martes, febrero 08, 2011

Empezar empezando

Una de mis frases preferidas pertenece al Tao Te King: "Un camino de mil millas empieza con el primer paso". Me gusta porque necesito recordarla constantemente y sobre todo cuando tengo que comenzar algo, sea una etapa nueva, una actividad o simplemente algo que tengo pendiente y que quizás aparece especialmente arduo o desafiante. 
Creo que una de las dificultades para dar inicio a las cosas es la inmensa presión que ponemos sobre ese comienzo. Nos llenamos la cabeza de prerrequisitos y por eso mismo más de una vez no llegamos ni a la línea de largada. Nos cansamos antes de empezar.
Entonces me ayuda volver a esta frase de Lao Tsé y darme cuenta que ahora sólo tengo que comenzar, que no hay tantas exigencias sino necesidad de empezar a caminar. Hay cosas que el camino mismo las soluciona y el resto no pueden resolverse de antemano. Habrá que verlas cuando llegue el momento. 

Con esto no me opongo ni de lejos a la planificación. Pero es cierto que junto con ella hay que combinar la audacia y la soltura para poder empezar. Sólo se puede prever y proyectar hasta cierto punto. Cuando uno es especialmente cerebral y ve todas las aristas de una situación, recordar esto se hace necesario para evitar la parálisis que detiene nuestro andar.

Por eso cuando me doy cuenta que estoy dando muchas vueltas con algo me acuerdo de esta frase, dejo de pensar, tomo aire... y empiezo. 


jueves, febrero 03, 2011

Estar en la zona

El otro día hablaba con una futura psicóloga que me comentaba sobre su tesis de licenciatura en torno al concepto del "flow" en la psicología positiva. Más allá de las elaboraciones teóricas en torno al tema, me puse a pensar en los momentos en los que uno se siente justamente "en la zona", como dicen los norteamericanos, cuando hay una conjunción de factores internos y externos armonizados que hacen que todo transcurra "fluidamente", valga la redundancia. Un ejemplo que me vienen a la mente es ver a Michael Jordan prácticamente flotando a través de una maraña de jugadores tirándose encima de él.


Quizás lo mejor de esos momentos es que uno no piensa, no hace, no siente, sino que simplemente es. Es en eso que se está haciendo, o mejor, otro es, algo que no es uno mismo y sin embargo es lo mejor de uno mismo sale a la luz. Escuchando sobre este concepto me acordé de lo que leía en Zen en el arte de tiro con arco, cuando el aprendiz finalmente deja que "ello" tire la flecha y por eso mismo acierta. 

En estos momentos estoy leyendo un libro muy bueno de Julia Cameron, "The right to write" donde ella insiste en que lo que uno escribe quiere ser escrito. Dentro nuestro hay un artista, un creador (en el sentido amplio y no sólo estético de la palabra) que quiere salir a la luz. Son nuestros miedos, trabas y mezquindades (nuestro "yo" pequeño) los que le impiden terminar de nacer. Tal vez por eso el principal trabajo para la creatividad sea el silenciar esos gritos internos, correrse del medio, para que entrar en ese flujo de vida que nos hace sentir tan bien cuando nos impulsa hacia "la zona". 

martes, febrero 01, 2011

Perseverancia y providencia

Para Mery L., que persevera en la distancia...




Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la perseverancia de Cristo. 2 Tes 3, 5




Me piden una reflexión sobre dos palabras enormes, que como todas las palabras grandes abren la puerta a miles de palabras más: Fidelidad, paciencia, confianza, amor, alianza...

La perseverancia es una de las actitudes fundamentales de cualquier que comienza un camino espiritual. Implica elegir integrar la vida y el corazón, elegirse a uno mismo a través de una constancia en actitudes, gestos y palabras. 

Por esto mismo la perseverancia está profundamente relacionada con el proceso de ser cada vez más uno mismo, de ser aquello que estamos llamados a ser y que busca ir consolidándose a lo largo de nuestra existencia. Es una actitud existencial antes que una cuestión de moral. De allí que no dependa simplemente de querer hacer las cosas bien, sino de querer hacerlas mías, de apropiarme una manera de vivir, o mejor, vivir de una manera que exprese lo propio, que brote cada vez más de nuestro centro. 

Vivir perseverantemente pide al mismo tiempo firmeza y conciencia de la gradualidad. Empezar y continuar "con determinada determinación", como decía Santa Teresa de Ávila. Pero parte de esa determinación es no desesperar frente a las inevitables caídas y retrocesos. Para levantarse rápidamente de las caídas es necesario no lamentarse de más ni sorprenderse por ellas. Son parte del proceso y a menudo ellas nos enseñan más de lo que hubiéramos imaginado. 

Pero por sobre todo, la perseverancia es un don de Dios (antes se escuchaba más pedir el don de la "perseverancia final", el llegar hasta la muerte unidos a Jesús). En este sentido, perseverar sólo es posible si se desarrolla un sentido profundo de la providencia de Dios. Puedo perseverar porque Dios me lo concede, porque él me dará todo lo necesario para que pueda hacerlo. Puede ser el "pan de cada día" que pedimos en el Padre Nuestro. Y en ese sentido creo que uno empieza a caminar con más rapidez cuando deja de preocuparse por cómo está andando y se concentra más en aquel que nos llama y nos cuida a lo largo del camino. Al final del día nos daremos cuenta que todo fue un regalo, como dice ese obispo y poeta:

Y llegaré, de noche
con el gozoso espanto
de ver,
por fin,
que anduve,
día a día,
sobre la misma palma de Tu mano. (Pedro Casaldáliga)

sábado, enero 29, 2011

Reflexiones sobre la distancia y los afectos

Escribo esto mientras un micro nos lleva a mí y a un grupo de jóvenes de mi parroquia de vuelta a Buenos Aires tras unos días de campamento en Córdoba.

La lejanía, como siempre, es generadora de pensamiento, especialmente en lo que hace los vínculos.

Mi vida ha estado marcada muchas veces por la separación física de la gente que quiero (tanto familia como amigos). Cosas en parte de este mundo globalizado y también de mi vida sacerdotal que tiene algo de itinerante.

Pero esta distancia, si bien es dolorosa (y a veces desgarradora), también es oportunidad para revalorizar esos lazos y por otro lado para darse cuenta que son más íntimos a nosotros mismos de lo que hubiéramos imaginado.

Además, en cada eucaristía, me acuerdo de las palabras de Efesios: "los que antes estaban lejos ahora se han acercado". El amor achica todas las distancias y en la mesa de la comunión seguimos compartiendo un abrazo.

Esto no niega la necesidad de la presencia concreta. ¡Al contrario! Pero mientras caminemos, tendremos que aceptar estos alejamientos. Hasta el día del encuentro definitivo, donde no habrá más distancias porque todos viviremos en el corazón de todos.

El instante fugaz

Aprovechar el momento,
Como una gracia,
Como un rayo de lo eterno,
Como la oportunidad única de recibirlo todo
Y decirse a uno mismo
En un suspiro
Un abrazo
Un grito
Un silencio

sábado, diciembre 11, 2010

Desilusionarse (Sobre el 3° Domingo de Adviento)

"¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?" ¡Qué cruda la pregunta de Juan el Bautista! No tanto para Jesús, pero sí para él mismo. Hay que animarse a preguntar algo que puede romper con nuestras esperanzas y previsiones. Al decir esto se juega el todo por el todo. 

A Juan le pasa lo que a varios de nosotros en distintos momentos de nuestra vida: hemos creído que Jesús es Dios, que es el Mesías, pero no terminamos de creer o de aceptar su manera de serlo. Tenemos que vivir una "segunda vuelta" de nuestra fe, que muchas veces la vivimos cuando un dolor o una crisis entra en nuestra vida. Más allá de las diferentes cosas que uno vive y escucha frente a la dimensión crítica de nuestro camino, hay algo que es cierto. Toda crisis implica una cierta desilusión. Una pretensión nuestra, una expectativa se quiebra, un sueño se esfuma. Pocas experiencias son tan dolorosas como esta, cuando algo que anhelábamos se nos deshace y nos deja con las manos vacías de futuro. 

Pero en estas desilusiones está muchas veces la semilla de un camino nuevo, más profundo y real. Es ahora cuando podemos empezar a vivir desde la autenticidad, cuando el otro y yo mismo podemos mirarnos desde lo que somos y elegirnos desde nuestra verdad, y no a partir de nuestras fantásticas idealizaciones. En muchas de nuestras expectativas hay una omnipotencia y un narcisismo escondido que gracias a Dios quedan heridos de muerte al vivir estas crisis. 

En mi primer año de seminario, uno de mis formadores me hablaba de esto, y me dijo algo que se grabó profundamente en mi memoria: "Cuando nos desilusionamos, no perdemos nada, porque simplemente se ha esfumado eso: una ilusión. No la realidad". 

Juan el Bautista encontró en las palabras de Jesús los signos de un mesianismo diferente pero mucho más profundo y fiel a la Palabra de Dios que el que él se había imaginado. Su ilusión tenía que deshacerse para despertarse a algo más luminoso y grande que Dios le ofrecía. Tal vez tengamos que protestar menos cuando algún proyecto se nos cae de la manos, porque probablemente el Señor nos esté preparando algo mejor. O por lo menos, más real. 

viernes, diciembre 10, 2010

Miedo de amar II

Nos retobamos, escapamos, ponemos excusas para no ser invitados a la fiesta (probablemente porque intuimos que no estamos a la altura de la participación), o tememos el momento del encuentro... pero cuando nos entregamos, nos damos cuenta que era lo mejor que nos podía pasar en la vida.

martes, diciembre 07, 2010

Sobre los miedos

Vengo pensando mucho sobre los miedos últimamente. Los propios y los ajenos. Es notable como el miedo es una fuerza conductora de muchísimas opciones y estilos de vida, a veces sutilmente escondido detrás de la racionalidad, la prudencia y el buen tino. 
¿De dónde viene el miedo? En la Biblia la primera vez que aparece es cuando el hombre se da cuenta de que está desnudo al comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, cuando quiere erigirse en su propio Dios. Pareciera entonces que hay una relación entre el miedo y la individualidad a toda costa, el querer erigirse como sostén y controlador de todo y percibir al mismo tiempo que esto es imposible. ¿Será que el miedo brota cuando percibimos esa fragilidad y no nos animamos a manifestarla? Y así nos escondemos mientras Dios pregunta "¿dónde estás?".

Pero también es cierto que hay un miedo a dejar que lo más propio salga a la luz. Cuando nos dejamos llevar por la corriente, cuando elegimos lo fácil frente a lo conflictivo en aras de una falsa paz de cadáveres, cuando nuestros sueños se ahogan antes de empezar a nadar. Es el miedo de la promesa, el miedo a la desilusión del amor. El que hace que no digamos quiénes somos y que no nos juguemos porque tal vez no seamos suficiente para el otro, o para el lazo, o para la comunidad, o para la misión... El miedo que hace que Pedro diga "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador". Ese miedo que nos hace más de una vez empujar lejos de nosotros a los que nos quieren y por eso mismo son una amenaza (como decía tan bien Borges en su poema citado recientemente). 

El camino, creo, pasa por el amor y la confianza. Abrirse al otro y la promesa que trae consigo, porque es así como se disipan las ilusiones de pesadilla generadas por el miedo. Sólo un amor más grande que nuestros temores puede llevarnos más allá. Nadie lo dijo mejor que esa frase fabulosa de la primera carta de Juan:

En el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor. (1 Juan, 4, 18)

martes, noviembre 30, 2010

Están pasando más cosas buenas de las que imaginamos.
En algún lugar, alguien elige perdonar.
Alguien está pensando en dar su vida por amor.
Otro vela el sueño de alguien que ama.
O llora de amor o de pena alguien que ya no sabe cómo expresarse.
Alguien tiene un gesto de amor puro.
Hay más, más de lo que imaginamos.

Miedo de amar

El otro día releía ese poema maravilloso de Borges, "El Amenazado":

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir. 
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. 
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. 
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, 
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, 
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, 
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño? 
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. 
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se 
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz. 
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. 
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. 
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. 
Ya los ejércitos me cercan, las hordas. 
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) 
El nombre de una mujer me delata. 
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Es un texto realmente maravilloso, porque muestra tan claramente de qué manera el amor irrumpe y nos llena de temor y anhelo al mismo tiempo. Y de golpe nos damos cuenta que nada sirve para nada, que todas nuestras medallas son apenas barreras para el encuentro, que simplemente estamos llamados a ser para el otro y desde el otro. Pero entrar en este dinamismo de gratuidad, donde, como dice también Borges "no hay poseedor ni poseído, pero los dos se entregan", nos aterroriza. Y tantas veces terminamos comprando sucedáneos que nos atontan y nos hacen pensar que en realidad no nos hace falta amor. Es la tentación de la omnipotencia controladora que tantas veces rige nuestra vida. Pero si por un momento glorioso elegimos la pobreza del amor, nos hacemos ricos en serio.

lunes, noviembre 29, 2010

¿Por dónde iréis hasta el cielo/ si por la tierra no vais?
Pedro Casaldáliga, 
Preguntas para subir y bajar el Monte Carmelo

Esta vida es la que se nos da para hacerla antesala del cielo, no hay otra.
Estas personas con las que comparto mi camino son las que me invitan a amar y dejarme amar. No hay otras.
Esta Iglesia, este país, esta realidad es en la que Dios se hará presente. No hay otra.
Este corazón mío, con sus heridas, sus dones y limitaciones, con su historia y su presente es aquel con el que soy llamado a la plenitud y la vida. No hay otro.

Qué fácil es pensar que en otro contexto, en otras alternativas o con otras personas todo sería mejor. Pero es mentira y tentación. Este camino que tengo es el que me lleva al cielo. Y para llegar, tengo que hollar en él cada vez con más fuerzas. Ir a lo profundo de mi corazón, más allá de las heridas, donde se oculta la fuerza de la vida. A lo profundo de los vínculos, más allá de las desilusiones y los choques, donde está el encuentro. Más allá de las fachadas, donde se intuye el paso de un Dios vivo y escondido, donde el amor dice su palabra última, la única que da sentido a las cosas.

jueves, octubre 28, 2010

Hablar desde el camino

Muchos hablan hoy de encontrar un nuevo lenguaje en la pastoral, que tienda puentes (función de todo lenguaje). Una de las maneras de profundizar en esta búsqueda es empezar a hablar desde el camino. Desde las búsquedas personales y comunitarias. Desde el mirar un horizonte común y no desde el proponer metas y normas inalcanzables. Desde el sentirse fascinados por una belleza que nos atrae y que queremos compartir con los otros peregrinos.

jueves, octubre 21, 2010

Momentos de transfiguración

Pensando en Tania y Andy, que se casaron este sábado...

Qué momento de gracia cuando el misterio del otro se nos revela, desbordando de luz y de gloria,cuando tomamos conciencia de la persona que está al lado nuestro.Y más cuando, del mismo modo que en el monte Tabor, percibimos que esa luz viene de lo profundo de alguien frágil, vulnerable, que camina hacia la cruz, como todos. Todos necesitamos experiencias así. Sin transfiguración no hay amor. 
Sólo sé que una vez más
el rumor de tus sandalias pasa cerca
un sonido sutil del silencio
un dulce peso en el alma
una voz que me lleva al desierto
donde el poder muere para hacer sitio al amor
donde el pan partido es escuela
donde la noche está grávida de vida

y tu voz me hace recuperar la mía.

martes, octubre 19, 2010

Constructores de nuestro propio camino

En estos últimos meses he tomado mucha más conciencia del peso que tienen nuestras acciones. Limitadas, frágiles y condicionadas, como somos nosotros mismos, cada "sí" y cada "no" tienen sin embargo una fuerza enorme escondida en su interior, sobre todo cuando en vez de ser decisiones dispersas nuestras opciones tienen un hilo conductor, un horizonte previo que las unifique y concentre. Esto no debiera ser algo que nos presione, pero sí que nos haga tomar conciencia de que podemos elegir-nos, y que esas elecciones pueden convertirse en la afirmación más precisa de nuestro misterio. 

Y al mismo tiempo, cuanto más vamos realizando ese camino nos vamos dando cuenta que llegar a ser plenamente nosotros mismos siempre será un don, algo que se nos otorga y que no podemos simplemente arrebatar. Es una conquista regalada, un llegar al lugar en el que siempre estábamos. Quizás por todo esto me doy cuenta que no se trata sino de caminar humildemente, como dice ese poema despojado y hermoso de Hugo Mujica:


como toda una vida en el gesto
                                  de apenas los dedos.

ya no pido el horizonte,
                                ruego mis pasos  

Así vamos todos, rogando nuestro caminar cotidiano. Pero debiéramos hacerlo con una buena mezcla de seriedad y ligereza, con perseverancia y paciencia, con la paz que da saber que es Otro quien nos lleva y la alegría que brota de ser uno quien elige al mismo tiempo tomar las riendas de la propia vida. 

lunes, octubre 18, 2010

Un nuevo blog...

... no suele ser noticia. Pero cuando el que lo abre es un amigo y un poeta y persona cabal, uno no puede menos que promocionarlo. Además. ¿cuántas veces en la vida uno tiene la suerte de que le dediquen un poema? Pueden leerlo aquí y encontrar más cosas en "El corazón y el alma al descubierto". ¡Que lo disfruten!

martes, octubre 05, 2010

Camino hacia la Pascua dando gracias

Hace un par de años leí un librito espectacular del Cardenal Vanhoye "Tanto amó Dios al mundo. Lectio sobre el sacrificio de Cristo". Altamente recomendable para entender bien la noción de sacrificio desde una perspectiva bíblica y cristológica.
Dentro de  ese librito, destaca una joyita: un capítulo sobre el sacrificio como acción de gracias, donde describe la particularidad del agradecimiento de Jesús, que agradece no por recibir sino por la posibilidad de dar algo (en este caso en particular, a sí mismo) y que agradece no después que algo ocurra sino antes (de manera similar a cuando está por resucitar a Lázaro). 

El agradecimiento anticipa la realidad, es un paso de confianza sostenido por la certeza de la providencia y el amor bondadoso del Padre. Me ha hecho vivir de otra manera de la eucaristía. Ahora cuando llega el momento de la consagración muchas veces pienso en aquellas cosas de mi vida que están en tensión, sin resolverse: conflictos cuya resolución no asoma, preguntas e incertidumbres, dolores que siguen sanándose (propios y ajenos)... trato de que todo eso entre allí, en ese momento misterioso y sagrado donde la acción de gracias de Cristo toma todo lo que soy y vivo y lo deposita con amor y suavidad en las manos del Padre. Y eso me ayuda a confiar en que, de alguna manera, la Providencia de Dios va a actuar y transformar esa realidad que por ahora es simplemente un grito abierto a la intervención del Señor. 

lunes, septiembre 27, 2010

Gestos de amor - Permanecer despiertos

Amar es permanecer despiertos. Elegir una vida con el corazón y los ojos abiertos, capaces de estar atentos a lo que pasa dentro de nosotros y a nuestro alrededor.  Esto no es fácil. Pareciera que las pesadillas nos esperan al despertar y por eso mismo elegimos dormirnos, entumecernos frente a lo que pasa y nos pasa. Sin embargo, lo que no percibimos desde la atención no deja por eso de anidar en algún rincón para lastimarnos y dominarnos. Tal vez por eso la atención es una disciplina espiritual que está en el corazón de todo viaje espiritual y de toda verdadera experiencia de crecimiento. Y probablemente por eso mismo en muchas religiones las experiencias de crecimiento se vinculan con un despertar. Así se les decía a los primeros cristianos al bautizarlos: “Despierta, tú que duermes en la sombras”. Y cuando a un maestro Zen le preguntaron cuál era el secreto para la iluminación dijo “Atención. Atención. Atención”.



El amor pide estar despierto. Es mentira que el amor es ciego: pide cada vez más luz, porque el amor no puede vivir si no va a lo más profundo. Cuando el amor está despierto, anticipa la realidad y permite que eso que soñamos deje de ser sueño y empiece a ser realidad.

Hacer este camino pide una verdadera entrega, un don de uno mismo, un despojarse de la omnipotencia, porque para poder estar atentos hay que vaciarse de uno mismo. Y esto es una cruz, un dolor, una muerte. Pero es una muerte grávida de vida, un dolor necesario para ganar esa hondura indispensable para crecer, amar y ser feliz. 

viernes, julio 23, 2010

Salir a misionar

 

Mañana salgo a misionar una vez más. Será breve, apenas una semana (dos días en San Antonio de Areco y el resto en Trenque Lauquen). ¡No puedo esperar! Cada vez que vivo una misión vuelvo a renovarme en los núcleos de mi fe: el encuentro con Jesús, el llamado a compartirlo, el vivir en la sencillez junto a otros. Son días del Reino… días de Fuego. Días para dejar por las calles, como dice un himno de la Liturgia, el rumor de las sandalias de Jesús.

 P1010580

domingo, julio 18, 2010

Los ritos

Ahora que estoy a punto de sentarme a escribir, pienso antes en los ritos que rodean este momento. Es necesario tener a mano cosas que me inspiren y me predispongan mejor. Tener mi gorrito de lana verde (auténtico "thinking cap" de los últimos meses), mi taza de café caliente, la lámpara de aceite y la imagen serena de San Juan el Teólogo... algo de música de fondo... y ya estoy listo.

No debiéramos despreciar los ritos. Gente tan de carne y hueso como nosotros debiera saber que nuestro cuerpo necesita acompañar al corazón cuando se lanza a cualquier aventura, so pena de pagar un precio si lo olvidamos. Y cuando todo en cambio está en unísono, pareciera que una energía nueva brotara de nuestras manos y que ellas se prestaran con más entusiasmo a la obra que si sólo nos hubiéramos sentado a darle a las teclas.

Los ritos son importantes, ciertamente, para darnos cuenta que cada momento tiene su sacralidad, su liturgia personal que es necesario amar, cuidar y fomentar.