Dios no deja de buscarnos ni de esperar fruto de nosotros. Esta parábola es una síntesis de la historia de salvación. Frente al rechazo, Dios lo único que hace es redoblar la apuesta, ofrecer más posibilidades. Es llamativo que aunque la gente dice que el dueño eliminará a los viñadores homicidas, para Jesús el final queda más abierto. Los viñadores perderán su viña, pero no habrá castigo, o mejor dicho: se perderá la viña, castigo peor que ninguno. Pero sobre todo lo llamativo es que el rechazo aquí se vuelve oportunidad para que Dios revele más hondamente su amor.
viernes, marzo 13, 2009
jueves, marzo 12, 2009
Jueves de la Segunda Semana de Cuaresma
Un texto decía que el abismo entre Lázaro y el rico Epulón se había construido con cada paso que el rico no dio hacia Lázaro en vida. Aún en la muerte, Epulón no habla con Lázaro, y lo considera un inferior, un siervo. El abismo del egoísmo y la mezquindad es realmente desesperante.
Sólo Jesús puede franquear este abismo, rompiendo nuestra miseria en mil pedazos, esa miseria que nos hace acumular y aislarnos, para entrar en el círculo del don y la compartida. Sólo el fuego nos puede llevar al camino de la ofrenda y el don de sí. Jesús es realmente el puente, no sólo entre nosotros y Dios, sino también entre nosotros y los hermanos.
Vivir el servicio, para el cristiano, es mucho más que una actitud o un gesto. Es descubrir que la pascua se hace carne justamente en cada iniciativa, en cada oportunidad de darse al otro, de poner al otro en el centro, como lo hace Jesús. Servir y dar la vida… servicio y cruz, misión y Pascua…
Es también, redescubrir la paradoja de perder la vida para encontrarla. En esta cultura que guarda tanto su vida por miedo a quemarla para terminar desfogándola en cualquier cosa, entrar en esta paradoja nos puede, literalmente, salvar. Nos hace entregar aquello que más preciamos para recuperarlo al ciento por uno.
En el servicio me pierdo para encontrar mi yo más sincero, mi verdad más profunda. Sólo el que tiende la mano puede encontrar su misterio, que casi siempre está escondido en el corazón de los otros, que necesita de la voz de los hermanos para salir a la luz.
domingo, marzo 08, 2009
No todos los dolores son malos, ni indeseables. Hay heridas que hablan de los anhelos profundos que llevamos dentro, y hay que tener cuidado de no cerrarlas, por lo menos no a las apuradas. Si hay voces internas que nos arrastran y nos absorben, hay otras que nos impulsan hacia adelante, que se convierten en oración y servicio, en preguntas fecundas. Hay llagas que uno no quiere curar porque intuye que de algún modo son espacios abiertos por donde la gracia se abrirá paso. Quizás algunas veces se trate de eso, no de buscar inútilmente cerrar esas heridas (llevados en alguna oportunidad por un deseo de omnipotencia e invulnerabilidad), sino de descubrir que ellas se pueden transfigurar, que pueden ser manantiales de amor, como las llagas serenas del Señor Resucitado.
jueves, marzo 05, 2009
Bendecidos y rengueando…
… como Jacob el patriarca. Así salimos de cada encuentro con Dios. Con una certeza más arraigada de nuestra vocación y nuestra identidad, del amor que Él siente por nosotros. Salimos renacidos.
Pero al mismo tiempo, tenemos que atravesar la noche y la pelea. Dar golpes contra las sombras hasta que en un abrazo trabado encontremos al Señor. Es un combate que no podemos ganar, o mejor, que se gana al rendirse. Hay que tener valor para permanecer en esa brecha y decir “No te soltaré si antes no me bendices”.
Salimos entonces de ese round, más breve o más extenso, tambaleando. ¡Somos tan frágiles, y no nos habíamos dado cuenta! Pero ahora sí, nuestras rengueras se nos hacen más evidentes, nuestros moretones están a la vista de todos. En el fondo, como el encuentro con Dios nos hace más humanos, nuestra paradoja se revela con más intensidad después de estas experiencias: esa mezcla de barro y fuego, de bendición y combate, de flaqueza y gloria que es cada uno de nosotros.
lunes, marzo 02, 2009
Un texto para meditar
En estos días, estoy releyendo (y terminando de leer) un libro maravilloso de Olivier Clément, “Sobre el hombre”. Del primer ensayo del libro extraigo esta cita que me ha dejado rumiando un buen tiempo. ¡Que la disfruten!
“No puede accederse a la comprensión del hombre en Cristo más que por la penitencia y la oración. Quizá, entonces, hablaremos, pero a través de un cierto silencio que es adoración y atención de una capacidad de descubrir en el otro, tanto en el destino de una persona, cuanto en la historia de los hombres, la promesa de vida, la posibilidad de belleza. Las palabras que salen de un corazón purificado pueden sembrar en otro corazón. Así como Moisés, en el Sinaí, no puede a ver a Dios “más que de espaldas”, así también las palabras se convierten en el revés del silencio, en el revés de la paz. Y esta paz, desde las apariciones del Resucitado a los discípulos - “La paz sea con vosotros” – hasta las celebracioens litúrgicas de hoy en día - “En paz roguemos al Señor” – testimonia la presencia del Resucitado. La dulzura de los fuertes convierte al hombre en un árbol de paz - “es como un árbol plantado cerca de un curso de agua… y sus hojas no se secan nunca (Sal 1, 3) –. Hemos sacrificado los árboles con el pretexto que no servían para nada. Y nos damos cuenta hoy de que, sin árboles, la tierra ya no es fecunda. Esta época necesita hombres que sean como árboles, cargados de una paz silenciosa, arraigada a la vez en plena tierra y en pleno cielo.” Clément, Olivier, Sobre el hombre, Madrid, Encuentro, p.31.
miércoles, febrero 25, 2009
Para el miércoles de Ceniza
En la Biblia no son todos los tiempos iguales: hay momentos distintos, importante, señeros. Tiempos oportunos, porque en ellos se nos manifiesta Dios. Eso es la Cuaresma: un tiempo oportuno, un kairós. La imagen podría ser la de la ventana abierta que nos permite salir a un lugar nuevo.
- Ir de la mano de Jesús: él es el centro de la cuaresma, el núcleo de todo. Vamos a vivir la pascua con Él.
- La oración, el ayuno, la limosna, apuntan justamente a vivir como él: orientados hacia el Padre, entregados a los demás, libres plenamente para amar.
- Desde acá se entiende mejor el pecado: es negar lo que Dios sueña para nosotros, es impedir que la imagen de Jesús se forme en nuestro corazón. Es todo aquello que nos impide vivir como verdaderos discípulos. De todo ello nos queremos alejar y nos queremos convertir, es decir, volver.
- Por todo esto, la cuaresma es un tiempo de alegría. Es el gozo que se siente cuando uno vuelve a casa, o cuando uno descubre el camino después de haber estado perdido. Es probable que tengamos un largo tramo por recorrer... pero tenemos el gozo de saber que ya no estamos sin horizonte, que tenemos una meta hacia donde peregrinar. Es lo que vivimos cada vez que vamos a comulgar: mi horizonte es Jesús, mi camino es hacia él.
- Pidámoste al Señor que nos de la abundancia de su Espíritu, para que sea Él quien siga haciendo crecer su imagen en nosotros, liberándonos de todo aquello que frena su proyecto.
¿Para qué la cuaresma?
Para vivir la pascua con Cristo
Para crecer en libertad
Para abrirnos más a la gracia y dejar más atrás al pecado
Para que el Espíritu nos lleve al desierto
Para rezar más, o mejor, o ambas cosas
Para caminar como Iglesia hacia la Pascua
Para renovar nuestro bautismo
Para poder amar como Él.
martes, febrero 24, 2009
Eucaristía y misión (Crónicas de Catamarca III)
La experiencia de celebrar la Eucaristía en una misión tiene siempre un sabor particular. Saber que el amor de Cristo, que quiere llegar a todos y tocar el corazón de cada ser humano, se hace presente en un lugar donde la Eucaristía no se celebra a menudo (a veces donde nunca se la ha celebrado antes o donde han pasado años desde la última celebración) le da a la misa una densidad única, una fuerza que ayuda a descubrir un poco más de este misterio. Percibir con más claridad que el amor de Jesús no sabe de fronteras y que nos lleva a a superar nuestras barreras y desencuentros, a salir al encuentro del otro. Descubrir que la Pascua atraviesa todas las historias y toda la Historia…
Quizás, sobre todo, entrar en la alabanza, en la acción de gracias de Jesús. Volver al asombro y la admiración por este don inmenso que es el centro de la vida del cristiano y del universo mismo. La ofrenda de Cristo es el núcleo escondido del mundo.
Sobre el Evangelio de hoy (Martes de la VII Semana del Tiempo durante el Año)
Ponerse al servicio del otro es la aplicación más concreta y contundente del mensaje de cruz y abajamiento que Jesús viene anunciando estos últimos días. Disipa cualquier afectación, imaginación vana o dolorismo que podría hacernos perder de vista lo esencial del misterio de la cruz: la entrega por amor, el poner al otro en el centro.
El servicio es vivir en el día a día el camino de amor humilde y desarmado de Jesús. Tener al hermano como objeto de nuestro amor, tener el bienestar del otro como horizonte permanente. Es lo que Jesús sigue haciendo hoy: se pone a nuestro servicio, se entrega por amor, para que nosotros podamos hacer lo mismo por los demás.
lunes, febrero 23, 2009
Respirar para entrar en tu presente, para escucharte más claro, para despertar...
Recibir tu ternura como una sorpresa, como una gracia que me hace seguir caminando, entre la sed y la tiniebla...
martes, febrero 17, 2009
viernes, febrero 13, 2009
Las migajas y los flecos
domingo, enero 25, 2009
Apuntes sueltos II
Ir lo más pronto posible a lo esencial. Escuchar, siempre, intuir, aún detrás de un modo ácido o brusco, la verdad que se quiere proteger o presentar.
No dejar de buscar el encuentro. No rendirse frente a la dureza.
Siempre, siempre, purificar el corazón: despojarlo de toda manipulación, de todo deseo de victoria. Confiar en la fuerza de la verdad, que termina por abrirse paso.
Y saber que esta nunca puede ir separada del amor: pues para el que cree en una Verdad que también es Amor, y Amor-Persona, el modo en que se defiende el punto de vista y se escucha el del otro es tan importante como aquello que se presenta.
sábado, enero 24, 2009
Memento mori
Cuando viví en Virreyes, como he contado en otros posts, dediqué bastante tiempo a la celebración de las exequias (el "responso", como se lo conoce tradicionalmente). Cada uno de ellos fue dejando su huella, pero hay uno que caló en mí de modo particular.Una tarde calurosa tuve que ir a rezar junto con una familia que había perdido a uno de sus hijos. Unos chicos habían querido robarle su motoneta, y frente a su resistencia, lo mataron de un balazo. Rezamos juntos, pidiendo paz y justicia.
A diferencia de otras veces, donde en general volvía rápido a la parroquia para seguir con las actividades del día, me quedé un rato. El chico tenía mi edad (en ese momento contaba con 23). Yo andaba en bici por el barrio y en ese tiempo no usaba todavía el hábito clerical. No pude evitar pensar que tranquilamente podría haber sido yo el destinatario de ese balazo en algún encuentro desafortunado. De repente, palpé mi propia fragilidad de un modo desconocido hasta entonces para mí. Esta experiencia se ha repetido,desde entonces, cuando la muerte ha pasado cerca a lo largo de mi historia.
Sin embargo, esto no ha sido algo negativo. Me ha hecho valorar más la vida, el peso de las decisiones que tengo y a la vez, lo pasajero que es todo. Tomar conciencia de la propia muerte no es necesariamente caer en un nihilismo o en una apología del dolor o el absurdo. También puede servir para aprovechar mejor el tiempo que uno tiene, para recordar eso que decía Gustav Thibon: "Todo lo que no es eternidad recuperada es tiempo perdido". Para descubrir el don. Ponerse delante de la propia muerte nos ubica y nos relativiza en el mejor de los sentidos. Nos hace más humildes.
Algo de razón tenían los antiguos cuando decían Memento mori: "Recuerda que has de morir". No para amargarse, no para despreciar esta vida... para vivirla mejor. Algo que también dice esa chacarera: "La vida me han prestado y tengo que devolverla/cuando el Creador me llame para la entrega/ Que mis huesos, piel y sal/ abonen mi suelo natal".
La fuente (Crónicas de Catamarca II)
Cuanto más pasa al tiempo, más uno se descubre vinculado con su propia historia y más allá de ella a la vez. El paso de los años hace que uno perciba su singularidad que va tomando un contorno más definido. Pero junto con eso se acrecienta la percepción de brotar de algo y alguien más. La conciencia de haber nacido de un amor, frágil pero cierto, limitado pero auténtico, es una de las mayores alegrías que uno puede experimentar. Somos misterio, pero este misterio no es una célula aislada: es una comunión. De los lazos nace y busca generar nuevos encuentros, nuevos vínculos.
Viajar con mi padre me llevó una vez más a esta alegría, al asombro, a redescubrir mis raíces... y en ese asombro, percibir una vez más que todos estamos en camino, padres e hijos... y entre todos nos acompañamos, aprendiendo unos de otros, mientras el horizonte nos convoca.
La corriente secreta (Crónicas de Catamarca I)
Dentro de unos días partimos con un grupo de jóvenes a misionar a La Majada, un pueblo pequeño ubicado dentro de la parroquia que corresponde a la zona de Ancasti, en la provincia de Catamarca. Será toda una experiencia. Experiencia que empezamos a preparar desde Buenos Aires y para la cual viajé antes a fin de conocer el lugar, al párroco y a la gente que vive allí.
De ese encuentro, y del camino que ser realizó para llegar hasta él, brotaron muchas vivencias, de esas que uno guarda dentro porque intuye que en el relámpago de una imagen o una palabra puede haber una enorme riqueza. Me pareció que un buen modo de preparar la misión era sacar estas imágenes a la luz, para que las palabras desplieguen mejor esa fecundidad a veces escondida.
En el camino a la Majada, cuando estábamos llegando a Catamarca capital, en medio de un calor aplastante, casi de pasada, vi a una chiquita caminando, sola, con su guardapolvo y su mochila. Algo que uno ve todos los días en la ciudad. Pero en la soledad y el calor de ese rincón perdido del país, algo le daba un relieve especial al hecho, a ella, al gesto...
Que en medio de ese rincón semidesierto una chiquita estuviera caminando hacia la escuela me hizo pensar en la innumerable cantidad de actos anónimos de amor y esperanza que la gente realiza día a día. En que así como ella, muchos otros chicos estarían yendo ahora a clases. Pensé en que, así como es cierto que ocurren miles de cosas malas, en todo lo que nos llega a través de las noticias, y todo aquello que permanece oculto pero hiere, de un modo u otro, nuestro cansado mundo... también están estos fueguitos que se van encendiendo unos a otros, para mantener el amor andando, para que la esperanza no se pierda... para seguir dándonos motivos, unos a otros, para permanecer en el camino.
Recordé ese poema de Borges, Los Justos:
Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.
miércoles, enero 21, 2009
Apuntes sueltos
viernes, diciembre 12, 2008
Para ayudarnos a esperar
todas las vidas,
dadme todo el dolor
de todo el mundo,
yo voy a transformarlo
en esperanza
Pablo Neruda, El hombre invisible
Hoy, más que nunca, descubro en estas palabras de Neruda algo que sólo puede aplicarse a Jesús. Es necesario ir al centro de la Pascua, al corazón ardiente del Cordero, del crucificado y resucitado para que el dolor se convierta en ofrenda, para que las puertas cerradas se conviertan en oportunidad, para que encontremos, en medio de todo, un motivo para seguir esperando, una luz que nos indique el camino.
