domingo, octubre 22, 2006

Camino a la ordenación II

Parece mentira pero ya faltan apenas cinco días. Siguiendo la norma de este blog, que salvo escasas (y escuetas) excepciones, no hace demasiada mención a lo personal (por lo menos directamente, para eso prefiero el mail que está a disposición de quien lo desee), sí quería compartir apenas la elección de mi lema de ordenación.

Los sacerdotes, por una vieja costumbre (¿alguien sabe cuándo empezó esto?), eligen una frase que sintetice su deseo profundo para el ministerio que están a punto de empezar (también suelen hacerlo los religiosos y veo que cada vez más lo hacen unos cuantos matrimonios). La mayoría la toman de la Escritura, o de la liturgia, aunque no es obligatorio. Yo quería que fuera "En el Espíritu de Jesús", ¡pero no aparece esta expresión (completa, con el "en", que es importante, como se verá) en ninguna parte del Nuevo Testamento!


Buscando más, sí encontré varios "En el Espíritu Santo". Y tomé el que más me gustaba, del Evangelio de Lucas (Lc 10, 21), cuando Jesús, tras escuchar a los discípulos que le cuentan de la alegría de la misión, se llena él mismo de gozo "en el Espíritu Santo" y alaba al Padre. Es un texto genial: está Jesús, está el Padre, está la comunidad... y el Espíritu, uniéndolos a todos. En él, como atmósfera vital, el amor encuentra su cauce y la posibilidad de realizarse.
El Espíritu, el fuego de Dios que enciende los corazones y consumió a Jesús haciendo de su vida una ofrenda permanente. El viento que lo impulsó y le inspiró las palabras y los gestos sanadores, vencedores del mal y de la muerte. El agua viva que brotó de su corazón abierto para que todos nosotros fuéramos renovados y nos convirtiéramos en manantial que no cesa, como él.

Así quisiera vivir el ministerio. En ese Espíritu,viento, fuego, agua torrencial... amor que une y envía, que transforma. Acercarse a Jesús es aproximarse a ese fuego, que Dios mediante bajará sobre mis compañeros y sobre mí el viernes que viene. Desde acá me encomiendo a la oración de todos. ¡Y dejo la invitación para la ordenación y la primera misa!

P.D.: Con respecto al súper interesante diálogo que se estableció en el post anterior, prometo intervenir. Ocurre que el nivel de los interlocutores, en este tiempo de tanto movimiento interno y externo, me obliga a esperar hasta que baje un poco la polvareda y pueda hacer mi aporte como corresponde. Que al fin y al cabo uno está de anfitrión y no puede andar en pantuflas y pijama, ni ofrecer cualquier cosa, qué caramba.


jueves, octubre 05, 2006

Pelearse con Dios

En estos días la liturgia nos regala la lectura continuada del libro de Job, con su lírica descarnada y fina a la vez. El lenguaje de Job, al igual que el de muchos salmos y otros textos bíblicos parece contrastar con el lenguaje edulcorado de muchos libros piadosos y de espiritualidad actuales. Más allá de lo que obviamente pueda estar limitado por el contexto cultural y religioso en el que fueron escritos hay un elemento que me parece universalmente válido. Es su dimensión conflictiva.

Job es un hombre que se enfrenta con su sufrimiento como inocente. Los salmos cantan - o mejor, gritan - la persecución injusta y el lamento del abandonado de Dios. Y lo hacen con fuerza: le preguntan a Dios por qué los ha abandonado; se lamentan por estar vivos o lloran por sentirse muertos. Muy lejos de la resignación que a veces se enseña o se admira.

El creyente tiene que vivir la experiencia del conflicto en uno o más momentos de su vida. También en la relación con Dios. Creo que le ahorramos a Dios algunos conflictos o preguntas... porque en el fondo nos da un poco de miedo que no nos pueda responder. Al final, entrar en conflicto con Dios es una cuestión de fe. Al igual que la personas insegura no se anima a pelearse porque teme la pérdida del vínculo, no nos animamos a debatir con Dios porque nuestra intimidad no es lo suficientemente fuerte.

Pero el que hace la experiencia del Dios amor, también tarde o temprano choca con la experiencia del mal, con el horizonte de la cruz. Y entonces se hace necesario integrar esa dimensión de la vida en la relación con Dios. Desde la certeza de sabernos amados y buscando profundizar ese amor. Pero pasando a través del conflicto, sin obviarlo. Como los creyentes del Antiguo Testamento, que han sido grandes cuestionadores de Dios: desde Abraham y la pelea por Sodoma, pasando porJacob, el que luchó contra Dios hasta el amanecer y llegando a Moisés. Como María, que preguntó; como Jesús, que vivió también el Getsemaní y se animó a confiar...

Después está la paz, la alegría, el nombre nuevo, el amor probado. Dejo como testimonio la oración que escribiera Elie Wiesel tras un largo conflicto con Dios.

Señor del Universo, hagamos las paces. Ya es hora. ¿Cuánto más podemos seguir enojados?Más de cincuenta años han transcurrido desde que terminó la pesadilla. Muchas cosas, buenas y menos buenas, les han pasado desde entonces a los que sobrevivieron a ella. Aprendieron a construir sobre las ruinas. Se recreó la vida familiar.Nacieron hijos, se entablaron amistades. Aprendieron a tener fe en su entorno, incluso en sus semejantes.
La gratitud ha reemplazado a la amargura en su corazón. Nadie es tan capaz de agradecimiento como ellos. Agradecimiento hacia cualquiera que estuviera dispuesto a escuchar sus relatos y convertirse en su aliado en la batalla contra la apatía y el olvido. Para ellos cada momento es una gracia.Oh, no perdonan a sus asesinos ni a los cómplices de éstos, ni deberían hacerlo. Ni tampoco deberías hacerlo tú, Señor del Universo. Pero ya no miran con recelo a todo el que pasa. Ni ven en cada mano un puñal.
¿Significa esto que las heridas de su alma han sanado? Nunca sanarán. Mientras una sola chispa de las llamas de Auschwitz y Treblinka brille en su memoria, mi alegría estará incompleta.

¿Qué hay de mi fe en ti, Señor del Universo? Ahora me doy cuenta de que nunca la perdí, ni siquiera allí, durante las horas más oscuras de mi vida. No sé por qué seguí susurrando mis oraciones diarias, y las reservadas para el Sabbath, y para los días festivos, pero las recitaba, a menudo con mi padre y, en la víspera de Rosh Hashanah, con cientos de prisioneros de Auschwitz. ¿Era porque las oraciones seguían siendo un lazo con el mundo desaparecido de mi infancia?Hagamos las paces...

Pero mi fe ya no era pura. ¿Cómo podía serlo? Estaba llena de angustia en lugar de fervor, de perplejidad más que de piedad. En el reino de la eterna noche, en los Días del Temor, que son los Días del Juicio, mis plegarias tradicionales estaban dirigidas a ti y también contra ti, Señor del Universo. ¿Qué me hirió más: tu ausencia o tu silencio? En mi testimonio escribí palabras duras, palabras ardientes, sobre tu papel en nuestra tragedia. No las repetiría hoy. Pero las sentía entonces. Las sentía en cada célula de mi ser. ¿Por qué dejaste, si no permitiste, que el asesino día tras día, noche tras noche, torturara, matara y aniquilara a decenas de miles de niños judíos? ¿Por qué fueron abandonados por tu Creación?

Estos pensamientos de ningún modo estaban dirigidos a disminuir la culpa de los culpables. Su culpabilidad establecida es irrelevante con respecto a mi problema contigo, Señor del Universo. En mi niñez, no esperaba demasiado de los seres humanos. Pero esperaba todo de ti.
¿Dónde estabas, Dios de la Bondad, en Auschwitz? ¿Qué pasaba en el cielo, en el tribunal celestial, mientras tus hijos eran elegidos para la humillación, el aislamiento y la muerte sólo porque eran judíos? Estas preguntas me han perseguido por más de cinco décadas.Tienes muchos defensores de palabra, sabes. Se me dieron muchas respuestas teológicas, tales como: Dios es Dios. Sólo Él sabe lo que hace. Uno no tiene derecho a cuestionarlo a Él o a Sus acciones. O: Auschwitz fue un castigo por los pecados de asimilación y/o sionismo de los judíos europeos. Y: ¿Acaso Israel no es la solución? Sin Auschwitz, no hubiera habido Israel.Rechazo todas estas respuestas. Auschwitz deber ser y será para siempre un signo de pregunta: no puede ser concebido ni con Dios ni sin Dios.


Llegado un punto, empecé a preguntarme si no era injusto contigo.Después de todo, Auschwitz no era algo que viniera armado del cielo. Fue concebido por hombres, implementado por hombres, manejado por hombres.Y su objetivo no sólo era destruirnos a nosotros sino también a ti. ¿No deberíamos pensar en tu dolor también? Al ver a tus hijos sufrir a manos de tus otros hijos, ¿no has sufrido tú también?
Mientras los judíos otra vez empezamos a celebrar el Año Nuevo, preparándonos para orar por un año de paz y felicidad para nuestro pueblo y todos los pueblos, hagamos las paces, Señor del Universo. ¿A pesar de todo lo que pasó? Sí, a pesar de todo. Hagamos las paces: para el niño que hay en mí, es insoportable estar separado de ti durante tanto tiempo.

martes, octubre 03, 2006

Sacramentos: la pregunta

Un interrogante tiene, entre otras virtudes, la de abrir el juego. Es una palabra que apunta explícitamente al diálogo, a que el otro responda, a que se nos comparta el corazón o se nos revele un sentido escondido. Es la posiblidad de que el otro se explique y responda.

Cuando somos nosotros los que recibimos la pregunta, puede ser un camino para el encuentro. También el cariño que un sencillo "¿Cómo estás?" nos puede regalar.

Hay poder en las preguntas. Por eso son temidas. Les tememos porque no sabemos qué puertas abrirán, especialmente si nos preguntamos a nosotros mismos. Paradójicamente, estas son las que más tardan en responderse.

Pero, con lo riesgosas y peligrosas que pueden ser las preguntas (algunos dicen que a Sócrates lo mataron por las preguntas que hacía), no dejan ser fundamentales.

Cuando fui a celebrar la Pascua a una sinagoga junto con mis compañeros de seminario, preguntamos por qué la celebración estaba hecha en forma de diálogo con preguntas. El rabino me respondió: "Porque cuando uno pregunta empieza a ser libre".

sábado, septiembre 16, 2006

Una tonada pegadiza

Hace varios años que nuestra diócesis tiene una misión permanente en Cuba: a lo largo del tiempo, se suceden un par de sacerdotes en la diócesis de Holguín, por períodos más o menos largos que en general giran en torno a los tres años. Luego regresan a la diócesis para ser reemplazados por otros curas de San Isidro.

Uno de ellos regresó de visita y pasó a celebrar misa por el seminario. Me resultó muy simpático y llamativo el hecho de que hablara con una fuerte tonada cubana. No resultaba para nada forzada, sino que evidentemente se le había pegado en esos años de tarea misionera. Algo parecido he visto en mi familia: la estancia en Mendoza les va dando otro modo de hablar, de vivir y hasta de moverse.

Creo que esto tiene algo que ver con el amor. Él hace que "se nos pegue la tonada" del amado, de lo amado. Así vamos aprendiendo el idioma del otro, sus códigos, su estilo, casi sin pensarlo... es el amor el que produce esta ósmosis misteriosa.

Un amor que deja al amante inmutable, sin cambiar, sin transformación, sin asimilar al otro al menos en parte no pareciera un amor en serio. Carece de la permeabilidad que tiene el amor verdadero.

Es lo que ha hecho Dios: quiso aprender nuestro idioma, encerrarse en nuestra limitación para que el amor de la Trinidad tuviera gusto a tierra. Para que la Palabra se hiciera palabras, vida, cuerpo, caricia... Y así nosotros también pudiéramos ir balbuceando el idioma de Dios.

Cuando a alguien se le pega esa tonada... se le nota.

viernes, septiembre 15, 2006

Lo que nos hace volver

Todos nos perdemos en algún momento de la vida, del año, del día. No falta en la historia de nadie un paso en falso.

Pero afortunadamente, siempre está la posiblidad de que nos encontremos con algo o alguien que nos devuelve un atisbo de nuestro rostro original, que nos recuerda nuestra grandeza escondida o nos despierta el amor pora la belleza perdida. Y con el corazón un poco más entero, encontramos el camino de regreso hacia nuestro centro más profundo. Entonces se entiende porqué hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por cien justos. Es que el primer movimiento del alma al volver es el gozo y la primera palabra la canción.

lunes, septiembre 11, 2006

Dejarse amar IV

Encontré estos versos de Neruda leyendo Memorial de Isla Negra que ponen palabras a la experiencia del herido, de la dificultad para abrirse al amor después de las lastimaduras:

Quién no desea un alma dura?
Quién no se practicó en el alma un filo?
Cuando de a poco ver vimos el odio
y de empezar a andar nos tropezaron
y de querer amar nos desamaron
y sólo de tocar fuimos heridos,
quién no hizo algo por armar sus manos
y para subsistir hacerse duro
como el cuchillo, y devolver la herida?
El delicado pretendió aspereza,
el más tierno buscaba empuñadura,
el que sólo quería que lo amaran
con un tal vez, con la mitad de un beso,
pasó arrogante sin mirar a aquella
que lo esperaba abierta y desdichada:
no hubo nada que hacer: de calle en calle
se establecieron mercados de máscaras
y el mercader probaba a cada uno
un rostro de crepúsculo o de tigre,
de austero, de virtud, de antepasado,
hasta que terminó la luna llena
y en la noche sin luz fuimos iguales

Hay que tener mucho valor, o más díficil aún, más confianza para no sacar filo al alma después de la herida. Para que la bronca no nos gane la partida y el desengaño se vuelva nuestro traje cotidiano. Cuando el invierno llega al corazón, no siempre es una estación pasajera. A veces se instala en el alma.

Pero los que logran hacer el salto de confianza, los que se abren al amor, experimentan que la herida se vuelve serena (aunque no deje de ser herida), y que inclusive puede ser otro lugar más para que el amor se cuele más fácil o salga más fuerte del corazón. Pero es una batalla dura: pocos enemigos del corazón tan terribles como el resentimiento. Quizás sea especialmente ardua porque me parece que sólo se gana con ternura y acción de gracias, con gestos que nos hagan redescubrir que somos más que nuestra herida, que somos más que nuestra historia de lastimaduras. El que logra dar gracias por su vida a pesar de los dolores, va por buen camino a ganar esa pelea.

lunes, septiembre 04, 2006

El Santo y el Pobre

A lo largo del camino experimentamos que perdemos el centro, que de algún modo estamos desubicados, des-centrados, sin punto de apoyo en nuestro interior. En esos momentos brotan el desánimo, la búsqueda de compensaciones estériles, la queja, la depresión... pero, si uno, a pesar de estar en ese estado, sigue atento, esperando que algo nos devuelva a la fuente, tarde o temprano halla una vez más el camino al lugar del amor, a esa parte de nuestro corazón donde somos recreados y encontramos la fuerza para volver a amar.

Muchas veces el camino hasta allí se abrevia cuando nos encontramos con dos tipos de personas: el Santo y el Pobre.

Delante del Santo experimentamos ese deseo de una vida plena, íntegra, bella, cerca de Dios y solidaria de los hermanos. El amor del santo toca nuestro deseo de amar y lo enciende una vez más, nos devuelve el anhelo por una vida más intensa, más evangélica. Al ver al santo intuimos lo que Dios también quiere hacer con nosotros. Nuestro corazón se renueva.

El Pobre, por su parte, nos muestra una vez más que en medio del fárrago de preocupaciones y molestias se puede también encontrar lo esencial, porque el Pobre es aquel que vive de ello y no puede preocuparse por otra cosa. Él nos presenta el lugar donde sí o sí se hace presente la voz de Dios: el dolor ajeno.

Uno y otro nos ayudan a comenzar otra vez, a no perder el hilo de nuestra existencia, a que nuestro obrar se unifique en torno a lo fundamental.

Quizás por eso nadie tenga esa capacidad de llevarnos al corazón de la vida y de las cosas como Jesús, el que se hizo Pobre para enriquecernos con su pobreza (¡no con su riqueza, con su pobreza!) , el Santo de Dios. Quizás el Santo y el Pobre nos llevan también allí porque son quienes se identifican con Jesús más plenamente y con quienes Jesús ha decidido identificarse.

sábado, septiembre 02, 2006

Recordando a Borges

En su poema "Arte poética", el gran JLB escribe: "A veces en las tardes una cara/nos mira desde el fondo de un espejo/ el arte debe ser como ese espejo/ que nos refleja nuestra propia cara".
Tal vez sea por eso que gastamos tinta, tiempo y trabajo en escribir, pintar, cantar... porque esperamos en algún momento dar con la palabra, plasmar la imagen o encontrar la nota que nos revele el secreto de nuestra existencia. O quizás este sólo se descubra al final del camino, cuando, como también decía el maestro, toda la suma de nuestra obra tenga el contorno de nuestro rostro.

Y uno a veces tiene esa intuición sublime, de percibir (nunca del todo, nunca suficientemente) que algo de nuestra esencia se está encarnando en lo creado. Que una parte de nosotros ha emprendido un viaje hacia otros, disfrazada de arte.

jueves, agosto 31, 2006

Hacia la paz de corazón

¿Quién no desea la paz? ¿Quién no quisiera sentir la armonía de su ser, del corazón en paz consigo y con todo lo creado? Pero, ¿cómo encontrarla? Quizás un camino sea el de aprender justamente a amar nuestra no-paz, nuestras tensiones. La paz hacia la que caminamos es una pascua, una serenidad que no es ausencia de conflictos, sino, tal vez, la capacidad de convivir con ellos más serenamente.

Como decía aquella historia del jardinero que, al no poder erradicar las malas hierbas de su jardín, buscó la ayuda de especialistas. Estos, al ver que no se podían remover, le dieron un consejo de expertos: "Le sugerimos que aprenda a amarlas".

Tal vez una parte de la paz sea empezar a amar nuestra fragilidad. No para dejar que nos aplaste, sino justamente para hacer del límite algo que no nos destruye, sino un puente para el encuentro con el otro, para sentirnos vulnerables, necesitados de amor y presencia.

Algunos llegan allí, a ese lugar del corazón donde el amor vence al miedo y la paz se hace presente.

"Estoy reconciliado conmigo mismo. Odiarse a uno mismo es más fácil de lo que se cree. La gracia está en olvidarse. Pero si todo el orgullo muriera en nosotros, la gracia de las gracias sería la de amarse humildemente a sí mismo como a cualquiera de los miembros dolientes de Jesucristo". George Bernanos, Diario de un cura rural

lunes, agosto 28, 2006

Recordando a Max Scheler

Cuando estaba cursando los estudios de filosofía del seminario, tropecé con una cita de Max Scheler que me impactó profundamente: "Todo acto humano se proyecta hacia el infinito" (creo que era así, estoy citando de memoria). En ese momento percibí la enorme densidad que puede tener el gesto más cotidiano. Todo nuestro obrar gana en profundidad y responsabilidad.

¿Quién sabe que está gestando ese gesto de cariño pequeño que ahora regalamos? ¿Cómo calcular el poder de un abrazo o una palabra bien dadas? ¿Quién podrá saber las repercusiones de un "sí" o un" no" en el momento justo? En este mundo que parece por momentos marchar más allá de nuestras pequeñas existencias, qué bien nos hace recordar el enorme poder del obrar humano, aún a pesar de las circunstancias.

Hay una voz
más allá de las heridas
más allá del dolor
más allá de las desilusiones,

escuchala
dejá que vuelva abrir la puerta del alma

es la voz
que te dice
no tengas miedo
no tengas miedo
el amor arroja el temor

no temas

sólo ama
sólo ama
dejate amar
creé en lo que el amor ya percibe creciendo en tu interior

no tengas miedo

miércoles, agosto 23, 2006

Una Iglesia solidaria

Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. Consideren como propias las necesidades de los santos y practiquen generosamente la hospitalidad. Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes. No presuman de sabios. No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres. (Rm 12, 9-17)

La Iglesia es el nuevo pueblo de Dios: en la comunidad se va gestando el proyecto del Padre de un mundo unido, de la unión de los hombres entre sí y con Dios. Ese proyecto que nace del amor de Dios y se manifiesta sobre todo en la vida y la misión de Jesús, en su Pascua, de la cual nace la Iglesia.
¿Cuáles son los rasgos que debe tener esta comunidad? Uno de ellos, fundamental, es la solidaridad. Si somos comunidad, no es para vivir encerrados, sino, por el contrario, para ser cada vez más parecidos a Jesús, y por eso mismo, plenamente humanos, plenamente solidarios. Pero atención: la solidaridad es mucho más que acciones puntuales, que una ayuda ocasional. Es una actitud del corazón, un rasgo del corazón de Jesús que queremos plasme nuestro modo de vivir, de ver a los demás y de actuar en consecuencia.

Una comunidad solidaria, una Iglesia solidaria es, antes que nada, una Iglesia que siente todo dolor y toda esperanza humana como propia, una Iglesia que se deja afectar por la situación del mundo que la rodea, especialmente de los más pobres y desvalidos. Y desde allí, actúa, se compromete, pone gestos y palabras frente al dolor del otro. Busca ser en el mundo un reflejo del Dios solidario y liberador que siente como propio el dolor de su pueblo y por eso baja a liberarlo, a caminar con la gente hacia la libertad. Un reflejo de Jesús que se sintió conmovido ante el dolor del leproso, ante la multitud de hombres y mujeres que estaban “como ovejas sin pastor”, ante el sufrimiento de tantas personas que se iban presentando en su camino.

Una Iglesia que busca ser fiel a Jesús y a su Buena Noticia, entonces, es una Iglesia que, como Jesús, se deja guiar por la solidaridad. Que sale al encuentro de los que sufren, que está con la mirada y el corazón al lado de los heridos.

Esta actitud espiritual necesita concretarse en gestos. La primera carta de Juan decía que quien dice amar a Dios, a quien no ve, y no ama a su hermano, a quien ve, es un mentiroso. Desde el principio, la Iglesia se caracterizó por tener una atención especial a los más pobres, y cuanto más pasa el tiempo, más busca estar atenta a los distintos tipos de pobreza y de dolor que se van manifestando en el mundo.

Descubrir que la Iglesia es solidaria nos lleva poner la mirada siempre en el otro, a que seamos una comunidad des-centrada, con el corazón y las manos siempre atentos a las necesidades de los otros. Y esto que no es simplemente una cuestión de emoción: es también compromiso, es animarse a descubrir las causas detrás del dolor y de la injusticia, y denunciarlas.

Es natural sentirse desbordado frente a tanto dolor y pobreza. ¿Qué podemos hacer nosotros? El P. Mamerto Menapace decía: “No tenemos en nuestras manos la solución frente a los problemas del mundo. Pero frente a los problemas del mundo, tenemos nuestras manos”. Será cuestión entonces de ir encontrando donde podemos aportar, cuál es nuestro don, nuestra riqueza, para seguir construyendo una Iglesia solidaria, impulsada por el fuego del amor de Jesús.

El misterio del mal II

Segunda entrega de lo que salió en "Camino para el encuentro" en torno al tema del mal.

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En estos días hemos intentado dar algunos pasos en torno al misterio del mal. Más allá de que este siempre es un hecho que nos desborda, algo nos queda claro: Dios está del lado del hombre frente al misterio del mal. Dios es el liberador y el compañero, el que sufre con nosotros y nos lleva a la salvación.

Y en ningún momento percibimos tanto esto como cuando vemos a Jesús. Jesús ha querido compartir todo con nosotros: toda su vida es el gesto de Dios hacia el hombre que sufre, oprimido por el mal. Cuando cura, cuando consuela a los afligidos, al buscar a los pecadores, Jesús se vuelve la expresión más clara de que el Reino de Dios y el reino del mal están enemistados, que no puede haber lugar para el dolor donde está Dios.

Pero esto no es todo: Jesús no sólo viene a enfrentar el poder del mal. Viene también a sufrirlo, a asumir el misterio del dolor desde adentro. En su pasión y su cruz, en el misterio de su soledad y su experiencia de abandono, en la injusticia de su sufrimiento, vemos que Jesús ha querido vivir bien a fondo la experiencia del mal y del dolor que este produce. Dios llegó hasta el fondo de la experiencia del mal en la cruz para que nadie se sienta tan lejos que Él no pueda alcanzarlo. Hasta el fondo del mal y de la muerte bajó Jesús para que nadie se quede fuera de su abrazo y su presencia, para que aún en el colmo de la soledad y el dolor podamos experimentar su amor.

Por eso la cruz para el cristiano no es un signo de la tortura y del dolor, sino de amor. Jesús nos ha salvado no por sufrir mucho, sino porque llevó el amor a la experiencia del mal, porque nos mostró que se puede experimentar el dolor y la oscuridad y, a pesar de todo, seguir amando.

Una letra de Matisyahu

Para que se hagan una idea de las letras. De todos modos vale la pena escucharlo...

Warrior

You're the son of his majesty
Remember how it used to be
In the light of day it's easy to see
Now it's nighttime
You had to leave

You got separated from the king
Now the water's rushing and you keep trying to swim against the streams
it seems, like you're not moving the many water's gushing you gasp for air
Almost drowning ears ringing, once upon a time we were singing
One day those trees will stand and clap hands
Stream of thought getting caught in the klipa, this place is just a shell, external
Egos swell, that one'll burn ya, we fell a long way down, that eternal frown'll get you
You look vexed it's the dregs, the yetzer hara's lurking
Trying to make us forget we got a job to do
you're a priest and a prince and you can't be moved,
a priest and a prince and you can't be

You're a warrior, Fighting for your soul
Taken from a world above, and brought down to this world below

Re-unite them, re-unite them return the princess to the king,
Re-unite them, re-united, she's been taken for so long
Re-unite them, re-unite them and then she'll be filled with joy
Re-unite them , re-unite them like the days of her youth

Descended to this pit
What's this feeling can't get rid of it
I'm so sick
I Can't seem to shake it
When one retires at night weeping, joy will come in the morning
You made my mountain stand strong

You're a warrior, Fighting for your soul
Taken from a world above, and brought down to this world below

Say like an ancient memory
Remember how it used to be
Close your eyes and breath in
the scent of freedom
Ringing across the sea
Land of milk and honey
One day will wake up from this dream and we'll stop sleeping
Oh, yo, then we'll see clearly

You're a warrior, Fighting for your soul
Taken from a heavens above, and brought down to this world below

Beat Boxing

En estos días vengo escuchando a Matisyahu, un cantante judío ortodoxo que hace una mezcla (a mi gusto genial) entre reggae, hip-hop y canción hebrea tradicional. Además de que tiene mucho ritmo y unas letras geniales, algo que me encanta es que hace beat boxing, es decir, percusión con su boca. Lo cual me dejó pensando que al final el primer instrumento musical siempre es el cuerpo. Y me parece glorioso esto de poder convertir el propio cuerpo en ritmo. Convertirse en música... hacerse canción, hacerse ritmo... debe ser algo casi místico...

lunes, agosto 21, 2006

Dejarse amar III

Cuando nos vamos animando a amar, muy pronto aparecen las heridas. Aquello que nos da miedo, nuestra fragilidad, nuestro niño herido se anima a salir a la luz cuando el amor se hace presente. Esto puede parecer paradójico, pero mucha veces el amor antes que llevar a la serenidad dispara la crisis. Se tambalean seguridades, aparecen los miedos, el pasado llega para asustarnos diciendo que una vez más seremos lastimados, que esta vez tampoco seremos bien amados o que no tendremos la fuerza para amar bien. Con el amor viene la crisis, la constatación de que nuestro corazón no está tan bien equipado como nos gustaría.

Pero ese es sólo el primer momento del amor... el momento purgativo, me animaría a decir. Si nos animamos a confiar en medio de la oscuridad, llevados de la mano del amor, si descubrimos que el amor que se nos regala es más grande y fuerte que nuestras lastimaduras... entonces podemos ir más allá de las heridas. Estas no siempre desaparecen, pero sí se transfiguran.. podemos acariciar nuestro dolor, amar nuestra fragilidad o al menos vivir con ella más serenamente.

Sin embargo, la oscuridad siempre aparece. No hay que tenerle miedo, pero tampoco ignorar que estará, y saber que a veces la voz de las heridas clama con fuerza. Sin embargo, con el paso del tiempo, vamos descubriendo ese sonido sutil en medio de los clamores, el murmullo del manantial que nos lleva a nuestro centro más profundo, al dar y recibir... y ese sonido se vuelve la melodía de fondo de la existencia.

viernes, agosto 18, 2006

Sacramentos: el mate

El mate tiene la particularidad de ser algo sumamente sencillo pero a la vez provisto de una ritualidad profunda. La liturgia de su preparación en esta época de té y café instantáneo es un espacio privilegiado para detenerse y volver a descubrir el tiempo para el encuentro, para saborear las cosas (¡el otro día me enteré que existen cursos de cata de mate!).

Preparar la yerba, ajustar la bombilla, llevar el agua al punto exacto... cada uno tiene sus mañas y sus gustos. Con poca cosa se hace mucho y el mate se vuelve también expresión de uno mismo.

Es un sacramento del encuentro porque la compartida misma va haciendo que uno tenga que detenerse, escuchar al otro, tomarse el tiempo también para contestar. Si uno lo toma solo, ir cebando de a ratos ayuda a frenar la vorágine de la mente.

Sabe estimular pero de a poco, trayendo sabor y despertando despacito, sin apurarse... como para aprender que a las cosas se les toma el gusto con serenidad. Así deja regusto por mucho tiempo. Lo que llega despacio también tarda en irse y así es con el mate.

Para mí es un ritual fundamental, compañero de ratos largos de oración y también de charlas con amigos, de escucha y respuesta rumiada, saboreada lentamente... como un buen mate.

El amor de quien quiero hablar

Cristóbal Fones es un jesuita chileno que compone y canta canciones muy buenas y profundas. Entre otras que me vienen ayudando a rezar, está esta que dedicada al corazón de Jesús con letra del jesuita Jorge Méndez. La comparto aquí. Yo también quiero hablar de ese amor.

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Quiero hablar de un amor infinito,
que se vuelve niño frágil;

amor de hombre humillado.

Quiero hablar de un amor apasionado.


Con dolor carga nuestros pecados,

siendo rey, se vuelve esclavo;

fuego de amor poderoso,
salvador, humilde, fiel silencioso.

Amor que abre sus brazos de acogida;

quiero hablar del camino hacia la vida.

Corazón paciente, amor ardiente;
quiero hablar de aquél que vence a la muerte.

Quiero hablar de un amor generoso,
que hace y calla, amor a todos;

buscándonos todo el tiempo,

esperando la respuesta, el encuentro.


Quiero hablar de un amor diferente,

misterioso, inclaudicable;

amor que vence en la cruz.

Quiero hablar del
Corazón de Jesús.

miércoles, agosto 16, 2006

Camino a la ordenación


Parece mentira pero en menos de tres meses junto con dos compañeros más vamos a ser ordenados sacerdotes. Este 27 de octubre será el día de nuestra Pascua, de nuestro paso... a una vida nueva, a una nueva etapa.

Es tradición que el grupo de sacerdotes elija un lema de ordenación, una frase que sintetice lo que ellos desean vivir en su ministerio. Nosotros elegimos "Vivan en la acción de gracias", de Colosenses 3, 15b. Una traducción más literal sería algo así como "Sean agradecidos", o eujaristoi ("¡eucarísticos!").

Nosotros vamos a ser hombres de la acción de gracias. La eucaristía, la acción de gracias, la misa, va a ser el centro de nuestras vidas. La celebración donde llevemos todo lo vivido cada día, lo que la gente trae como búsqueda, alegría, dolor, anhelo, esperanza, angustia... para entrar juntos en la gran acción de gracias de Jesús al Padre. Jesús, que dio gracias y puso un signo de amor en medio de la soledad, la angustia y la cercanía de la muerte. El momento de la máxima soledad es el del máximo don, la plena entrega. Yo quisiera estar al servicio de ese amor.

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"La palabra Eucaristía significa, literalmente, "acción de gracias". Una vida eucarística debe ser vivida con agradecimiento. La historia de los dos amigos que iban a Emaús, que estambién nuestra propia historia, nos ha mostrada que el agradecimiento no es una actitud obvia ante la vida. El agradecimiento necesita ser descubierto y vivido con gran finura interior. Nuestras pérdidas, nuestras experiencias de rechazo y abandono y nuestros muchos momentos de desilusión no dejan de arrastrarnos a la ira, la amargura y el resentimiento. [...]

Jesús nos dio la Eucaristía para que pudiéramos optar por el agradecimiento. Es ésta una opción que nosotros mismos tenemos que tomar y que nadie puede tomar por nosotros.
[...]

Podemos elegir dejar al desconocido que prosiga su viaje y siga siendo un extraño. Pero también podemos invitarlo a nuestra intimidad, dejarle que toque cada partícula de nuestro ser y tranforme nuestros resentimientos en agradecimiento."

Henry Nouwen, Con el corazón en ascuas, pp. 101-103.

Requiem por una bicicleta

Me la regalaron hace tan poco... vino con la ordenación diaconal, sencilla y luminosa, con la simplicidad que necesitaba. El nombre vino rápido: "La Sufrida". Pobre bici, tenía que cargar con mis (en ese momento, ya bajé diez kg) 93 sin queja y sin resuello. Sin mucho uso, la dieta me hizo sacarla a tiempo y destiempo, y nos estábamos llevando bien.


El preludio del fin fue hace una semana. El pedal se cayó mientras subía el túnel de las cuatro barreras. La llevé a arreglar, seguro de la sonrisa del dueño de la bicicletería. ¿Cómo imaginar que diez días después se repetiría el episodio? Sin bicicleterías y con el tiempo justo, la dejé encadenada confiando en volver a la brevedad. La vorágine de la pastoral hizo que ese momento se demorara hasta un par de días. Entonces me topé con la aplastante realidad, o mejor, me topé con la nada, el vacío de bicicleta, y de candado. Tuve que salir a caminar un rato para sacerme la bronca.

¡Oh experiencia, linterna que iluminas hacia atrás, qué magro es tu consuelo! Ahora sólo me queda esperar, ahorrar, y ser más prudente la próxima vez.