos frío
que en la calle,
los labios para un beso,
oídos para un sueño,
la brisa que precisa
tu dolor.

Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
y no se descubre nada, nada de las cosas
que ha escuchado y desespera.
Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero se abraza a lo que tiene
y se levanta con la fuerza que le queda.
Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero no tiene más canción
que la que sabe y la cantó
y si no la sabe tararea.
Pasa, entra
no importa lo que fue porque será
lo que será y alguna forma encontrarás
para pasar por esa puerta.
pasa, entra
después de algún traspiés algún color
dibujará lo que hace falta
para estar de nuevo en pie
y no perder fuerza.
Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero no tiene más canción
que la que sabe y la cantó
y si no la sabe tararea.

viernes, mayo 13, 2011

En el último instante

Dicen los que saben de oración que el Señor te visita muchas veces en los últimos cinco minutos. Por eso siempre hay que perseverar en el tiempo que uno se ha propuesto de antemano a pesar de la aridez a veces experimentada. A través de desolaciones y consuelos inesperados Dios nos recuerda que la oración es un don que él nos hace; somos llamados a dejarnos conducir y guiar tanto en ella como en la vida. Por eso ayuda vivir cada tanto esas gracias que llegan "en el minuto cuarenta y cinco", por usar una imagen futbolística. Es una certeza que se afirmó en mi en un retiro que realicé hace pocos meses.



Eran literalmente los últimos instantes de esos días de oración y silencio, ricos en paz, en luchas, en intuiciones y nuevas preguntas. En el lugar donde estaba todos los viernes por la tarde se realiza una adoración a la cruz. El crucifijo, en un estilo entre románico y moderno a la vez, pinta a Jesús crucificado con una oveja en los hombros y debajo de sus brazos la frase de la parábola: "Encontré la oveja que había perdido". 

Cuando la adoración iba llegando a su fin se invitó, como de costumbre allí, a que cada uno se acercara a a la cruz para adorarla en la manera que pareciera más conveniente. Cada uno lo fue haciendo a su modo, reflejando en la sencillez de la postura el estado de su corazón. Al llegar ante la cruz, contento pero sin esperar nada, me arrodillé e incliné mi cabeza contra el costado herido de Jesús. 

Y entonces, me arrebató una paz y un gozo enormes, una alegría de esas que hacen que te duela un poco el corazón porque se derriten tantas durezas y barreras de golpe... y pude sentir con claridad que Jesús me hacía saber lo que me quería decir, y que evidentemente había guardado como un regalo para ese último abrazo: "Te encontré".

jueves, mayo 12, 2011

La hora de la luz

A veces pienso que estoy en este mundo sólo para un instante. Para dar la palabra precisa, el gesto necesario, el amor indispensable en un momento que toque (o roce apenas) una vida y permita que la música del universo continúe. El truco es que yo no sé cuál es ese instante. Si puedo vivir cada uno de ellos con la certeza de que en alguno está la oportunidad de tener ese chispazo de gloria... entonces hasta el segundo más insignificante se vuelve la promesa de algo grande.

martes, mayo 10, 2011

Sobre el camino de Emaús

Aquel día, el primero de la semana, 
dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo 
llamado Emaús, 
situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. 
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.

Así vamos todos por la vida, caminando y discutiendo, con la vista nublada por el peso de lo cotidiano. Y al lado nuestro hay alguien caminando. Una Presencia intuida pero no reconocida. 

El camino de Emaús es un relato que sintetiza de manera perfecta el encuentro con Jesús resucitado, la manera que él tiene de acercarse a cada uno de nosotros respetando nuestros tiempos, nuestro andar. No se impone ni avasalla: al contrario, da lugar para que uno pueda volcar lo que pesa en el corazón, para que suelte toda su historia desesperanzada (“nosotros esperábamos... pero...”). 

El sinsentido de la vida es recibido por Jesús, y sólo entonces comienza a hablar. Las cosas tienen un sentido, tienen un plan. Aún cuando nosotros no podamos terminar de percibirlo, hay un designio, un hilo de oro que recorre la Historia del cual nosotros también somos parte. No vamos hacia la nada ni estamos sometidos al azar. Somos cuidados por el amor de un Padre que a través de su gracia nos saca del pecado y nos invita a vivir en la fe y la caridad, en un amor expresado en gestos concretos. 

Pero para esto es necesario descubrirlo a Jesús. Todo habla de Él, de su centralidad en nuestras vidas, su amor de Amigo, Maestro y Señor. Su mirada y su Palabra encienden el corazón y de a poco nos devuelven la esperanza. Es preciso crecer en oración, animarse a pedirle que se quede con nosotros y encontrarlo en la Eucaristía para que se abran nuestros ojos a su presencia viva y real en medio nuestro.

Entonces entendemos: Él siempre estuvo, manteniendo viva la llama del corazón que nos trajo hasta este encuentro. Es necesario ponerse en marcha, volver a los hermanos, a la Iglesia, como apóstoles de su Evangelio de vida y amor. 

Emaús es entonces el lugar del encuentro con el Resucitado, el momento del envío, de la gracia. Es un camino que arranca en tristeza y termina en alegría, que uno comienza perdido y desorientado y termina con la certeza de una misión, de una propuesta. 

Es hacer historia de salvación, o mejor, descubrir progresivamente que nuestra historia es una historia de salvación.

miércoles, mayo 04, 2011

El Espíritu y la Esperanza

“¿Hijo de hombre, podrán revivir estos huesos?” Así le preguntaba Dios al profeta Ezequiel cuando frente a una multitud de huesos secos la sensación era la de la desesperanza total. Por eso hace falta invocar al Espíritu: Él es la fuerza de Dios, la novedad permanente, la presencia viva del amor en medio de la muerte, que puede superar todo obstáculo, derribando barreras y suscitando vida nueva por donde quiera que pasa.

Por eso cuando la vida se reseca, invocamos al Espíritu; cuando las palabras se acaban, invocamos al Espíritu; cuando los sepulcros se tapan y las puertas se cierran… invocamos al Espíritu. “Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.” (Rm 5, 25)

El Espíritu es la fuente de la esperanza porque él trae la novedad de Dios. El mismo Espíritu que aleteaba al principio de la creación, cuando todo era caos y confusión; ese Espíritu que transformó las tinieblas en luz, es el que quiere soplar una esperanza nueva en los corazones de todos.

Esta esperanza nace del amor. Sólo el amor puede suscitar esperanza, porque es el que abre caminos nuevos donde el odio, la violencia y el pecado parecen tener la última palabra. El amor ofrecido, inocente y vulnerable. Por eso para los cristianos esa esperanza nueva nace de la Pascua de Jesús, que celebramos en estos últimos días. Jesús muere y se entrega “en el Espíritu” (Hb 9), y al resucitar, sopla sobre sus discípulos el Espíritu Santo, repitiendo en ellos el milagro de la creación. Él es quien hace de los temerosos que habían huido en la noche de la pasión testigos convencidos de Jesús; es quien convierte a ese grupo de hombres y mujeres en una comunidad, una Iglesia.

Hoy Jesús quiere derramar sobre nosotros el don de su Espíritu una vez más. Quiere que  nos abramos a la posibilidad de una vida nueva, a un don de amor que nos permita mirar hacia delante confiados y sin miedo. Con la certeza de que Él nos irá acompañando a cada paso del  camino, suscitando los dones y carismas necesarios para que podamos seguir adelante.

Como antes, ¡más que antes! Invoquemos a aquel que puede darnos esa esperanza cierta, el anticipo del cielo en nuestra tierra, la luz necesaria para seguir avanzando en el camino de Jesús.

domingo, abril 24, 2011

Vayan a Galilea

“Vayan a Galilea”, dijo Jesús resucitado en el Evangelio de la Vigilia. Ir a Galilea, donde todo empezó. Los discípulos tienen que entender que el Señor Resucitado es el maestro humilde y pacífico que los llamó junto al lago y los invitó a ser pescadores de hombres. No es otro. Entonces ellos podrán darse cuenta que todo lo vivido a lo largo de ese camino tenía un sentido. ¡No era una locura! El que los convoca ahora es el mismo Jesús, ese que pasó haciendo el bien y curando, que anduvo entre pecadores y enfermos… ¡El mismo Jesús! El camino recorrido, las palabras, los gestos, tienen valor, valen la pena. La luz de la Pascua da una mirada nueva sobre la historia transitada. 

Pascua quiere decir que el mal no tiene la última palabra. Que se puede seguir amando en medio de la muerte y el mal. Que podemos animarnos a vivir de una manera diferente porque Jesús, que pasó haciendo el bien, está vivo. Este es el sentido de Galilea. Nos podemos animar a hacer una opción por el Evangelio porque la Pascua nos asegura que el amor entregado nunca es amor perdido. Y que lo cotidiano, aún en sus costados más opacos y arduos se puede convertir en fuente de luz.

miércoles, abril 20, 2011

A veces una patinada pequeña nos viene bien para evitar un tropezón más dañino. Si bien esos pequeños pifies a veces nos hacen daño y nos desaniman pueden ser el puntal para crecer en humildad y, sobre todo, para volver a darnos cuenta que seguimos en camino.
Enviado desde el Camino

viernes, abril 08, 2011

Encontrar la propia voz

Aprender a ser lo que Dios sueña para nosotros, ser plenamente nosotros mismos es un proceso arduo, continuo y lleno de incertidumbres y retrocesos. Se trata de encontrar la propia voz, esa que sólo podemos encontrar a fuerza de animarnos a desafinar infinidad de veces. Sin embargo, sólo de esa manera se consolida nuestro estilo personal. Si no nos arriesgamos a ser repetidores o peor aún, podemos terminar convirtiéndonos en silentes resentidos.

El camino para encontrar nuestra verdadera voz reside en gran parte en vivir "en estado de discernimiento". Saber cribar aquello que en realidad no nos pertenece y que muchas veces proviene de miedos, presiones, de nuestro falso yo controlador, ansioso y con pretensiones de omnipotencia. Para esto es necesario desarrollar una capacidad de atención a lo que nos pasa, una escucha sincera y confiada de nuestro corazón que se traduzca en canto, aún cuando a nosotros nos suene a balbuceos confusos. Tarde o temprano el tarareo incoherente se convierte en música. 

Una ayuda fundamental es encontrar con quienes compartir esa búsqueda. Los ensayos de otros alientan a continuar con los propios. Y si uno tiene suerte, se encuentra con un maestro, de esos que nos dan el espacio y la confianza necesarios para que nuestra voz empiece a resonar con más claridad. 

Para los creyentes, se trata de encontrar la voz de Dios en nosotros. Sólo él tiene el secreto de nuestra canción. Me hace bien saber que él guarda mi secreto. ¡Si sólo dependiera de mí, podría perderlo! Pero él me va ayudando a descubrirlo. Y sólo cuando puedo distinguir su voz me doy cuenta que en esa melodía está mi propio canto, tan mío y al mismo tiempo puro don, puro regalo. 

jueves, abril 07, 2011

Yendo hacia la luz

De la riquísima liturgia de la Palabra del último domingo (¡hay veces en que es difícil encontrar una piedra de toque y otras, como esta, donde uno no sabe qué elegir!), me quedó resonando una frase maravillosa de Efesios: "Todo lo que se pone de manifiesto es luz".

Cada vez que algo se expone, se airea, se hace luz. La oscuridad de tantas cosas que tapamos no viene de ellas mismas, sino del manto de miedo que ponemos sobre ellas, de tantos prejuicios y pudores falsos que nos impiden compartir y revelarnos ("quitar del velo") tal cual somos. No digo que haya que caer en ese exhibicionismo emocional en el que algunos parecen regodearse. Se trata simplemente de constatar una vez que más que lo que se comparte pierde su tiniebla y se convierte en brillo de vida no sólo para nosotros, sino también para los que nos rodean, porque la verdad nunca puede ser oscura, aunque a veces sea dolorosa. Siempre termina iluminando.

domingo, marzo 27, 2011

Páginas manchadas

Hace ya más o menos un año un amigo me regaló un cuaderno espectacular para escribir mis notas personales en él (tengo un afecto completamente desordenado a los artículos de librería, como buen nerd que soy).

Al principio lo usaba sólo para ideas especiales y momentos particulares. Con lo cual... no lo usaba prácticamente nunca. El miedo a que se pierda, se ensucie o simplemente se malgaste me hacía dejarlo encajonado en una existencia tan segura como insulsa.

Afortunadamente en un momento me di cuenta que el pobre cuaderno estaba para usarlo y ahora luce orgulloso borronazos, manchones de tinta y hasta alguna que otra miga suelta de un necesario tostado para alimentar el espíritu creativo. Heridas de guerra de una vida más insegura y más real. En el fondo... mi cuaderno soy yo.

¡Somos tan de manual! Nos cuesta mucho zambullirnos en la desprolijidad de la vida, porque las cosas siempre son más perfectas en la caja de cristal de nuestra mente.

Pero cuando nos animamos a dejar nuestra zona de confort, al mismo tiempo que empezamos a sufrir golpes, a ensuciarnos y rasgarnos, también nos abrimos a algo más profundo y más real. Descubrimos zonas inexploradas de nuestro yo y nuestro mundo. Y la vida se hace más vida, porque está más expuesta.

Porque se anima a mancharse, que es la única manera de dejar también al menos dos o tres líneas escritas que valgan la pena.


Enviado desde el Camino

martes, marzo 22, 2011

Sobre la transfiguración

La transfiguración de Jesús ocurre justo después del primer anuncio de la pasión que hace Jesús. Pedro ha proclamado que Jesús es el Mesías, y frente a esta confesión, Jesús ha dicho a los apóstoles que el camino tiene la cruz en el horizonte. Los discípulos entran en crisis. ¿Cómo puede ser que el camino que están siguiendo desemboque en el fracaso? Hace falta recrear la confianza, y no lo puede hacer Jesús, cuya figura está en crisis. Es necesario que alguien más dé testimonio por él. Por eso el Señor lleva a Pedro, Santiago y Juan a la montaña. En la Biblia, la montaña siempre es un lugar donde Dios se revela, porque la soledad y la altura permiten mirar las cosas con mayor amplitud y escuchar más fácilmente la voz de Dios. 

Y en la montaña, entonces, se da una manifestación nueva de Dios. La luz, la nube, la voz, que en el Antiguo Testamento siempre se manifestaban cuando Dios aparecía, ahora giran en torno a Jesús. En Jesús Dios se hace presente de modo pleno y patente. El Padre confirma el camino: “Este es mi Hijo Amado, escúchenlo”. 

Es como si, por un momento, los discípulos pudieran ver con plena claridad quién es Jesús. Ese hombre que les hablaba hace unos días de la pasión y la cruz... es el Señor, el Hijo del Padre al que hay que escuchar, el que nos muestra la fuerza del Reino. Es un momento de toma de conciencia que los fortalecerá para todo lo que vendrá después. Un chispazo de la resurrección en medio de la oscuridad que están atravesando. 

Nosotros también tenemos de esos “momentos de transfiguración”. Momentos de alegría, de fe, de esperanza, donde podemos ver un poco más hondo, amar más fuerte, creer más sólidamente... ¿recordás algún momento de esos, aunque haya sido sólo un destello, un chispazo? Vale la pena traerlo al corazón, para agradecerlo. Necesitamos momentos así, esos espacios donde las cosas cobran (o recobran) sentido, donde podemos ver el hilo de oro detrás de los acontecimientos, o la luz escondida detrás de esa situación o persona que nos cuesta. 

Además, el misterio de la transfiguración nos ilumina en un aspecto muy importante de nuestra fe. Así como la luz de Dios brilla en la humanidad tan real y concreta de Jesús, que ahora camina hacia la muerte, también somos invitados a descubrir la luz de Dios, su presencia, su amor, en nuestra realidad, en esta realidad que tenemos. Frente a la tentación de escaparnos de los desafíos que nos presenta nuestra vida, el camino de la transfiguración nos invita a mirar más profundamente, a través de la oración, nuestra vida y así poder comprometernos más de lleno con ella. 




En la oración, quizás lo mejor hoy sea simplemente pedirle al Señor poder vivir algo de esa fuerza cautivadora de la transfiguración, algo de esa luz que se irradió sobre los discípulos. Un salmo nos puede ayudar en ese propósito, que dice “Que el Señor haga brillar su rostro sobre nosotros”.

miércoles, marzo 09, 2011

Son cuarenta días para crecer en libertad. Es el tiempo de desierto, que necesitamos para aprender a escuchar mejor la voz de Dios y distinguirla de la voz del mal, de la voz del mundo... Y de la nuestra.

Es el espacio que se nos regala para ser más plenamente nosotros mismos, para misionar desde el amor y la verdad, para echar raíces más profundas en la vida.

Es volver al amor que nos moldea e impulsa, y dejar atrás las cisternas agrietadas que tan amargados nos dejan.
Enviado desde el Camino

Escuchando a The Weepies

En una de mis últimas incursiones vacacionales vi "Morning Glory", una linda película sobre uno de los típicos programas matutinos de la televisión norteamericana. Más allá de la historia, me quedé con la música, que realmente me gustó mucho, en particular un tema del grupo The Weepies, una banda indie-folk que vale la pena escuchar. Dejo aquí un link para quien quiera gustar un poco de música serena, dulce y cautivante:

martes, marzo 01, 2011

Vivir desde el centro del alma

Para Agus, que quiere existir desde el corazón

Hace poco una amiga artista me regaló un mandala dibujado por ella misma. Los mandalas son un tipo de símbolo que aparecen especialmente en las tradiciones hinduistas y budistas pero también se manifiestan en otras religiones y culturas (Jung los utilizaba mucho como una herramienta para la integración personal). Son  una ayuda para centrarse en la meditación, en el viaje espiritual al propio centro, del cual el mandala es un símbolo y a la vez un impulso en dirección al mismo.


Buscar el propio centro es la inquietud de todo ser humano. Hallar ese lugar desde donde todo se anuda, donde finalmente podemos hacer síntesis. Tarea nada fácil en este tiempo donde muchos prefieren vivir ausentes a sí mismos, donde hay tanto miedo a lo profundo del corazón. Pero vale la pena. No se trata de una excursión esóterica para unos pocos. Sino de vivir a fondo, pero no desde una angustiosa ansiedad , sino desde nuestro fondo más profundo, desde el lugar de la libertad que pervive en cada uno de nosotros y nos espera en todo momento. Ese espacio que todo mandala recrea y nos invita a descubrir como nuestro hogar verdadero, nuestra raíz, nuestro rostro original.

domingo, febrero 27, 2011

Un sacerdote muy amigo mío, Augusto Zampini, está ingresando en la blogósfera con un espacio muy sugerente e interesante para los que tienen inquietudes en torno a la justicia, la filosofía y moral social y la teología moral o la doctrina social de la Iglesia. Su espacio se llama "Justice and Peace will embrace". ¡Visítenlo! 
La gracia escondida del perdón está en transformar el desencuentro en fuente de cercanía. De ahí que haya pocas experiencias tan profundamente pascuales como la reconciliación. Lo que nos mataba ahora es fuente de vida.

Escuchando a Tinie Tempah

Yo no soy profeta ni hijo de profetas, pero escuchando este tema... me parece que este pibe tiene polenta y va a llegar lejos. Veremos. Mientras, "Written in the stars" tiene un combo de lucha y esperanza y una frase que me gusta al cerrar cada una de las estrofas: "Tenés que seguir gritando hasta que te escuchen". A él se ve que le resultó.

jueves, febrero 24, 2011

Hic sunt dracones (sobre los miedos II)

En los mapas antiguos, las zonas inexploradas (y por eso mismo temidas, por desconocidas), tenían a veces la inscripción hic sunt dracones ("Aquí hay dragones"), buscando amedrentar a viajeros con temores que por no tener rostro ni voz definidos eran aún más inquietantes que una amenaza real. Hoy cuando utilizamos un GPS puede llegar a advertirnos "¡ATENCIÓN! Zona peligrosa". El peligro puede ser más o menos tangible, pero la voz, la advertencia... nos asusta más todavía y nos hace muchas veces desistir de incursionar en territorio nuevo.



Así suele pasar con algunas zonas de nuestro corazón y nuestra historia. Nos empezamos a acercar a ellas y aparecen los carteles "¡Aquí hay dragones! ¡Peligro de muerte!" "¡No abrir!" "¡No cuestionar!". Y el miedo nos gana y salimos corriendo, intimidados ante la posibilidad de no sobrevivir al encuentro con lo que que se nos presenta más allá de lo seguro. 

Pero muchas veces es allí donde se puede descubrir algo nuevo. En ese paso por territorio peligroso, cuando nos animamos a preguntarnos, a destapar alguna olla del pasado o preguntarnos por algo que hasta ahora está rígido e inmóvil donde se juega muchas veces la posibilidad de una vida nueva.

Hace algunos años, tuve que enfrentarme a un miedo que me tenía muy trabado. Como parte de ese proceso fui a hablar con un psicólogo conocido mío. Un hombre con experiencia y sabio, me dijo: "Mirá, este miedo está y es evidente que ha aumentado ahora fruto de la situación en la que  estás. Podemos analizarlo, ver de dónde viene, sus raíces, etcétera. La otra manera de solucionarlo... es enfrentarlo". Y lo que me dijo entonces me quedó profundamente grabado y lo aconsejo siempre a quien tiene que enfrentar algún temor: "Pero no vayas solo. Pedí que alguien te acompañe". 

Así necesitamos muchas veces alguien que nos haga de Virgilio, de San Rafael, de compañero de camino para que podamos llegar a tierra de dragones... donde, por otro lado, nos suelen decir las leyendas que hay un tesoro escondido. ¿Y no dice el Maestro que por ese tesoro escondido vale la pena jugarse todo? Yo pido entonces para todos un compañero para nuestros miedos. Que no lo enfrente por nosotros. Pero sí que nos ayude a superarlos. Para mí es Jesús, siempre, y muchos que son signo de su presencia. ¿Y para vos?

domingo, febrero 20, 2011

No saber lo que nos pasa puede ser algo terrible. Como dice Antonio en las primeras líneas de "El Mercader de Venecia":

"No entiendo la causa de mi tristeza. A vosotros y a mi igualmente nos fatiga, pero no sé cuándo ni dónde ni de qué manera la adquirí, ni de qué origen mana. Tanto se ha apoderado de mis sentidos la tristeza, que ni aún acierto a conocerme a mi mismo."

Así andamos muchas veces, sumidos en angustia, tristeza o bronca... Y no sabemos por qué. Es cierto que tenemos que aceptar momentos de no saber, permitirnos primero sentir y dar tiempo al corazón para decantar.

Pero llega un momento donde debemos poner nombre a lo que sentimos. Y es en ese momento donde se empieza a hacer la luz. Un cura muy sabio me dijo una vez: "hay fantasmas que se disipan con sólo ponerle el nombre".

Darle nombre a algo es tener poder sobre lo nombrado, es descubrir que lo que nos aqueja no es una amenaza omnipresente, sino una parte apenas de nuestra vida.

Es empezar a dialogar con ese dolor o ese interrogante, que mal que nos pese también es una parte de nosotros mismos.

Se trata de tomar una vez más la vida en las propias manos y elegir vivirla a fondo, exponiéndonos a lo que nos pasa.

Enviado desde el Camino

lunes, febrero 14, 2011

Memoria y esperanza


Una y otra van profundamente unidas. Cuanto más memoria tengo de mi vida como lugar de salvación y amor (que es más que recordar; es ver el pasado con fe y gratitud, algo que sólo se logra con tiempo y trabajo), más me doy cuenta que mi futuro no está sellado ni condenado al fracaso. Que la misma presencia que me acompañó y me sacó de los lugares oscuros de mi historia, la columna de fuego que me llevó en la tiniebla... es la misma mano que suave y firmemente me conduce hacia un destino feliz.

martes, febrero 08, 2011

Empezar empezando

Una de mis frases preferidas pertenece al Tao Te King: "Un camino de mil millas empieza con el primer paso". Me gusta porque necesito recordarla constantemente y sobre todo cuando tengo que comenzar algo, sea una etapa nueva, una actividad o simplemente algo que tengo pendiente y que quizás aparece especialmente arduo o desafiante. 
Creo que una de las dificultades para dar inicio a las cosas es la inmensa presión que ponemos sobre ese comienzo. Nos llenamos la cabeza de prerrequisitos y por eso mismo más de una vez no llegamos ni a la línea de largada. Nos cansamos antes de empezar.
Entonces me ayuda volver a esta frase de Lao Tsé y darme cuenta que ahora sólo tengo que comenzar, que no hay tantas exigencias sino necesidad de empezar a caminar. Hay cosas que el camino mismo las soluciona y el resto no pueden resolverse de antemano. Habrá que verlas cuando llegue el momento. 

Con esto no me opongo ni de lejos a la planificación. Pero es cierto que junto con ella hay que combinar la audacia y la soltura para poder empezar. Sólo se puede prever y proyectar hasta cierto punto. Cuando uno es especialmente cerebral y ve todas las aristas de una situación, recordar esto se hace necesario para evitar la parálisis que detiene nuestro andar.

Por eso cuando me doy cuenta que estoy dando muchas vueltas con algo me acuerdo de esta frase, dejo de pensar, tomo aire... y empiezo. 


jueves, febrero 03, 2011

Estar en la zona

El otro día hablaba con una futura psicóloga que me comentaba sobre su tesis de licenciatura en torno al concepto del "flow" en la psicología positiva. Más allá de las elaboraciones teóricas en torno al tema, me puse a pensar en los momentos en los que uno se siente justamente "en la zona", como dicen los norteamericanos, cuando hay una conjunción de factores internos y externos armonizados que hacen que todo transcurra "fluidamente", valga la redundancia. Un ejemplo que me vienen a la mente es ver a Michael Jordan prácticamente flotando a través de una maraña de jugadores tirándose encima de él.


Quizás lo mejor de esos momentos es que uno no piensa, no hace, no siente, sino que simplemente es. Es en eso que se está haciendo, o mejor, otro es, algo que no es uno mismo y sin embargo es lo mejor de uno mismo sale a la luz. Escuchando sobre este concepto me acordé de lo que leía en Zen en el arte de tiro con arco, cuando el aprendiz finalmente deja que "ello" tire la flecha y por eso mismo acierta. 

En estos momentos estoy leyendo un libro muy bueno de Julia Cameron, "The right to write" donde ella insiste en que lo que uno escribe quiere ser escrito. Dentro nuestro hay un artista, un creador (en el sentido amplio y no sólo estético de la palabra) que quiere salir a la luz. Son nuestros miedos, trabas y mezquindades (nuestro "yo" pequeño) los que le impiden terminar de nacer. Tal vez por eso el principal trabajo para la creatividad sea el silenciar esos gritos internos, correrse del medio, para que entrar en ese flujo de vida que nos hace sentir tan bien cuando nos impulsa hacia "la zona". 

martes, febrero 01, 2011

Perseverancia y providencia

Para Mery L., que persevera en la distancia...




Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la perseverancia de Cristo. 2 Tes 3, 5




Me piden una reflexión sobre dos palabras enormes, que como todas las palabras grandes abren la puerta a miles de palabras más: Fidelidad, paciencia, confianza, amor, alianza...

La perseverancia es una de las actitudes fundamentales de cualquier que comienza un camino espiritual. Implica elegir integrar la vida y el corazón, elegirse a uno mismo a través de una constancia en actitudes, gestos y palabras. 

Por esto mismo la perseverancia está profundamente relacionada con el proceso de ser cada vez más uno mismo, de ser aquello que estamos llamados a ser y que busca ir consolidándose a lo largo de nuestra existencia. Es una actitud existencial antes que una cuestión de moral. De allí que no dependa simplemente de querer hacer las cosas bien, sino de querer hacerlas mías, de apropiarme una manera de vivir, o mejor, vivir de una manera que exprese lo propio, que brote cada vez más de nuestro centro. 

Vivir perseverantemente pide al mismo tiempo firmeza y conciencia de la gradualidad. Empezar y continuar "con determinada determinación", como decía Santa Teresa de Ávila. Pero parte de esa determinación es no desesperar frente a las inevitables caídas y retrocesos. Para levantarse rápidamente de las caídas es necesario no lamentarse de más ni sorprenderse por ellas. Son parte del proceso y a menudo ellas nos enseñan más de lo que hubiéramos imaginado. 

Pero por sobre todo, la perseverancia es un don de Dios (antes se escuchaba más pedir el don de la "perseverancia final", el llegar hasta la muerte unidos a Jesús). En este sentido, perseverar sólo es posible si se desarrolla un sentido profundo de la providencia de Dios. Puedo perseverar porque Dios me lo concede, porque él me dará todo lo necesario para que pueda hacerlo. Puede ser el "pan de cada día" que pedimos en el Padre Nuestro. Y en ese sentido creo que uno empieza a caminar con más rapidez cuando deja de preocuparse por cómo está andando y se concentra más en aquel que nos llama y nos cuida a lo largo del camino. Al final del día nos daremos cuenta que todo fue un regalo, como dice ese obispo y poeta:

Y llegaré, de noche
con el gozoso espanto
de ver,
por fin,
que anduve,
día a día,
sobre la misma palma de Tu mano. (Pedro Casaldáliga)

sábado, enero 29, 2011

Reflexiones sobre la distancia y los afectos

Escribo esto mientras un micro nos lleva a mí y a un grupo de jóvenes de mi parroquia de vuelta a Buenos Aires tras unos días de campamento en Córdoba.

La lejanía, como siempre, es generadora de pensamiento, especialmente en lo que hace los vínculos.

Mi vida ha estado marcada muchas veces por la separación física de la gente que quiero (tanto familia como amigos). Cosas en parte de este mundo globalizado y también de mi vida sacerdotal que tiene algo de itinerante.

Pero esta distancia, si bien es dolorosa (y a veces desgarradora), también es oportunidad para revalorizar esos lazos y por otro lado para darse cuenta que son más íntimos a nosotros mismos de lo que hubiéramos imaginado.

Además, en cada eucaristía, me acuerdo de las palabras de Efesios: "los que antes estaban lejos ahora se han acercado". El amor achica todas las distancias y en la mesa de la comunión seguimos compartiendo un abrazo.

Esto no niega la necesidad de la presencia concreta. ¡Al contrario! Pero mientras caminemos, tendremos que aceptar estos alejamientos. Hasta el día del encuentro definitivo, donde no habrá más distancias porque todos viviremos en el corazón de todos.

El instante fugaz

Aprovechar el momento,
Como una gracia,
Como un rayo de lo eterno,
Como la oportunidad única de recibirlo todo
Y decirse a uno mismo
En un suspiro
Un abrazo
Un grito
Un silencio

sábado, diciembre 11, 2010

Desilusionarse (Sobre el 3° Domingo de Adviento)

"¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?" ¡Qué cruda la pregunta de Juan el Bautista! No tanto para Jesús, pero sí para él mismo. Hay que animarse a preguntar algo que puede romper con nuestras esperanzas y previsiones. Al decir esto se juega el todo por el todo. 

A Juan le pasa lo que a varios de nosotros en distintos momentos de nuestra vida: hemos creído que Jesús es Dios, que es el Mesías, pero no terminamos de creer o de aceptar su manera de serlo. Tenemos que vivir una "segunda vuelta" de nuestra fe, que muchas veces la vivimos cuando un dolor o una crisis entra en nuestra vida. Más allá de las diferentes cosas que uno vive y escucha frente a la dimensión crítica de nuestro camino, hay algo que es cierto. Toda crisis implica una cierta desilusión. Una pretensión nuestra, una expectativa se quiebra, un sueño se esfuma. Pocas experiencias son tan dolorosas como esta, cuando algo que anhelábamos se nos deshace y nos deja con las manos vacías de futuro. 

Pero en estas desilusiones está muchas veces la semilla de un camino nuevo, más profundo y real. Es ahora cuando podemos empezar a vivir desde la autenticidad, cuando el otro y yo mismo podemos mirarnos desde lo que somos y elegirnos desde nuestra verdad, y no a partir de nuestras fantásticas idealizaciones. En muchas de nuestras expectativas hay una omnipotencia y un narcisismo escondido que gracias a Dios quedan heridos de muerte al vivir estas crisis. 

En mi primer año de seminario, uno de mis formadores me hablaba de esto, y me dijo algo que se grabó profundamente en mi memoria: "Cuando nos desilusionamos, no perdemos nada, porque simplemente se ha esfumado eso: una ilusión. No la realidad". 

Juan el Bautista encontró en las palabras de Jesús los signos de un mesianismo diferente pero mucho más profundo y fiel a la Palabra de Dios que el que él se había imaginado. Su ilusión tenía que deshacerse para despertarse a algo más luminoso y grande que Dios le ofrecía. Tal vez tengamos que protestar menos cuando algún proyecto se nos cae de la manos, porque probablemente el Señor nos esté preparando algo mejor. O por lo menos, más real. 

viernes, diciembre 10, 2010

Miedo de amar II

Nos retobamos, escapamos, ponemos excusas para no ser invitados a la fiesta (probablemente porque intuimos que no estamos a la altura de la participación), o tememos el momento del encuentro... pero cuando nos entregamos, nos damos cuenta que era lo mejor que nos podía pasar en la vida.

martes, diciembre 07, 2010

Sobre los miedos

Vengo pensando mucho sobre los miedos últimamente. Los propios y los ajenos. Es notable como el miedo es una fuerza conductora de muchísimas opciones y estilos de vida, a veces sutilmente escondido detrás de la racionalidad, la prudencia y el buen tino. 
¿De dónde viene el miedo? En la Biblia la primera vez que aparece es cuando el hombre se da cuenta de que está desnudo al comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, cuando quiere erigirse en su propio Dios. Pareciera entonces que hay una relación entre el miedo y la individualidad a toda costa, el querer erigirse como sostén y controlador de todo y percibir al mismo tiempo que esto es imposible. ¿Será que el miedo brota cuando percibimos esa fragilidad y no nos animamos a manifestarla? Y así nos escondemos mientras Dios pregunta "¿dónde estás?".

Pero también es cierto que hay un miedo a dejar que lo más propio salga a la luz. Cuando nos dejamos llevar por la corriente, cuando elegimos lo fácil frente a lo conflictivo en aras de una falsa paz de cadáveres, cuando nuestros sueños se ahogan antes de empezar a nadar. Es el miedo de la promesa, el miedo a la desilusión del amor. El que hace que no digamos quiénes somos y que no nos juguemos porque tal vez no seamos suficiente para el otro, o para el lazo, o para la comunidad, o para la misión... El miedo que hace que Pedro diga "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador". Ese miedo que nos hace más de una vez empujar lejos de nosotros a los que nos quieren y por eso mismo son una amenaza (como decía tan bien Borges en su poema citado recientemente). 

El camino, creo, pasa por el amor y la confianza. Abrirse al otro y la promesa que trae consigo, porque es así como se disipan las ilusiones de pesadilla generadas por el miedo. Sólo un amor más grande que nuestros temores puede llevarnos más allá. Nadie lo dijo mejor que esa frase fabulosa de la primera carta de Juan:

En el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor. (1 Juan, 4, 18)

martes, noviembre 30, 2010

Están pasando más cosas buenas de las que imaginamos.
En algún lugar, alguien elige perdonar.
Alguien está pensando en dar su vida por amor.
Otro vela el sueño de alguien que ama.
O llora de amor o de pena alguien que ya no sabe cómo expresarse.
Alguien tiene un gesto de amor puro.
Hay más, más de lo que imaginamos.

Miedo de amar

El otro día releía ese poema maravilloso de Borges, "El Amenazado":

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir. 
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. 
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. 
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, 
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, 
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, 
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño? 
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. 
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se 
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz. 
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. 
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. 
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. 
Ya los ejércitos me cercan, las hordas. 
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) 
El nombre de una mujer me delata. 
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Es un texto realmente maravilloso, porque muestra tan claramente de qué manera el amor irrumpe y nos llena de temor y anhelo al mismo tiempo. Y de golpe nos damos cuenta que nada sirve para nada, que todas nuestras medallas son apenas barreras para el encuentro, que simplemente estamos llamados a ser para el otro y desde el otro. Pero entrar en este dinamismo de gratuidad, donde, como dice también Borges "no hay poseedor ni poseído, pero los dos se entregan", nos aterroriza. Y tantas veces terminamos comprando sucedáneos que nos atontan y nos hacen pensar que en realidad no nos hace falta amor. Es la tentación de la omnipotencia controladora que tantas veces rige nuestra vida. Pero si por un momento glorioso elegimos la pobreza del amor, nos hacemos ricos en serio.

lunes, noviembre 29, 2010

¿Por dónde iréis hasta el cielo/ si por la tierra no vais?
Pedro Casaldáliga, 
Preguntas para subir y bajar el Monte Carmelo

Esta vida es la que se nos da para hacerla antesala del cielo, no hay otra.
Estas personas con las que comparto mi camino son las que me invitan a amar y dejarme amar. No hay otras.
Esta Iglesia, este país, esta realidad es en la que Dios se hará presente. No hay otra.
Este corazón mío, con sus heridas, sus dones y limitaciones, con su historia y su presente es aquel con el que soy llamado a la plenitud y la vida. No hay otro.

Qué fácil es pensar que en otro contexto, en otras alternativas o con otras personas todo sería mejor. Pero es mentira y tentación. Este camino que tengo es el que me lleva al cielo. Y para llegar, tengo que hollar en él cada vez con más fuerzas. Ir a lo profundo de mi corazón, más allá de las heridas, donde se oculta la fuerza de la vida. A lo profundo de los vínculos, más allá de las desilusiones y los choques, donde está el encuentro. Más allá de las fachadas, donde se intuye el paso de un Dios vivo y escondido, donde el amor dice su palabra última, la única que da sentido a las cosas.

jueves, octubre 28, 2010

Hablar desde el camino

Muchos hablan hoy de encontrar un nuevo lenguaje en la pastoral, que tienda puentes (función de todo lenguaje). Una de las maneras de profundizar en esta búsqueda es empezar a hablar desde el camino. Desde las búsquedas personales y comunitarias. Desde el mirar un horizonte común y no desde el proponer metas y normas inalcanzables. Desde el sentirse fascinados por una belleza que nos atrae y que queremos compartir con los otros peregrinos.

jueves, octubre 21, 2010

Momentos de transfiguración

Pensando en Tania y Andy, que se casaron este sábado...

Qué momento de gracia cuando el misterio del otro se nos revela, desbordando de luz y de gloria,cuando tomamos conciencia de la persona que está al lado nuestro.Y más cuando, del mismo modo que en el monte Tabor, percibimos que esa luz viene de lo profundo de alguien frágil, vulnerable, que camina hacia la cruz, como todos. Todos necesitamos experiencias así. Sin transfiguración no hay amor. 
Sólo sé que una vez más
el rumor de tus sandalias pasa cerca
un sonido sutil del silencio
un dulce peso en el alma
una voz que me lleva al desierto
donde el poder muere para hacer sitio al amor
donde el pan partido es escuela
donde la noche está grávida de vida

y tu voz me hace recuperar la mía.

martes, octubre 19, 2010

Constructores de nuestro propio camino

En estos últimos meses he tomado mucha más conciencia del peso que tienen nuestras acciones. Limitadas, frágiles y condicionadas, como somos nosotros mismos, cada "sí" y cada "no" tienen sin embargo una fuerza enorme escondida en su interior, sobre todo cuando en vez de ser decisiones dispersas nuestras opciones tienen un hilo conductor, un horizonte previo que las unifique y concentre. Esto no debiera ser algo que nos presione, pero sí que nos haga tomar conciencia de que podemos elegir-nos, y que esas elecciones pueden convertirse en la afirmación más precisa de nuestro misterio. 

Y al mismo tiempo, cuanto más vamos realizando ese camino nos vamos dando cuenta que llegar a ser plenamente nosotros mismos siempre será un don, algo que se nos otorga y que no podemos simplemente arrebatar. Es una conquista regalada, un llegar al lugar en el que siempre estábamos. Quizás por todo esto me doy cuenta que no se trata sino de caminar humildemente, como dice ese poema despojado y hermoso de Hugo Mujica:


como toda una vida en el gesto
                                  de apenas los dedos.

ya no pido el horizonte,
                                ruego mis pasos  

Así vamos todos, rogando nuestro caminar cotidiano. Pero debiéramos hacerlo con una buena mezcla de seriedad y ligereza, con perseverancia y paciencia, con la paz que da saber que es Otro quien nos lleva y la alegría que brota de ser uno quien elige al mismo tiempo tomar las riendas de la propia vida. 

lunes, octubre 18, 2010

Un nuevo blog...

... no suele ser noticia. Pero cuando el que lo abre es un amigo y un poeta y persona cabal, uno no puede menos que promocionarlo. Además. ¿cuántas veces en la vida uno tiene la suerte de que le dediquen un poema? Pueden leerlo aquí y encontrar más cosas en "El corazón y el alma al descubierto". ¡Que lo disfruten!

martes, octubre 05, 2010

Camino hacia la Pascua dando gracias

Hace un par de años leí un librito espectacular del Cardenal Vanhoye "Tanto amó Dios al mundo. Lectio sobre el sacrificio de Cristo". Altamente recomendable para entender bien la noción de sacrificio desde una perspectiva bíblica y cristológica.
Dentro de  ese librito, destaca una joyita: un capítulo sobre el sacrificio como acción de gracias, donde describe la particularidad del agradecimiento de Jesús, que agradece no por recibir sino por la posibilidad de dar algo (en este caso en particular, a sí mismo) y que agradece no después que algo ocurra sino antes (de manera similar a cuando está por resucitar a Lázaro). 

El agradecimiento anticipa la realidad, es un paso de confianza sostenido por la certeza de la providencia y el amor bondadoso del Padre. Me ha hecho vivir de otra manera de la eucaristía. Ahora cuando llega el momento de la consagración muchas veces pienso en aquellas cosas de mi vida que están en tensión, sin resolverse: conflictos cuya resolución no asoma, preguntas e incertidumbres, dolores que siguen sanándose (propios y ajenos)... trato de que todo eso entre allí, en ese momento misterioso y sagrado donde la acción de gracias de Cristo toma todo lo que soy y vivo y lo deposita con amor y suavidad en las manos del Padre. Y eso me ayuda a confiar en que, de alguna manera, la Providencia de Dios va a actuar y transformar esa realidad que por ahora es simplemente un grito abierto a la intervención del Señor. 

lunes, septiembre 27, 2010

Gestos de amor - Permanecer despiertos

Amar es permanecer despiertos. Elegir una vida con el corazón y los ojos abiertos, capaces de estar atentos a lo que pasa dentro de nosotros y a nuestro alrededor.  Esto no es fácil. Pareciera que las pesadillas nos esperan al despertar y por eso mismo elegimos dormirnos, entumecernos frente a lo que pasa y nos pasa. Sin embargo, lo que no percibimos desde la atención no deja por eso de anidar en algún rincón para lastimarnos y dominarnos. Tal vez por eso la atención es una disciplina espiritual que está en el corazón de todo viaje espiritual y de toda verdadera experiencia de crecimiento. Y probablemente por eso mismo en muchas religiones las experiencias de crecimiento se vinculan con un despertar. Así se les decía a los primeros cristianos al bautizarlos: “Despierta, tú que duermes en la sombras”. Y cuando a un maestro Zen le preguntaron cuál era el secreto para la iluminación dijo “Atención. Atención. Atención”.



El amor pide estar despierto. Es mentira que el amor es ciego: pide cada vez más luz, porque el amor no puede vivir si no va a lo más profundo. Cuando el amor está despierto, anticipa la realidad y permite que eso que soñamos deje de ser sueño y empiece a ser realidad.

Hacer este camino pide una verdadera entrega, un don de uno mismo, un despojarse de la omnipotencia, porque para poder estar atentos hay que vaciarse de uno mismo. Y esto es una cruz, un dolor, una muerte. Pero es una muerte grávida de vida, un dolor necesario para ganar esa hondura indispensable para crecer, amar y ser feliz.