jueves, octubre 05, 2006

Pelearse con Dios

En estos días la liturgia nos regala la lectura continuada del libro de Job, con su lírica descarnada y fina a la vez. El lenguaje de Job, al igual que el de muchos salmos y otros textos bíblicos parece contrastar con el lenguaje edulcorado de muchos libros piadosos y de espiritualidad actuales. Más allá de lo que obviamente pueda estar limitado por el contexto cultural y religioso en el que fueron escritos hay un elemento que me parece universalmente válido. Es su dimensión conflictiva.

Job es un hombre que se enfrenta con su sufrimiento como inocente. Los salmos cantan - o mejor, gritan - la persecución injusta y el lamento del abandonado de Dios. Y lo hacen con fuerza: le preguntan a Dios por qué los ha abandonado; se lamentan por estar vivos o lloran por sentirse muertos. Muy lejos de la resignación que a veces se enseña o se admira.

El creyente tiene que vivir la experiencia del conflicto en uno o más momentos de su vida. También en la relación con Dios. Creo que le ahorramos a Dios algunos conflictos o preguntas... porque en el fondo nos da un poco de miedo que no nos pueda responder. Al final, entrar en conflicto con Dios es una cuestión de fe. Al igual que la personas insegura no se anima a pelearse porque teme la pérdida del vínculo, no nos animamos a debatir con Dios porque nuestra intimidad no es lo suficientemente fuerte.

Pero el que hace la experiencia del Dios amor, también tarde o temprano choca con la experiencia del mal, con el horizonte de la cruz. Y entonces se hace necesario integrar esa dimensión de la vida en la relación con Dios. Desde la certeza de sabernos amados y buscando profundizar ese amor. Pero pasando a través del conflicto, sin obviarlo. Como los creyentes del Antiguo Testamento, que han sido grandes cuestionadores de Dios: desde Abraham y la pelea por Sodoma, pasando porJacob, el que luchó contra Dios hasta el amanecer y llegando a Moisés. Como María, que preguntó; como Jesús, que vivió también el Getsemaní y se animó a confiar...

Después está la paz, la alegría, el nombre nuevo, el amor probado. Dejo como testimonio la oración que escribiera Elie Wiesel tras un largo conflicto con Dios.

Señor del Universo, hagamos las paces. Ya es hora. ¿Cuánto más podemos seguir enojados?Más de cincuenta años han transcurrido desde que terminó la pesadilla. Muchas cosas, buenas y menos buenas, les han pasado desde entonces a los que sobrevivieron a ella. Aprendieron a construir sobre las ruinas. Se recreó la vida familiar.Nacieron hijos, se entablaron amistades. Aprendieron a tener fe en su entorno, incluso en sus semejantes.
La gratitud ha reemplazado a la amargura en su corazón. Nadie es tan capaz de agradecimiento como ellos. Agradecimiento hacia cualquiera que estuviera dispuesto a escuchar sus relatos y convertirse en su aliado en la batalla contra la apatía y el olvido. Para ellos cada momento es una gracia.Oh, no perdonan a sus asesinos ni a los cómplices de éstos, ni deberían hacerlo. Ni tampoco deberías hacerlo tú, Señor del Universo. Pero ya no miran con recelo a todo el que pasa. Ni ven en cada mano un puñal.
¿Significa esto que las heridas de su alma han sanado? Nunca sanarán. Mientras una sola chispa de las llamas de Auschwitz y Treblinka brille en su memoria, mi alegría estará incompleta.

¿Qué hay de mi fe en ti, Señor del Universo? Ahora me doy cuenta de que nunca la perdí, ni siquiera allí, durante las horas más oscuras de mi vida. No sé por qué seguí susurrando mis oraciones diarias, y las reservadas para el Sabbath, y para los días festivos, pero las recitaba, a menudo con mi padre y, en la víspera de Rosh Hashanah, con cientos de prisioneros de Auschwitz. ¿Era porque las oraciones seguían siendo un lazo con el mundo desaparecido de mi infancia?Hagamos las paces...

Pero mi fe ya no era pura. ¿Cómo podía serlo? Estaba llena de angustia en lugar de fervor, de perplejidad más que de piedad. En el reino de la eterna noche, en los Días del Temor, que son los Días del Juicio, mis plegarias tradicionales estaban dirigidas a ti y también contra ti, Señor del Universo. ¿Qué me hirió más: tu ausencia o tu silencio? En mi testimonio escribí palabras duras, palabras ardientes, sobre tu papel en nuestra tragedia. No las repetiría hoy. Pero las sentía entonces. Las sentía en cada célula de mi ser. ¿Por qué dejaste, si no permitiste, que el asesino día tras día, noche tras noche, torturara, matara y aniquilara a decenas de miles de niños judíos? ¿Por qué fueron abandonados por tu Creación?

Estos pensamientos de ningún modo estaban dirigidos a disminuir la culpa de los culpables. Su culpabilidad establecida es irrelevante con respecto a mi problema contigo, Señor del Universo. En mi niñez, no esperaba demasiado de los seres humanos. Pero esperaba todo de ti.
¿Dónde estabas, Dios de la Bondad, en Auschwitz? ¿Qué pasaba en el cielo, en el tribunal celestial, mientras tus hijos eran elegidos para la humillación, el aislamiento y la muerte sólo porque eran judíos? Estas preguntas me han perseguido por más de cinco décadas.Tienes muchos defensores de palabra, sabes. Se me dieron muchas respuestas teológicas, tales como: Dios es Dios. Sólo Él sabe lo que hace. Uno no tiene derecho a cuestionarlo a Él o a Sus acciones. O: Auschwitz fue un castigo por los pecados de asimilación y/o sionismo de los judíos europeos. Y: ¿Acaso Israel no es la solución? Sin Auschwitz, no hubiera habido Israel.Rechazo todas estas respuestas. Auschwitz deber ser y será para siempre un signo de pregunta: no puede ser concebido ni con Dios ni sin Dios.


Llegado un punto, empecé a preguntarme si no era injusto contigo.Después de todo, Auschwitz no era algo que viniera armado del cielo. Fue concebido por hombres, implementado por hombres, manejado por hombres.Y su objetivo no sólo era destruirnos a nosotros sino también a ti. ¿No deberíamos pensar en tu dolor también? Al ver a tus hijos sufrir a manos de tus otros hijos, ¿no has sufrido tú también?
Mientras los judíos otra vez empezamos a celebrar el Año Nuevo, preparándonos para orar por un año de paz y felicidad para nuestro pueblo y todos los pueblos, hagamos las paces, Señor del Universo. ¿A pesar de todo lo que pasó? Sí, a pesar de todo. Hagamos las paces: para el niño que hay en mí, es insoportable estar separado de ti durante tanto tiempo.

martes, octubre 03, 2006

Sacramentos: la pregunta

Un interrogante tiene, entre otras virtudes, la de abrir el juego. Es una palabra que apunta explícitamente al diálogo, a que el otro responda, a que se nos comparta el corazón o se nos revele un sentido escondido. Es la posiblidad de que el otro se explique y responda.

Cuando somos nosotros los que recibimos la pregunta, puede ser un camino para el encuentro. También el cariño que un sencillo "¿Cómo estás?" nos puede regalar.

Hay poder en las preguntas. Por eso son temidas. Les tememos porque no sabemos qué puertas abrirán, especialmente si nos preguntamos a nosotros mismos. Paradójicamente, estas son las que más tardan en responderse.

Pero, con lo riesgosas y peligrosas que pueden ser las preguntas (algunos dicen que a Sócrates lo mataron por las preguntas que hacía), no dejan ser fundamentales.

Cuando fui a celebrar la Pascua a una sinagoga junto con mis compañeros de seminario, preguntamos por qué la celebración estaba hecha en forma de diálogo con preguntas. El rabino me respondió: "Porque cuando uno pregunta empieza a ser libre".

sábado, septiembre 16, 2006

Una tonada pegadiza

Hace varios años que nuestra diócesis tiene una misión permanente en Cuba: a lo largo del tiempo, se suceden un par de sacerdotes en la diócesis de Holguín, por períodos más o menos largos que en general giran en torno a los tres años. Luego regresan a la diócesis para ser reemplazados por otros curas de San Isidro.

Uno de ellos regresó de visita y pasó a celebrar misa por el seminario. Me resultó muy simpático y llamativo el hecho de que hablara con una fuerte tonada cubana. No resultaba para nada forzada, sino que evidentemente se le había pegado en esos años de tarea misionera. Algo parecido he visto en mi familia: la estancia en Mendoza les va dando otro modo de hablar, de vivir y hasta de moverse.

Creo que esto tiene algo que ver con el amor. Él hace que "se nos pegue la tonada" del amado, de lo amado. Así vamos aprendiendo el idioma del otro, sus códigos, su estilo, casi sin pensarlo... es el amor el que produce esta ósmosis misteriosa.

Un amor que deja al amante inmutable, sin cambiar, sin transformación, sin asimilar al otro al menos en parte no pareciera un amor en serio. Carece de la permeabilidad que tiene el amor verdadero.

Es lo que ha hecho Dios: quiso aprender nuestro idioma, encerrarse en nuestra limitación para que el amor de la Trinidad tuviera gusto a tierra. Para que la Palabra se hiciera palabras, vida, cuerpo, caricia... Y así nosotros también pudiéramos ir balbuceando el idioma de Dios.

Cuando a alguien se le pega esa tonada... se le nota.

viernes, septiembre 15, 2006

Lo que nos hace volver

Todos nos perdemos en algún momento de la vida, del año, del día. No falta en la historia de nadie un paso en falso.

Pero afortunadamente, siempre está la posiblidad de que nos encontremos con algo o alguien que nos devuelve un atisbo de nuestro rostro original, que nos recuerda nuestra grandeza escondida o nos despierta el amor pora la belleza perdida. Y con el corazón un poco más entero, encontramos el camino de regreso hacia nuestro centro más profundo. Entonces se entiende porqué hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por cien justos. Es que el primer movimiento del alma al volver es el gozo y la primera palabra la canción.

lunes, septiembre 11, 2006

Dejarse amar IV

Encontré estos versos de Neruda leyendo Memorial de Isla Negra que ponen palabras a la experiencia del herido, de la dificultad para abrirse al amor después de las lastimaduras:

Quién no desea un alma dura?
Quién no se practicó en el alma un filo?
Cuando de a poco ver vimos el odio
y de empezar a andar nos tropezaron
y de querer amar nos desamaron
y sólo de tocar fuimos heridos,
quién no hizo algo por armar sus manos
y para subsistir hacerse duro
como el cuchillo, y devolver la herida?
El delicado pretendió aspereza,
el más tierno buscaba empuñadura,
el que sólo quería que lo amaran
con un tal vez, con la mitad de un beso,
pasó arrogante sin mirar a aquella
que lo esperaba abierta y desdichada:
no hubo nada que hacer: de calle en calle
se establecieron mercados de máscaras
y el mercader probaba a cada uno
un rostro de crepúsculo o de tigre,
de austero, de virtud, de antepasado,
hasta que terminó la luna llena
y en la noche sin luz fuimos iguales

Hay que tener mucho valor, o más díficil aún, más confianza para no sacar filo al alma después de la herida. Para que la bronca no nos gane la partida y el desengaño se vuelva nuestro traje cotidiano. Cuando el invierno llega al corazón, no siempre es una estación pasajera. A veces se instala en el alma.

Pero los que logran hacer el salto de confianza, los que se abren al amor, experimentan que la herida se vuelve serena (aunque no deje de ser herida), y que inclusive puede ser otro lugar más para que el amor se cuele más fácil o salga más fuerte del corazón. Pero es una batalla dura: pocos enemigos del corazón tan terribles como el resentimiento. Quizás sea especialmente ardua porque me parece que sólo se gana con ternura y acción de gracias, con gestos que nos hagan redescubrir que somos más que nuestra herida, que somos más que nuestra historia de lastimaduras. El que logra dar gracias por su vida a pesar de los dolores, va por buen camino a ganar esa pelea.

lunes, septiembre 04, 2006

El Santo y el Pobre

A lo largo del camino experimentamos que perdemos el centro, que de algún modo estamos desubicados, des-centrados, sin punto de apoyo en nuestro interior. En esos momentos brotan el desánimo, la búsqueda de compensaciones estériles, la queja, la depresión... pero, si uno, a pesar de estar en ese estado, sigue atento, esperando que algo nos devuelva a la fuente, tarde o temprano halla una vez más el camino al lugar del amor, a esa parte de nuestro corazón donde somos recreados y encontramos la fuerza para volver a amar.

Muchas veces el camino hasta allí se abrevia cuando nos encontramos con dos tipos de personas: el Santo y el Pobre.

Delante del Santo experimentamos ese deseo de una vida plena, íntegra, bella, cerca de Dios y solidaria de los hermanos. El amor del santo toca nuestro deseo de amar y lo enciende una vez más, nos devuelve el anhelo por una vida más intensa, más evangélica. Al ver al santo intuimos lo que Dios también quiere hacer con nosotros. Nuestro corazón se renueva.

El Pobre, por su parte, nos muestra una vez más que en medio del fárrago de preocupaciones y molestias se puede también encontrar lo esencial, porque el Pobre es aquel que vive de ello y no puede preocuparse por otra cosa. Él nos presenta el lugar donde sí o sí se hace presente la voz de Dios: el dolor ajeno.

Uno y otro nos ayudan a comenzar otra vez, a no perder el hilo de nuestra existencia, a que nuestro obrar se unifique en torno a lo fundamental.

Quizás por eso nadie tenga esa capacidad de llevarnos al corazón de la vida y de las cosas como Jesús, el que se hizo Pobre para enriquecernos con su pobreza (¡no con su riqueza, con su pobreza!) , el Santo de Dios. Quizás el Santo y el Pobre nos llevan también allí porque son quienes se identifican con Jesús más plenamente y con quienes Jesús ha decidido identificarse.

sábado, septiembre 02, 2006

Recordando a Borges

En su poema "Arte poética", el gran JLB escribe: "A veces en las tardes una cara/nos mira desde el fondo de un espejo/ el arte debe ser como ese espejo/ que nos refleja nuestra propia cara".
Tal vez sea por eso que gastamos tinta, tiempo y trabajo en escribir, pintar, cantar... porque esperamos en algún momento dar con la palabra, plasmar la imagen o encontrar la nota que nos revele el secreto de nuestra existencia. O quizás este sólo se descubra al final del camino, cuando, como también decía el maestro, toda la suma de nuestra obra tenga el contorno de nuestro rostro.

Y uno a veces tiene esa intuición sublime, de percibir (nunca del todo, nunca suficientemente) que algo de nuestra esencia se está encarnando en lo creado. Que una parte de nosotros ha emprendido un viaje hacia otros, disfrazada de arte.

jueves, agosto 31, 2006

Hacia la paz de corazón

¿Quién no desea la paz? ¿Quién no quisiera sentir la armonía de su ser, del corazón en paz consigo y con todo lo creado? Pero, ¿cómo encontrarla? Quizás un camino sea el de aprender justamente a amar nuestra no-paz, nuestras tensiones. La paz hacia la que caminamos es una pascua, una serenidad que no es ausencia de conflictos, sino, tal vez, la capacidad de convivir con ellos más serenamente.

Como decía aquella historia del jardinero que, al no poder erradicar las malas hierbas de su jardín, buscó la ayuda de especialistas. Estos, al ver que no se podían remover, le dieron un consejo de expertos: "Le sugerimos que aprenda a amarlas".

Tal vez una parte de la paz sea empezar a amar nuestra fragilidad. No para dejar que nos aplaste, sino justamente para hacer del límite algo que no nos destruye, sino un puente para el encuentro con el otro, para sentirnos vulnerables, necesitados de amor y presencia.

Algunos llegan allí, a ese lugar del corazón donde el amor vence al miedo y la paz se hace presente.

"Estoy reconciliado conmigo mismo. Odiarse a uno mismo es más fácil de lo que se cree. La gracia está en olvidarse. Pero si todo el orgullo muriera en nosotros, la gracia de las gracias sería la de amarse humildemente a sí mismo como a cualquiera de los miembros dolientes de Jesucristo". George Bernanos, Diario de un cura rural

lunes, agosto 28, 2006

Recordando a Max Scheler

Cuando estaba cursando los estudios de filosofía del seminario, tropecé con una cita de Max Scheler que me impactó profundamente: "Todo acto humano se proyecta hacia el infinito" (creo que era así, estoy citando de memoria). En ese momento percibí la enorme densidad que puede tener el gesto más cotidiano. Todo nuestro obrar gana en profundidad y responsabilidad.

¿Quién sabe que está gestando ese gesto de cariño pequeño que ahora regalamos? ¿Cómo calcular el poder de un abrazo o una palabra bien dadas? ¿Quién podrá saber las repercusiones de un "sí" o un" no" en el momento justo? En este mundo que parece por momentos marchar más allá de nuestras pequeñas existencias, qué bien nos hace recordar el enorme poder del obrar humano, aún a pesar de las circunstancias.

Hay una voz
más allá de las heridas
más allá del dolor
más allá de las desilusiones,

escuchala
dejá que vuelva abrir la puerta del alma

es la voz
que te dice
no tengas miedo
no tengas miedo
el amor arroja el temor

no temas

sólo ama
sólo ama
dejate amar
creé en lo que el amor ya percibe creciendo en tu interior

no tengas miedo

miércoles, agosto 23, 2006

Una Iglesia solidaria

Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. Consideren como propias las necesidades de los santos y practiquen generosamente la hospitalidad. Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes. No presuman de sabios. No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres. (Rm 12, 9-17)

La Iglesia es el nuevo pueblo de Dios: en la comunidad se va gestando el proyecto del Padre de un mundo unido, de la unión de los hombres entre sí y con Dios. Ese proyecto que nace del amor de Dios y se manifiesta sobre todo en la vida y la misión de Jesús, en su Pascua, de la cual nace la Iglesia.
¿Cuáles son los rasgos que debe tener esta comunidad? Uno de ellos, fundamental, es la solidaridad. Si somos comunidad, no es para vivir encerrados, sino, por el contrario, para ser cada vez más parecidos a Jesús, y por eso mismo, plenamente humanos, plenamente solidarios. Pero atención: la solidaridad es mucho más que acciones puntuales, que una ayuda ocasional. Es una actitud del corazón, un rasgo del corazón de Jesús que queremos plasme nuestro modo de vivir, de ver a los demás y de actuar en consecuencia.

Una comunidad solidaria, una Iglesia solidaria es, antes que nada, una Iglesia que siente todo dolor y toda esperanza humana como propia, una Iglesia que se deja afectar por la situación del mundo que la rodea, especialmente de los más pobres y desvalidos. Y desde allí, actúa, se compromete, pone gestos y palabras frente al dolor del otro. Busca ser en el mundo un reflejo del Dios solidario y liberador que siente como propio el dolor de su pueblo y por eso baja a liberarlo, a caminar con la gente hacia la libertad. Un reflejo de Jesús que se sintió conmovido ante el dolor del leproso, ante la multitud de hombres y mujeres que estaban “como ovejas sin pastor”, ante el sufrimiento de tantas personas que se iban presentando en su camino.

Una Iglesia que busca ser fiel a Jesús y a su Buena Noticia, entonces, es una Iglesia que, como Jesús, se deja guiar por la solidaridad. Que sale al encuentro de los que sufren, que está con la mirada y el corazón al lado de los heridos.

Esta actitud espiritual necesita concretarse en gestos. La primera carta de Juan decía que quien dice amar a Dios, a quien no ve, y no ama a su hermano, a quien ve, es un mentiroso. Desde el principio, la Iglesia se caracterizó por tener una atención especial a los más pobres, y cuanto más pasa el tiempo, más busca estar atenta a los distintos tipos de pobreza y de dolor que se van manifestando en el mundo.

Descubrir que la Iglesia es solidaria nos lleva poner la mirada siempre en el otro, a que seamos una comunidad des-centrada, con el corazón y las manos siempre atentos a las necesidades de los otros. Y esto que no es simplemente una cuestión de emoción: es también compromiso, es animarse a descubrir las causas detrás del dolor y de la injusticia, y denunciarlas.

Es natural sentirse desbordado frente a tanto dolor y pobreza. ¿Qué podemos hacer nosotros? El P. Mamerto Menapace decía: “No tenemos en nuestras manos la solución frente a los problemas del mundo. Pero frente a los problemas del mundo, tenemos nuestras manos”. Será cuestión entonces de ir encontrando donde podemos aportar, cuál es nuestro don, nuestra riqueza, para seguir construyendo una Iglesia solidaria, impulsada por el fuego del amor de Jesús.

El misterio del mal II

Segunda entrega de lo que salió en "Camino para el encuentro" en torno al tema del mal.

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En estos días hemos intentado dar algunos pasos en torno al misterio del mal. Más allá de que este siempre es un hecho que nos desborda, algo nos queda claro: Dios está del lado del hombre frente al misterio del mal. Dios es el liberador y el compañero, el que sufre con nosotros y nos lleva a la salvación.

Y en ningún momento percibimos tanto esto como cuando vemos a Jesús. Jesús ha querido compartir todo con nosotros: toda su vida es el gesto de Dios hacia el hombre que sufre, oprimido por el mal. Cuando cura, cuando consuela a los afligidos, al buscar a los pecadores, Jesús se vuelve la expresión más clara de que el Reino de Dios y el reino del mal están enemistados, que no puede haber lugar para el dolor donde está Dios.

Pero esto no es todo: Jesús no sólo viene a enfrentar el poder del mal. Viene también a sufrirlo, a asumir el misterio del dolor desde adentro. En su pasión y su cruz, en el misterio de su soledad y su experiencia de abandono, en la injusticia de su sufrimiento, vemos que Jesús ha querido vivir bien a fondo la experiencia del mal y del dolor que este produce. Dios llegó hasta el fondo de la experiencia del mal en la cruz para que nadie se sienta tan lejos que Él no pueda alcanzarlo. Hasta el fondo del mal y de la muerte bajó Jesús para que nadie se quede fuera de su abrazo y su presencia, para que aún en el colmo de la soledad y el dolor podamos experimentar su amor.

Por eso la cruz para el cristiano no es un signo de la tortura y del dolor, sino de amor. Jesús nos ha salvado no por sufrir mucho, sino porque llevó el amor a la experiencia del mal, porque nos mostró que se puede experimentar el dolor y la oscuridad y, a pesar de todo, seguir amando.

Una letra de Matisyahu

Para que se hagan una idea de las letras. De todos modos vale la pena escucharlo...

Warrior

You're the son of his majesty
Remember how it used to be
In the light of day it's easy to see
Now it's nighttime
You had to leave

You got separated from the king
Now the water's rushing and you keep trying to swim against the streams
it seems, like you're not moving the many water's gushing you gasp for air
Almost drowning ears ringing, once upon a time we were singing
One day those trees will stand and clap hands
Stream of thought getting caught in the klipa, this place is just a shell, external
Egos swell, that one'll burn ya, we fell a long way down, that eternal frown'll get you
You look vexed it's the dregs, the yetzer hara's lurking
Trying to make us forget we got a job to do
you're a priest and a prince and you can't be moved,
a priest and a prince and you can't be

You're a warrior, Fighting for your soul
Taken from a world above, and brought down to this world below

Re-unite them, re-unite them return the princess to the king,
Re-unite them, re-united, she's been taken for so long
Re-unite them, re-unite them and then she'll be filled with joy
Re-unite them , re-unite them like the days of her youth

Descended to this pit
What's this feeling can't get rid of it
I'm so sick
I Can't seem to shake it
When one retires at night weeping, joy will come in the morning
You made my mountain stand strong

You're a warrior, Fighting for your soul
Taken from a world above, and brought down to this world below

Say like an ancient memory
Remember how it used to be
Close your eyes and breath in
the scent of freedom
Ringing across the sea
Land of milk and honey
One day will wake up from this dream and we'll stop sleeping
Oh, yo, then we'll see clearly

You're a warrior, Fighting for your soul
Taken from a heavens above, and brought down to this world below

Beat Boxing

En estos días vengo escuchando a Matisyahu, un cantante judío ortodoxo que hace una mezcla (a mi gusto genial) entre reggae, hip-hop y canción hebrea tradicional. Además de que tiene mucho ritmo y unas letras geniales, algo que me encanta es que hace beat boxing, es decir, percusión con su boca. Lo cual me dejó pensando que al final el primer instrumento musical siempre es el cuerpo. Y me parece glorioso esto de poder convertir el propio cuerpo en ritmo. Convertirse en música... hacerse canción, hacerse ritmo... debe ser algo casi místico...

lunes, agosto 21, 2006

Dejarse amar III

Cuando nos vamos animando a amar, muy pronto aparecen las heridas. Aquello que nos da miedo, nuestra fragilidad, nuestro niño herido se anima a salir a la luz cuando el amor se hace presente. Esto puede parecer paradójico, pero mucha veces el amor antes que llevar a la serenidad dispara la crisis. Se tambalean seguridades, aparecen los miedos, el pasado llega para asustarnos diciendo que una vez más seremos lastimados, que esta vez tampoco seremos bien amados o que no tendremos la fuerza para amar bien. Con el amor viene la crisis, la constatación de que nuestro corazón no está tan bien equipado como nos gustaría.

Pero ese es sólo el primer momento del amor... el momento purgativo, me animaría a decir. Si nos animamos a confiar en medio de la oscuridad, llevados de la mano del amor, si descubrimos que el amor que se nos regala es más grande y fuerte que nuestras lastimaduras... entonces podemos ir más allá de las heridas. Estas no siempre desaparecen, pero sí se transfiguran.. podemos acariciar nuestro dolor, amar nuestra fragilidad o al menos vivir con ella más serenamente.

Sin embargo, la oscuridad siempre aparece. No hay que tenerle miedo, pero tampoco ignorar que estará, y saber que a veces la voz de las heridas clama con fuerza. Sin embargo, con el paso del tiempo, vamos descubriendo ese sonido sutil en medio de los clamores, el murmullo del manantial que nos lleva a nuestro centro más profundo, al dar y recibir... y ese sonido se vuelve la melodía de fondo de la existencia.

viernes, agosto 18, 2006

Sacramentos: el mate

El mate tiene la particularidad de ser algo sumamente sencillo pero a la vez provisto de una ritualidad profunda. La liturgia de su preparación en esta época de té y café instantáneo es un espacio privilegiado para detenerse y volver a descubrir el tiempo para el encuentro, para saborear las cosas (¡el otro día me enteré que existen cursos de cata de mate!).

Preparar la yerba, ajustar la bombilla, llevar el agua al punto exacto... cada uno tiene sus mañas y sus gustos. Con poca cosa se hace mucho y el mate se vuelve también expresión de uno mismo.

Es un sacramento del encuentro porque la compartida misma va haciendo que uno tenga que detenerse, escuchar al otro, tomarse el tiempo también para contestar. Si uno lo toma solo, ir cebando de a ratos ayuda a frenar la vorágine de la mente.

Sabe estimular pero de a poco, trayendo sabor y despertando despacito, sin apurarse... como para aprender que a las cosas se les toma el gusto con serenidad. Así deja regusto por mucho tiempo. Lo que llega despacio también tarda en irse y así es con el mate.

Para mí es un ritual fundamental, compañero de ratos largos de oración y también de charlas con amigos, de escucha y respuesta rumiada, saboreada lentamente... como un buen mate.

El amor de quien quiero hablar

Cristóbal Fones es un jesuita chileno que compone y canta canciones muy buenas y profundas. Entre otras que me vienen ayudando a rezar, está esta que dedicada al corazón de Jesús con letra del jesuita Jorge Méndez. La comparto aquí. Yo también quiero hablar de ese amor.

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Quiero hablar de un amor infinito,
que se vuelve niño frágil;

amor de hombre humillado.

Quiero hablar de un amor apasionado.


Con dolor carga nuestros pecados,

siendo rey, se vuelve esclavo;

fuego de amor poderoso,
salvador, humilde, fiel silencioso.

Amor que abre sus brazos de acogida;

quiero hablar del camino hacia la vida.

Corazón paciente, amor ardiente;
quiero hablar de aquél que vence a la muerte.

Quiero hablar de un amor generoso,
que hace y calla, amor a todos;

buscándonos todo el tiempo,

esperando la respuesta, el encuentro.


Quiero hablar de un amor diferente,

misterioso, inclaudicable;

amor que vence en la cruz.

Quiero hablar del
Corazón de Jesús.

miércoles, agosto 16, 2006

Camino a la ordenación


Parece mentira pero en menos de tres meses junto con dos compañeros más vamos a ser ordenados sacerdotes. Este 27 de octubre será el día de nuestra Pascua, de nuestro paso... a una vida nueva, a una nueva etapa.

Es tradición que el grupo de sacerdotes elija un lema de ordenación, una frase que sintetice lo que ellos desean vivir en su ministerio. Nosotros elegimos "Vivan en la acción de gracias", de Colosenses 3, 15b. Una traducción más literal sería algo así como "Sean agradecidos", o eujaristoi ("¡eucarísticos!").

Nosotros vamos a ser hombres de la acción de gracias. La eucaristía, la acción de gracias, la misa, va a ser el centro de nuestras vidas. La celebración donde llevemos todo lo vivido cada día, lo que la gente trae como búsqueda, alegría, dolor, anhelo, esperanza, angustia... para entrar juntos en la gran acción de gracias de Jesús al Padre. Jesús, que dio gracias y puso un signo de amor en medio de la soledad, la angustia y la cercanía de la muerte. El momento de la máxima soledad es el del máximo don, la plena entrega. Yo quisiera estar al servicio de ese amor.

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"La palabra Eucaristía significa, literalmente, "acción de gracias". Una vida eucarística debe ser vivida con agradecimiento. La historia de los dos amigos que iban a Emaús, que estambién nuestra propia historia, nos ha mostrada que el agradecimiento no es una actitud obvia ante la vida. El agradecimiento necesita ser descubierto y vivido con gran finura interior. Nuestras pérdidas, nuestras experiencias de rechazo y abandono y nuestros muchos momentos de desilusión no dejan de arrastrarnos a la ira, la amargura y el resentimiento. [...]

Jesús nos dio la Eucaristía para que pudiéramos optar por el agradecimiento. Es ésta una opción que nosotros mismos tenemos que tomar y que nadie puede tomar por nosotros.
[...]

Podemos elegir dejar al desconocido que prosiga su viaje y siga siendo un extraño. Pero también podemos invitarlo a nuestra intimidad, dejarle que toque cada partícula de nuestro ser y tranforme nuestros resentimientos en agradecimiento."

Henry Nouwen, Con el corazón en ascuas, pp. 101-103.

Requiem por una bicicleta

Me la regalaron hace tan poco... vino con la ordenación diaconal, sencilla y luminosa, con la simplicidad que necesitaba. El nombre vino rápido: "La Sufrida". Pobre bici, tenía que cargar con mis (en ese momento, ya bajé diez kg) 93 sin queja y sin resuello. Sin mucho uso, la dieta me hizo sacarla a tiempo y destiempo, y nos estábamos llevando bien.


El preludio del fin fue hace una semana. El pedal se cayó mientras subía el túnel de las cuatro barreras. La llevé a arreglar, seguro de la sonrisa del dueño de la bicicletería. ¿Cómo imaginar que diez días después se repetiría el episodio? Sin bicicleterías y con el tiempo justo, la dejé encadenada confiando en volver a la brevedad. La vorágine de la pastoral hizo que ese momento se demorara hasta un par de días. Entonces me topé con la aplastante realidad, o mejor, me topé con la nada, el vacío de bicicleta, y de candado. Tuve que salir a caminar un rato para sacerme la bronca.

¡Oh experiencia, linterna que iluminas hacia atrás, qué magro es tu consuelo! Ahora sólo me queda esperar, ahorrar, y ser más prudente la próxima vez.

miércoles, agosto 09, 2006

El misterio del mal

Hace un par de meses empecé un programa en la radio parroquial, llamado "Camino para el encuentro". Son pequeñas meditaciones que acompañan la catequesis. Esta semana y la siguiente sale el tema del mal. Esto es lo que fue saliendo de mi reflexión.

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A lo largo de la historia, el ser humano se ha preguntado siempre ¿por qué pasan cosas malas? ¿Por qué el hombre elige muchas veces hacer mal a los otros, por qué el crimen, las guerras? Pareciera que la capacidad del hombre para lastimar y lastimarse no tiene límites. Más todavía nos cuestiona el sufrimiento del inocente. ¿Por qué sufren los niños, por qué las catástrofes naturales que, para colmo, parecen atacar preferentemente las zonas más desprotegidas de la tierra? ¿Por qué personas justas sufren persecución mientras que tantos culpables siguen libres de poder dañar a los demás? ¿Por qué las injusticias? Para el creyente, estas preguntas son más que planteos teóricos. En seguida nos sale cuestionarlo a Dios. ¿Qué pasó en el campo del mundo que de golpe hay semilla mala? ¿Cómo es posible? No es verdad que el misterio del mal sea más fácil de aceptar para el creyente; más bien al contrario. ¿Cómo conciliar a un Dios que es amor con la muerte injusta de tantos niños, con el sufrimiento de tantos hombres y mujeres inocentes?

Frente al escándalo que nos produce el mal, algunos eligen desterrar a Dios: Si pasan cosas malas, es que Dios no existe. Otros dicen: El mal existe, pero no es culpa de Dios. Pero entonces pareciera que Dios y el mal no tienen nada que ver, que Dios no tiene nada para decir sobre el mal.

La reacción creyente al enfrentar el escándalo del mal no debiera ser simplemente la de excusar a Dios. Como cristianos tenemos derecho a preguntarnos y preguntarle a Dios sobre el mal, porque es una parte de nuestra vida y una realidad que, por su peso y su importancia, tiene que ver también con nuestra fe. Creo que un peligro es querer buscar soluciones fáciles, o respuestas hechas. Y frente a esto, es bueno recordar que el mal es un misterio, es decir, una realidad que nos desborda, que nunca se puede terminar de explicar.

Sin embargo, Dios tiene una palabra para decir frente al mal, Dios está en contra del mal. La respuesta que Dios nos va a dar, sin embargo, no será una explicación teórica. Frente al mal, Dios se compromete: vence al mal con amor. Nosotros creemos en el Dios liberador, que siente el dolor de los demás como propio, el Dios que quiere participar de nuestras luchas y que se deja tocar por nuestros interrogantes. Animarse a preguntar es parte de la experiencia de la fe, y parte del camino para ser más libres. Como se animó a preguntar Jesús al decir “Dios mío, ¿por qué me abandonaste?”

lunes, agosto 07, 2006

Andar descalzo

Para hombres de pies grandes como los míos, poco adaptables al zapato contemporáneo, la sandalia es un oasis... y andar descalzo la tierra prometida.

Caminar sin nada entre el suelo y uno, dejar que el fresco del piso despierte al cuerpo desde abajo. Si es por el pasto, percibir que las hojas se cuelen entre los dedos. Si es en la arena, sentir como se amoldan los granos al pie. Y quizás, animarse a que el agua se arrime.

De golpe, poner los pies sobre la tierra es algo más concreto de lo que me hubiera imaginado. Y más sanador también.

jueves, agosto 03, 2006

En una misma línea...

... les dejo este texto de un libro muy interesante que estoy re-leyendo:

No puedes amar a otro si no estás empeñado al mismo itempo en la obra espiritual, hermosa pero difícil, de aprender a amarte a ti mismo. Cada uno de nosotros tiene al nivel del alma un manantial enriquecedor de amor. En otras palabras, no necesitas buscar fuera de ti el significado del amor. Esto no es egoísmo ni narcicismo, obsesiones negativas sobre la necesidad de ser amado. Por el contrario, es el manantial del amor en el corazón. Por su necesidad de amor, las personas que llevan una vida solitaria suelen tropezar con este gran manantial interior. Aprender a despertar con sus murmullos la profunda fuente interior de amor. No se trata de obligarte a amarte a ti mismo, sino de ser reservado, de incitar a ese manantial de amor que constituye tu naturaleza más profunda a surcar toda tu vida. Cuando esto sucede, la tierra endurecida de tu interior vuelve a ablandarse. La falta de amor lo endurece todo. No hay mayor soledad en el mundo que la del que se ha vuelto duro o frío. El resentimiento y la frialdad son la derrota final.

Si descubres que te has endurecido, uno de los dones que debes otorgarte es el del manantial interior. Incita a esta fuente interior a que se libere. Remueve el sarro dentro de ti a fin de que poco a poco, en una bella ósmosis esas aguas nutricies penetren e inunden la arcilla endurecida de tu corazón. Donde antes había tierra dura, yerma, impermeable, muerta, ahora hay crecimiento, color, nutrición y vida que fluyen del hermoso manantial del amor. Ésta es una de las formas más fecundas de transfigurar la negatividad que hay en nosotros.

Se te envía aquí a aprender a amar y recibir amor. El mayor don que el nuevo amor trae a tu vida es el despertar del amor oculto en tu interior. Te vuelve independiente. Ahora puedes acercarte al otro, no por necesidad ni con el aparato agotador de la proyección, sino por auténtica intimidad, afinidad y comunión. Es una liberación. El amor debería liberarte. Te liberas de esa necesidad ávida y abrasadora que te impulsa continuamente a buscar afirmación, respeto y significación en cosas y personas fuera de ti. Ser santo es hallar la propia patria, poder descansar en esa casa de comunión y arraigo que llamamos alma.

John O’Donohue, Anam Cara, pp. 44-45, Eds. Planeta.

Dejarse amar II

Me pidieron que siguiera escribiendo sobre esto... con un poco de temor a repetirme, sigo viendo qué puedo sacar de esto.

Don Físico hablaba del miedo que tenemos a no poder responder bien al amor. A veces nos da miedo amar porque ¿y si no nos sale? ¿Y si nos quedamos a mitad de camino? ¿Y si no podemos ser fieles al amor recibido? ¿Será trigo o cizaña nuestro amor? Cuando empezamos, imposible saber. Y entonces más de una amistad, relación de pareja, o cualquier otro vínculo quedan truncos antes de empezar. Segamos la posibilidad por miedo a la desilusión.

Se me ocurren dos cosas. La primera es que cómo hemos sido amados repercute en la confianza que podamos o no tener en nuestra capacidad de amar. Cuando las lastimaduras son grandes, cuando no hemos sido bien queridos, es más difícil también animarse a amar. Los huecos del amor nos van haciendo que el camino sea más accidentado. Conocer esos huecos es una tarea fundamental, pero sobre todo, llenarlos con una ternura más grande que ellos. Cuando podemos experimentar ese amor mayor, descubrimos que el amor tiene nombre de redención, de rescate. Más de uno de nosotros tendremos la experiencia de un amor que nos ha salvado de nosotros mismos, de caer en la melancolía o la desesperación. De que en las horas oscuras se nos ha tendido una mano. Alguien ha impedido que caigamos del todo en el abismo.

La segunda es que cuando somos amados, somos liberados para dar amor también. Un amor que sojuzga y no permite devolver el amor no es amor de verdad. Si no hay reciprocidad, recibir y dar, algo falla. Si el amor del otro no me hace más libre, más autónomo, algo no está bien. La gracia del amor nos da una renovada habilidad para amar. Poder decir "Yo también te quiero" es una de las experiencias más bellas que hay. Es descubrir que podemos amar, no a pesar de nuestras heridas, sino inclusive gracias a ellas, porque han sido surcos para que en ellas se cuele el don... y así aprendamos a amar. Porque lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado, como decía Bernárdez. Porque en el dolor que nos da a aveces nuestra incapacidad para amar, puede estar anidando un amor nuevo. Quizás más sencillo y humilde. Pero por eso mismo infinitamente más real.

domingo, julio 30, 2006

Sacramentos: el abrazo

La palabra sacramento, para muchos, habla de velas, iglesias, liturgias cargadas e incomprensibles, exigencias burocráticas de las jerarquías religiosas para quedar bien con Dios. Nada más lejos, sin embargo, de la realidad.
Los sacramentos, para el creyente, son signos. Signos eficaces, es decir, gestos y palabras que comunican efectivamente aquello que quieren transmitir. No son teatro, ni tampoco ritualismo. Creemos que en ellos se nos ofrece el amor de Dios hecho gracia para una situación peculiar.Esta capacidad que tienen los sacramentos se ofrecen también, de un modo distinto, en distintas realidades de la vida. Hay signos eficaces de la vida. Ritos, gestos, palabras cotidianos (y no tanto) que comunican mucho con poco.


Para mí, pocos sacramentos de ese estilo como el abrazo. Hay distintos modos de abrazar; hay gente que no sabe hacerlo, o no puede; hay otros que abrazan mal, que lastiman o buscan retener al tomar a alguien en sus brazos. Pero cuando recibimos un abrazo bien dado... es el amor hecho cuerpo, hecho firmeza y suavidad, calor y manos. Y cuando uno puede estrechar a alguien en sus brazos, afirmarlo, hacer del cuerpo hueco y refugio... hacerse guardián del dolor o del cariño del otro, porque sólo en el abrazo se pueden soltar algunos sentimientos. El dolor, la alegría, el amor grande piden el abrazo como espacio de libertad.

El abrazo del reencuentro; del perdón; el de la amistad; el de la pasión; el del llanto y el triunfo... todos nos recuerdan que de un abrazo nacimos y hacia otro abrazo vamos...



Nosotros tenemos la alegría de nuestras alegrías, y también tenemos la alegría de nuestros dolores porque no nos interesa la vida indolora que la civilización del consumo vende en los supermercados, y estamos orgullosos del precio de tanto dolor que por tanto amor pagamos. Tenemos la alegría de nuestros errores, tropezones que prueban la pasión de andar y el amor al camino ; y tenemos la alegría de nuestras derrota, porque la lucha por la justicia y por la belleza vale la pena también cuando se pierde. Y sobre todo, sobre todo tenemos la alegría de nuestras esperanzas : en plena moda del desencanto, cuando el desencanto se ha convertido en artículo de consumo masivo y universal, seguimos creyendo en los asombrosos poderes del abrazo humano.

Eduardo Galeano

jueves, julio 27, 2006

Dejarse amar

No hay desafío mayor que dejarse amar. Aceptar que somos radicalmente receptivos, que lo primero ha sido siempre el regalo, el don (algo dije en un post anterior sobre esto). Hay una herida en el corazón que no termina de dejarse amar, una zona que siente amenazada por el amor. ¿Por qué tenemos tanto miedo de que nos quieran? Me acuerdo de se poema de Borges: "Es el amor. Tendré que ocultarme o o que huir". Quizás porque de golpe nos descubrimos vulnerables, porque alguien ha tocado una fibra de necesidad y de golpe ese puño que es muchas veces nuestra alma se abre despacio, esperando que alguien la aferre con ternura...
La mayor tentación es pensar que no somos dignos de amor, que esa parte de nosotros que nos dice que la oscuridad es mayor que la luz en nuestro corazón es la que dice la verdad de nuestro ser. El abismo puede a veces llamar con fuerza... Y en el fondo toda herida es algo que nos ha dicho que no meremos el amor, que estamos llamados a ganarlo, a hacer algún tipo de esfuerzo artificial para conseguir aquello que debe, por su misma esencia, ser regalado.

Por eso no hay acto de fe mayor que creer (sólo en el amor se puede creer, y sólo la fe nos lleva hacia el amor, sólo la confianza); por eso quien no se deja amar, quien no se siente digno de amor, desespera. Y quien se sepa amado sabrá siempre que a pesar de todas sus miserias en él brilla una luz inextinguible.

Para disfrutar de la vida



Una de mis hermanas está estudiando para sommelier. Me parece sensacional descubrir que el gustar de ciertas cosas, aún las más esenciales, como la comida y la bebida, pide una aprendizaje. Hace falta despertar del embotamiento en que a veces se encuentra sumida nuestra capacidad de gozar y disfrutar. Saborear las cosas pide entonces tiempo, paciencia y maestros.

Por eso pensaba... ¿y si largamos una escuela de sommeliers, pero para la vida? Pedirle a gente que nos ayude a captar los distintos matices, los tonos y colores, el cuerpo y el gusto de los acontecimientos cotidianos, que a veces sentimos insípidos pero sin embargo están esperando a que nuestros sentidos y nuestro corazón estén lo suficientemente aguzados como para realmente vivirlos a fondo.

Podríamos pensar en profesores que nos abran los ojos a las minucias que sólo el auténtico sommelier capta y aprecia. Otros nos ayudarían a que la degustación no sólo se haga bien, sino con estilo, con gracia (porque la vida es buena y verdadera, pero también bella)... y los últimos cursos serían para que nos enseñen a pasar los tragos amargos y fuertes, que son los más difíciles de pescarle el gusto... pero que también nos pueden dejar lo suyo.


Al fin y al cabo, "sabor" y "sabiduría" tienen la misma raíz, ¿no es cierto? Y para el creyente, se trata de "gustar y ver qué bueno es el Señor". La verdadera sabiduría es la del que tiene la experiencia que desde los sentidos llega al corazón y se retraduce en una capacidad de vivir bien, vivir a fondo...

¡Salud!



martes, julio 18, 2006

Una historia de los Padres del Desierto


El abad Lot vino a ver al abad José y le dijo: «Padre, me he hecho una pequeña regla según mis fuerzas. Un pequeño ayuno, una pequeña oración, una pequeña meditación y un pequeño descanso. Y me aplico según mis fuerzas a liberarme de mis pensamientos. ¿Qué más debo hacer?».
El anciano se puso en pie, levantó sus manos al cielo y sus dedos se convirtieron en diez lámparas de fuego. Y le dijo:

«Si quieres, puedes convertirte del todo en fuego».


domingo, julio 16, 2006

Un haiku (¡Gracias Alemama por la inspiración!)


Para el lejano
qué frías son las nieves
si no se pisan.

Saliendo con lo puesto - 15° domingo del tiempo durante el año, ciclo B

Marcos 6,7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: "Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa." Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Desde el principio de su misión, Jesús no estuvo solo. Los discípulos lo acompañaron. Sobre todo, hubo doce que él llamó de un modo especial para que estuvieran con él y para que luego salieran a predicar.

Estos doce vienen de tener hecho un camino con Jesús. Lo han visto predicar. Lo han visto curar. Y hace muy poco... lo han visto también fracasar. A estos doce Jesús ahora, como había planeado en un momento, los llama y los envía a predicar. Les comparte su poder, su capacidad de curar, de expulsar el mal. Los discípulos son enviados a ser, en medio de la gente, una transparencia de Jesús, una visita de Jesús en los distintos lugares a los que son enviados.


Por eso mismo, no son enviados así nomás. Hay una serie de rasgos que son interesantes para nuestra misión también hoy.

1. Lo importante es el mensaje. Jesús hace un énfasis especial en lo que no se debe llevar para la misión. Apenas algo para caminar más cómodos, es decir, para llegar bien a destino. Todo lo demás parece sobrar. Lo importante para Jesús es el mensaje. No hacen falta grandes medios y recursos, que inclusive, parece, pueden entorpecer nuestra misión. A veces nos puede pasar que pensemos que hacen falta muchas cosas para llevar adelante bien nuestra misión. Jesús nos recuerda que lo primero y principal, que el lugar donde nos tenemos que apoyar, es en nuestro vínculo con él. Lo importante es que compartimos su vida y su mensaje, y lo demás... sobra.

Nos podríamos preguntar... ¿no estamos esperando demasiadas cosas a la hora de anunciar a Jesús? ¿No pretendemos a veces demasiadas seguridades? Jesús nos invita a transmitir su Evangelio “con lo puesto”, con lo que tenemos y sabemos. Este envío no está hecho al final del Evangelio, sino en la mitad. Los doce aún tienen mucho por aprender, pero parte de ese aprendizaje va a a pasar por la misión.

2. Como Jesús, también nosotros. En el fondo, la cuestión es descubrir que estamos llamados a misionar “al estilo de Jesús”. Nuestra misión reside en vivir como él, que, con la sencillez de su vida y su palabra transmitía el reino. Para eso, como dice la segunda carta de un modo tan lindo, hemos sido elegidos: para que nuestra vida sea como una canción, una alabanza a Dios. Si arraigamos nuestra comunión con Jesús, desde ahí nos animamos a salir “con lo que tenemos”. Creo que en general el miedo y la dificultad para salir a anunciarlo a Jesús es no estar tan arraigados en él. Quizás nos falta que nuestra experiencia de Jesús sea un poco más profunda. Cuando las raíces no son profundas, sentimos la necesidad de agarrarnos de otro lado, de que nuestra seguridad y nuestra identidad pase más por cosas que por nuestro vínculo con él, por nuestro estar con Jesús.

3. Confiar que el Padre y Jesús nos acompañan. Cuando Jesús envía a los apóstoles, les dice también que va a haber gente que los va a recibir. Jesús sabe que, si bien la experiencia de la misión es difícil, y puede (y habrá) experiencias de rechazo, también habrá gente que nos recibirá. Al menos en una casa de todo el pueblo. Acá, me parece, en esta indicación, se oculta una certeza profunda: La misión la guía, antes que nada, Dios. Jesús, el mismo que nos envía, es también el que irá suscitando gente que nos reciba y acompañe. Saber que la misión es un camino realizado de la mano de Dios nos permite también ser más libres y despojados.

La eucaristía es donde una y otra vez, el Señor nos llama y nos reúne “para que estemos con él y para enviarnos a predicar”. Por eso todas las celebraciones terminan siempre con un envío. Porque no venimos acá simplemente a estar con Jesús. Sino también a encontrar las fuerzas y la certeza de que él nos guía y nos lleva al encuentro de los demás.

sábado, julio 08, 2006

Sorprendidos por el amor

Al fin y el cabo, el amor siempre nos sorprende, porque es regalo... porque es gracia, porque es don. ¿Quién podría alegrarse del todo de un amor "conseguido", o peor, comprado, adquirido? La paradoja es que queremos ser amados gratuitamente: aquello que más amamos es también aquello que no podemos buscar, sino esperar con manos abiertas. Y cuando el amor nos sorprende, tenemos esa extraña mezcla de sentimientos... la sorpresa, pero a la vez, la convicción profunda (que crece con el tiempo) de que todo, absolutamente todo nos ha llevado a ese momento. Como dice esa chacarera "cuando descubrí tu huella/ ya habitabas mi destino". Descubrimos cada vez más que el amor antes de ser desborde, ha sido un hilo de agua que serenamente ha guiado nuestra historia hasta la fuente. Y así, aún los momentos más oscuros se vuelven cauce para el encuentro de hoy.

martes, junio 27, 2006

Y todo terminará bien

Releyendo la Revelación del amor divino de Juliana de Norwich, una mística inglesa del Siglo XIV, vuelvo a maravillarme de uno de los pasajes más conocidos de esta espiritual relativamente ignota, al menos para estos parajes argentinos. En un momento de su obra dialoga con Jesús crucificado, y le pregutna por el sentido del pecado. ¿Por qué Dios no frenó de antemano el pecado? Así todo hubiera terminado bien. Y Jesús entonces le contesta:

"Es verdad que el pecado es la causa de todo este dolor, pero todo terminará bien, y todo terminará bien, y todas las cosas terminarán bien". Dijo esto con tanta ternura, sin echarme la culpa a mí o a nadie más...


Al mismo tiempo que leí estas frases por primera vez, recibí una estampa con la imagen del crucifijo que está en el castillo de la familia de S. Francisco Javier. Este crucifijo tiene una particularidad: en él, Jesús sonríe. No puedo evitar pensar que es la sonrisa de saber que, en la Pascua, Dios se ha asegurado que "todo terminará bien". Cuando la angustia me asalta, cuando mi futuro se hace incierto, me repito estas palabras que Juliana pone en boca de Cristo, recuerdo la imagen... y yo también sonrío.


lunes, junio 26, 2006

Color Esperanza

El tiempo durante el año empezó hace dos semanas, pero este es el primer domingo que se nota más, porque las fiestas de Trinidad y Cuerpo y Sangre del Señor prolongan un poquito más el clima pascual. Mañana posteo "las sobras de ayer", esto es, un apunte sobre los textos del domingo (por si alguien quiere recalentar en microondas en algún momento de hambre o desea picotear algo en la semana).

Me gustó ver hoy a la Iglesia una vez más de verde. Nos toca volver a lo cotidiano con un espíritu renovado, subirse a la barca, andar los caminos del día a día con Jesús de Nazaret, iluminados, sí, por la Pascua, pero en lo concreto del camino que nos toca ahora. Por eso el verde: el color de lo que ya empieza a ser, pero todavía no.. el color de lo que falta aún madurar. Pero por eso mismo, también un color de esperanza. De lo que empieza a crecer pero aún no es cosecha. Será cuestión de descubrir, ahora, donde está empezando a hacerse Pascua nuestra vida, donde empieza a haber brotes de Evangelio en medio del trajín diario.

sábado, junio 24, 2006

Corazón de Jesús

Dame, Señor, la gracia de ser
el hombre con el corazón traspasado,
única forma de ser tu sacerdote.
Karl Rahner


Ayudame a mirar más hondo, a percibir dónde la vida se está haciendo Pascua en medio de la muerte, a encontrar tu verdad que puja hacia la luz, a que la gente descubra que vos estás con ellos, caminando a su lado... partir el pan será ayudar a que te reconozcan.
Enseñame las palabras del amor, las que tocan el alma para hacerse vida y abrazo, las que dan luz porque son tuyas y llevan el acento del cielo. Que pueda regalarme y regalarte en cada una de ellas. Cada caricia será tuya, cada mirada un reflejo.
Belleza escondida, que tocás a la puerta en la hora oscura, para que la roca se haga una vez más manantial... corazón ardiente, todo para Dios, todo para los hermanos... que pueda vivir en tu corazón, que me atreva a dejar traspasar por el amor y el dolor, el tuyo y el de los hermanos... que no tenga miedo de vivir con el corazón expuesto, como lo hiciste vos. Misterio de fuego, hoguera de cruz y amor, corazón ardiente, corazón amigo, cada latido amor entregado... en vos confío, con vos me animo, por vos me entrego.

Para avivar la esperanza

Estoy releyendo por enésima vez la "Meditación para tiempos difíciles" del Cardenal Pironio. Es uno de los textos más bellos que he leído en mi vida. Transcribo nomás dos pedacitos de esta pequeña obra que parece haber sido escrita esta misma mañana después de leer los diarios.

"Pero hoy hacen falta más que nunca profetas de esperanza. Verdaderos profetas -hombres enteramente poseídos por el Espíritu Santo- de una esperanza verdadera. Es decir, hombres desinstalados y contemplativos que saben vivir en la pobreza, la fortaleza y el amor del Espíritu Santo, y que por eso se convierten en ardientes y serenos testigos de la Pascua. Que nos hablan abiertamente del Padre, nos muestran a Jesús y nos comunican el don de su Espíritu."

"Jesús no anula los tiempos difíciles. Tampoco los hace fáciles. Simplemente los convierte en gracia."

domingo, junio 18, 2006

En la fiesta de María

Recientemente me regalaron un par de imágenes de la Virgen hechas por carmelitas del Japón en el estilo del arte local. Una de ellas me suscitó la siguiente reflexión. Es un cuadro de María invocada como "causa de nuestra alegría".

En las manos de María está Jesús, nuestra alegría verdadera, aquella que nadie nos podrá quitar. La presencia de María es portadora de alegría porque es portadora de Jesús. Así como en la visitación Isabel y Juan Bautista se alegran porque con María viene también Jesús, más de una vez la alegría es signo de una presencia escondida de Jesús. Los que creen, como Isabel, intuyen detrás del gozo...

María sabe de la alegría en clave cristiana, que siempre será en clave pascual. Es la alegría que sabe convivir con el dolor, con la inquietud, porque abreva en la certeza de que Dios nos ama y no nos abandona, pero tampoco nos adormece. El gozo cristiano es un gozo realista. Es la canción cosechada después de regar con lágrimas. El gozo de María es el de haber parido a Jesús para el mundo y parir después su fe de discípula entre las oscuridades de la cruz, donde se gestaba el nuevo nacimiento de los hombres, que ella recibía como Madre en la figura del discípulo amado y que estallaría en Pentecostés. Una y otra vez, el Espíritu guió a María hacia la confianza en la fidelidad de Dios, para quien nada es imposible. El Espíritu, cuyo fruto es el amor y la alegría.

María hoy intercede por nosotros para que podamos vivir ese gozo, esa alegría profunda porque tiene sus raíces en el misterio de la Pascua, y por eso mismo brota en el seno de la oscuridad, donde muchas veces se está formando la alegría del mañana.

sábado, junio 17, 2006

Un icono de la oración

El hombre que aparece en esta foto es Pedro Arrupe, quien fuera superior general de los jesuitas antes del actual, Hans Kolkenbach. Vivió muchos años en Japón (estuvo allí cuando cayó la bomba atómica), y de allí tomó el gustó de rezar en la postura acostumbrada por los orientales. Me encanta esta foto. No sólo por ser de alguien a quien admiro y leo. Sino por la belleza de su simplicidad. Los zapatos a un costado; la sotana; el rostro tierno y sereno; las manos abiertas hacia abajo; la luz misma discreta; y la cruz insinuada por el panel, detrás del cual espiamos el misterio que siempre es el encuentro del otro con Dios. Además, es un icono de encuentro: un occidental rezando como oriental; un cristiano en postura budista. Pero, quizás lo que más me gusta de esta imagen es que me despierta un deseo enorme de orar, de abrirme en silencio a la brisa suave, de beber sorbitos de amor, serenidad y comunión. Como haría el P. Arrupe.


jueves, junio 15, 2006

No me pude resistir

Tener un ninja en el blog es un pequeño modo de cumplir un sueño de la infancia. ¿Cómo resistirme? ¡Gracias Xavmp por el dato!

Ninja!

Anticipo del cielo


Éste es el salón de lectura del British Museum. Lo encontré navegando y flasheé. No digo que mi cielo sea sólo esto (habrá también gente querida, picadas eternas, acequias, buena música...). ¡Pero tiene que haber un salón que sea por lo menos así de bueno!


miércoles, junio 14, 2006

Sobre los ritos

Hace un tiempo leí una frase que me gustó mucho (si mal no me acuerdo era de un psicólogo llamado Schellenbaum): "la cabeza siempre pide algo distinto, pero el corazón siempre quiere lo mismo". Hoy por momentos pareciera que estamos entonces viviendo más desde la cabeza que del corazón, y quizás por eso, en parte, hay tanto vacío emocional... ¿no hay demasiada gente ya buscando aferrar el agua con las manos, buscando saciarse en cisternas agrietadas, como decía Jeremías?

Lo interesante es que esta frase estaba en un libro sobre los ritos (no sólo los ritos religiosos, sino los ritos en general). El rito responde a esta necesidad profunda del corazón humano. Su valor consiste justamente en su repetición. Attenti, sin embargo, porque la repetición no es mecánica, sino consciente y natural, es decir, hecha como algo que brota de lo profundo de tal modo que parece ser casi espontáneo. Por paradójico que suene, esta naturalidad no se obtiene en la mayoría de las veces sino con un cierto esfuerzo y dedicación, como cuando vemos a un pianista desplegarse sobre el piano y parece que tocara esa misma pieza desde que nació, sin poder intuir el trabajo detrás de esa ejecución.

Es sumamente sanador descubrir esos ritos como espacios donde recobramos sentido, donde la realidad gana en densidad, donde nos abrimos a una comprensión y una experiencia más profunda de nosotros mismos, de nuestra historia, de los demás y también de Dios. Y es justamente su repetición la que hace que uno entre progresivamente en su riqueza y en el propio hondón.

Habrá ritos más cotidianos y otros reservados a los momentos nucleares de la vida, pero aún estos últimos necesitan algún tipo de actualización o recordatorio para que no los olvidemos, para que sigamos abrevando en la riqueza que nos regalan.

Un par de textos que recomiendo para profundizar en este tema son El gozo de vivir. Rituales que sanan, de Anselm Grün, y releer el diálogo con el zorro del Principito de Saint-Exupéry.

martes, junio 13, 2006

Después de ver "Los Coristas"...

... me vuelvo a maravillar del enorme poder de la belleza para tocar el corazón humano, para sacar de él lo mejor que tiene de sí. No a la fuerza, sino enamorando, despertando las fíbras más profundas del alma que a veces el dolor y la traición de la confianza han ocultado para resguardarlas, a la espera de que la belleza venga a su rescate.
Como dice el "Himno a la Noche" de Rameau, que en un momento de la película los chicos entonan, "¿Hay una verdad más dulce que la esperanza?".
Probablemente tuviera razón Dostoievsky cuando dijo que "sólo la belleza salvará al mundo".

lunes, junio 12, 2006

Un Dios enamorado

Como hace muy poco me mudé a mi flamante parroquia (estuvimos de obra), estos días me tuvieron ocupado en el desempaque y organización de mi biblioteca, oportunidad excelente para leer párrafos amados y encontrarse con viejos amigos. Cuando terminé de leer mi post sobre la Trinidad, me di cuenta que en un momento había escrito que los Tres están "enamorados de lo que han creado". Esa expresión tan linda no es mía, sino de Sta. Catalina de Siena (le debo un post desde el 29 de abril que ya está viniendo). Y la saqué de esta parte de su opera magna, que es "El Diálogo":

¡Oh Padre eterno, fuego y abismo de caridad; eterna belleza, sabiduría eterna, bondad eterna, clemencia, esperanza y refugio de los pecadores; generosidad inestimable, eterno e infinito bien; amor loco! ¿Es que necesitas de la criatura? Eso me parece, puesto que obras como si no pudieras vivir sin ella, siendo así que tú eras la causa de su vida, pues la vida de todas las cosas depende de ti y sin ti nadie vive. ¿Cómo has enloquecido de este modo? Porque te has enamorado de lo que has creado, te has complacido y alegrado por causa de ella. Como embriagado andas buscando su salvación, cuando ella te huye. Tú las vas cercando; ella se aleja y tú te acercas a ella. No podías acercarte más que tomando su humanidad.
¿Y qué diré? Haré como un balbuciente: Diré "A, a, a", porque no sé qué otra cosa decir, pues la lengua finita no puede expresar el afecto del alma que infinitamente te desea.

El Diálogo, n. 153.

sábado, junio 10, 2006

Homenaje a "Campo M"

La misa había terminado tarrde y cuando salió al atrio había poca gente y el frío se llevaba a los últimos... algún que otro valiente se animaba a seguir conversando, y se prendió a charlar. Ni escuchó cuando de atrás se le acercó un grupo de gente. Cuando uno de los que estaba charlando con él miró por encima de su hombre se dio vuelta y encontró a dos mujeres y algunos chicos. Antes de escucharlos hablar ya sabía que eran peruanos, en el barrio había muchos.

- Padre tiene que venir a bendecir nuestra casa, dijo una de las mujeres, la más anciana.
- Claro, contestó él, perá que agarro la agenda y arreglamos, así...
- No, Padre, tiene que ser ahora, por favor... Antes que se haga muy de noche.
Los ojos mostraban una urgencia que no llegaba a la voz. Asintió, buscó rápido su Biblia y su hisopo con agua bendita y salieron.

Eran nuevos en el barriio y acababan de conseguir una casa, muy barata, muy buena y muy rápido. El tema era que el dueño anterior se había suicidado. Y algo no se sentía bien allí.

Él se puso un poco nervioso, sin saber por qué. Hasta ahora, casi siempre que tenía una bendición era por algo raro: "me hicieron un trabajo", "el dueño anterior era brujo", "me parece que alguien me quiere hacer daño". Pero acá había algo más, algo verdadero. O quizás era el frío, la noche en el barrio que hacía todo un poco más amenazador... Se repitió a sí mismo esto último y entró en la casa.

Adentro había más familiares, todos silenciosos y de pie. "Parece un responso sin muerto", pensó. No procuró sonreír ni siquiera saludar demasiado efusivamente. La atmósfera era... densa, no había otro modo de describirla.
Empezó a rezar y salpicó las paredes con agua bendita. Ya estaba guardando la Biblia cuando la mujer le dijo:

- Espere, Padre, tiene que venir al lugar donde él se suicidó. Por favor.

Salieron a un jardín maltrecho que tenía contra una de las medianeras un cobertizo grande. Entró, ella lo seguía.

La densidad aquí aumentó... algo lo hacía casi palpar el aire. Una presencia, como si el aire fuera viscoso e intentara ahogarlo... como si algo latiera aún, o murmurara desde algún recodo del lugar.

Le dijo a la mujer que rezaran por este hombre, por todos los de la casa. Dijo una oración por los difuntos y el agua bendita se derramó generosamente por el cobertizo.

Cruzó la puerta saludando apurado a cada uno, y caminó solo, desgranando un par de oraciones por esa gente, intentando olvidar.

Para la fiesta de la Trinidad


La fiesta de la Trinidad es una de las solemnidades que más me gusta del año, y, lamentablemente, me parece que una de las más descuidadas... los curas más de una vez no saben qué decir, y más de uno se pierde en peroraciones teológicas (como las del prefacio de la fiesta, que es lamentable).
Y sin embargo, ¡acá estamos tocando el corazón de nuestra fe, de nuestra identidad cristiana! Creer que Dios es Trinidad es entender que el hombre está llamado a la comunión, al encuentro, a la donación de sí... porque todas estas cosas son el mismo ser de Dios, del cual somos imagen y semejanza.


Nada puede agotar este misterio. Siempre nos valemos de símbolos (¿quién podría definir el amor?), que son imperfectos pero los necesitamos porque el dinamismo del amor nos lleva siempre a expresarnos (¿quién podría expresar el amor sin gestos y palabras, por más que estos nunca terminan de plasmar lo que sentimos?). Aquí muestro una imagen que me gusta mucho y que se va haciendo más conocida. Surfeando la red descubrí que la hizo una monja alemana dominica llamada Caritas Müller (desconozco si la idea original es de ella). Yo tengo la suerte de verla adornar la capilla del Santísimo del templo de mi parroquia.




En el centro está el hombre. La Trinidad pone al hombre en el centro, enamorada de lo que ha creado... el hombre está herido, medio muerto... pero la misericordia de la Trinidad lo recibe.

A la derecha está el Padre, abrazándolo y besándolo como el padre misericordioso de la parábola (Cf. Lc 15). Toda la humanidad entra en este abrazo tierno.


A la izquierda está el Hijo. Jesús lava los pies y los besa. Las llagas nos muestran que es el Resucitado. Por la Pascua de Jesús sabemos que Dios está de parte del hombre que sufre, y que la Trinidad "ha venido a nuestro valle" para compartir nuestro dolor y llenarlo con su presencia.

Arriba está el Espíritu Santo, paloma y fuego a la vez, a punto de entrar en el corazón del hombre para resucitarlo y darle vida eterna, la vida que sólo Dios puede dar... la vida que es estar en comunión con la Trinidad y con todos los hombres...

Que la Trinidad nos enseñe a vivir "a su estilo", en comunión y diversidad, en misión y unidad permanente y gozosa.

jueves, junio 08, 2006

Un texto de Anselm Grün

"Mis manos fueron ungidas en mi ordenación sacerdotal. El óleo no es sólo un símbolo del Espíritu Santo, sino también de la ternura de Dios. Mis manos siempre me recuerdan que debo compartir el amor de Dios. No se trata de tenerlo todo siempre a punto, de organizar la parroquia estupendamente, sino de acercarse a los hombres con ternura y transmitirles que las manos de Dios son buenas manos. Dios ha escrito los nombres de los hombres en mis manos y mi nombre en las suyas.

A menudo siento que mis manos están vacías: no tengo nada que ofrecer. No entiendo el misterio de Dios, no me entiendo a mí mismo. Y, sin embargo, mis manos deben dar. Sólo pueden dar lo que reciben una y otra vez. Me consuela saber que incluso con mis manos vacías soy capaz de dar; sólo las manos vacías pueden recibir lo que Dios deposita en ellas sin descanso. No obstante, es doloroso no tener "nada" en las manos. Las palabras que predico en mis sermones no parecen reales; no las puedo repetir, pues suenan huecas. Lo que he aprendido, se me escapa entre los dedos. No cosecho éxito alguno en mi trabajo. La experiencia de muchos sacerdotes es dolorosa, porque a pesar de tener las manos cansadas de tanto bregar, la iglesia está cada vez más vacía. Yo creo que ser sacerdote significa presentar incesantemente a Dios la propia impotencia y alzar ante él las manos vacías. Con todo, creoque mis manos ungidas son un signo de esperanza, ya que transmiten la bendición de Dios aunque ellas no la experimenten, porque Él no es propiedad de mis manos."

El orden sacerdotal, pp. 51-52.

viernes, junio 02, 2006

Ven Espíritu Santo


Somos tierra reseca, garganta sedienta, estepa y glaciar, soledad y mudez.
Sólo vos podés transformarnos, convertirnos....
Artesano de lo humilde, tejé con nuestra pobreza las redes de la Iglesia, pintá el rostro de Cristo en la comunidad.
Agua viva, hacé que despierten las semillas del Verbo escondidas en el mundo.
Fuego sagrado, despertá en nosotros el ardor de la entrega, hace de nuestra vida ofrenda permanente.
Como antes, más que antes...¡te invocamos!

Sólo el amor salva

Cada día estoy más impresionado de descubrir, al mismo tiempo que la enorme capacidad del ser humano para hacerse mal y hacer mal a los demás, su más increíble capacidad para amar y remontar historias de vida durísimas que cualquier cálculo humano diagnosticaría como desahuciadas. Cada historia única, sagrada, con su complejidad (a veces enorme complejidad) y sus heridas. Pero siempre hay un punto en común. Todas estas historias, todas estas personas, todas estas heridas cambian su rumbo cuando aparece el amor. Lo único que cambia la orientación hacia la tragedia de tantas existencias... es que en algún recodo del camino aparezca una persona que las quiera, que las ame. Y entonces todo da un giro de ciento ochenta grados.

Lo que no logra el miedo, el poder o la plata, lo logra el amor, con mucho menos. El amor salva. Sólo el amor salva.


viernes, mayo 19, 2006

Reencuentro con una vieja amiga

Buscando entre los distintos estantes de la librería parroquial, se dio el reencuentro. Ella estaba igual de linda y vital que siempre, y aunque hubiera pensado que el tiempo habría amenguado los sentimientos, volver a escucharla fue sentir la emoción de alegría y frescura que se siente en la conversación con el amigo o la amiga, sobre todo cuando éstos tiene la capacidad de poner en palabras las propias búsquedas, los deseos, y a la vez, son capaces de interpelarlos y llevarlos más allá.

Así me sentí cuando entre esos estantes apareció La alegría de creer, de Madeleine Delbrêl, libro que regalé hace unos años y que no había podido encontrar... hasta ahora.

Madeleine fue una joven atea francesa convertida al cristianismo después de un largo proceso que comenzó con la entrada de su novio a los dominicos. La vida la llevó a un camino de inserción entre los obreros marxistas de su época, en un estilo muy parecido al de la familia religiosa de Charles de Foucauld (de quien ella y sus compañeras eran admiradoras).

Creo que Madeleine es una contemplativa de aquellas que han sabido encontrar una senda para el encuentro en nuestra ajetreada existencia contemporánea, y tiene además la gracia de poder decir las cosas con una sencilla belleza... sus palabras, como las del Hermano Roger, las de Jean Vanier, o las de la M. Teresa, tienen una cierta... digamos, sacramentalidad. Logran comunicar no sólo la luz de una intuición, sino la calidez de una experiencia. Son palabras que hacen gustar e invitan a entrar más hondamente en la espesura. Yo la recomiendo: algunos de sus libros, como éste que nombre o Las comunidades según el Evangelio, se pueden conseguir en castellano. Lo demás, supongo que en francés. Les dejo algo para que se tienten:

Bienaventurados los pobres de espíritu,
... porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Ser pobre no es interesante:
todos los pobres son de esta opinión.
Lo interesante es poseer el Reino de los Cielos,

pero sólo los pobres lo poseen.

Así que no piensen que nuestra alegría consiste
en pasar nuestros días vaciando nuestras manos,

nuestras cabezas, nuestros corazones...

Nuestra alegría consiste en pasar nuestros días
haciendo sitio en nuestras manos,
nuestras cabezas y nuestros corazones al Reino de los Cielos que pasa.

Pues es asombroso saberlo tan próximo,
saber que Dios está tan cerca de nosotros;

es prodigioso saber que su amor es posible
de tal manera en nosotros y sobre nosotros

y no abrirle la puerta,

única y simple,

de la pobreza de espíritu...


de Alegrías procedentes de la montaña

martes, mayo 16, 2006

Un cansancio feliz

Hay un cansancio distinto de los otros, un agotamiento tremendo, terrible... pero que está acompañado de una alegría que es inversamente proporcional a él. Debe ser lo que sienten los bomberos tras horas de luchar contra un incendio y ver que se apaga la última llama; el periodista al apretar "send" y mandar su artículo que le pidió una y mil correcciones hasta quedar bien; el médico al dar el último punto de sutura a una operación larga y exitosa... Hoy creo que vivo un poco de ese cansancio, que he tenido la alegría de vivir varias veces... ¿quién se iba a imaginar que el estar agotado puede ser también un pequeño anticipo del cielo?

lunes, mayo 08, 2006

Recuerdo del Jueves Santo


Repasar fotos puede volverse un momento casi sacramental... lo vivido se actualiza en el recuerdo y toca el corazón una vez más. Me pasó viendo el CD con las fotos del Triduo en la comunidad. Cuando todos habíamos comulgado, y un profundo silencio inundaba la Iglesia, el párroco dijo:


- Miren qué linda imagen. Todos unidos... y Jesús en el centro.


P.D.: ¡Gracias ecazes por la edición de la foto!