lunes, febrero 19, 2007

Otra historia del barrio

Casi todos eran paraguayos en la comunidad de la capilla, así que teníamos una vez al mes misa con cantos y oraciones en guaraní. No entendía ni una palabra, pero las canciones eran muy bonitas y sobre todo me gustaba una antífona que ellos entonaban antes del Gloria. De a poquito fui pescando la melodía y la cantaba de oído.
Un día una de las chicas que venía a catequesis me escuchó cantando esa antífona y empezó a matarse de risa.
- ¡La está cantando mal, padre!
- ¿Y cómo es, entonces?

Con infinita paciencia me enseñó la melodía sílaba por sílaba. Y cuando más o menos le había pescado, le pregunté:

- ¿Y qué quiere decir esto que cantan?
- Quiere decir "Nosotros somos pobres pero lo tenemos a Dios".

Desde la periferia

Hace tres años tuve la suerte de ganar una beca para asistir a un encuentro en Estados Unidos. Ya conocía el país, pero era mi primer viaje allí de grande, y además solo, con todo el tiempo del mundo para conocer, recorrer y hace una experiencia distinta, no tan turística y más orientada a charlar con la gente y conocer más "desde dentro".
Una parte importante del recorrido fue una semana que pasé en Washington. Impresiona caminar por el Mall, la zona de la ciudad donde uno se encuentra con los museos del Smithsonian, el monumento a Washington, el Capitolio... andar por la calle y toparse con las universidades, el Banco Mundial. Saber que en esa porción tan chica del planeta se toman decisiones que afectan a millones de personas.

Al año siguiente, empecé mi trabajo pastoral los fines de semana en una villa dentro de la parroquia a la que me asignaban. Una de las experiencias más profundas de mi vida. Cuanto más me metía en el barrio, más descubría una presencia de Dios fuertísima en él. La vida, con toda su complejidad, su alegría y su miseria, se abría paso y se presentaba descarnada y sincera en medio de los pasillos. Algo que ni por asomo había experimentado en el viaje, o en distintas situaciones donde me sentí más cerca del poder, del éxito, del prestigio.

Hablando con un cura amigo, un tipo grande y sabio, le comenté esto y me decía: "Y claro... lo que pasa es que en los lugares del poder nadie quiere que las cosas cambien. Los únicos que quieren que la situación cambie son los pobres. Por eso la vida esta ahí. Y también Dios".

domingo, febrero 18, 2007

En torno a las lecturas de este domingo...*

... que hablan del amor a los enemigos.

Se trata de perdonar para ser más libres, para vivir según la gracia. No es renunciar a la confrontación para que nos pasen por arriba, es renunciar a la violencia para resolver las situaciones.

El corazón de la cuestión está en ser Hijos de Dios. El que descubre cada vez más el corazón de Dios es quienpuede perdonar... pero, además, solamente cuando descubrimos el verdadero valor del perdón podemos construir en serio. No alcanza con la justicia. Hace falta llegar a la misericordia, a la reconciliación. Sólo así se frena la espiral de violencia en la que tantas veces nos ahogamos.

Esto es una gracia de Dios. Un regalo a pedir insistentemente si queremos vivir y ser cristianos en serio. Todos tenemos la experiencia en algún momento de ser lastimados, de ser injuriados, de que alguien nos hiere, y más de una vez sin motivo alguno. En el momento en que perdonamos empezamos a ser un poco más libres del daño que se nos ha hecho. Libres para amar. El que perdona ya está resucitando.

El modelo siempre es Jesús. Él muere perdonando y resucita para renovar, para reconciliar. Por eso en la Eucaristía aprendemos a perdonar. Bebemos del amor de Jesús que no es un amor simplón, dulzón: es un amor que sabe de heridas, de perdón y sanación. A ese amor nos acercamos, regalo pero también compromiso con un mundo y una Iglesia cada vez más fraterna.

*(apuntes garabateados para la homilía de este domingo. Vendrán variaciones sobre el tema. No se asusten, no predico tan desprolijo en la vida real)

martes, febrero 13, 2007

Leyendo a Juan Ramón Jiménez



Cada nuevo libro, cada autor que uno conoce es un nuevo compañero, alguien que nos presta de su voz para que encontremos los nombres de nuestra historia. J. R. Jiménez es uno de los compañeros de camino de este tiempo. Dejo algunos de sus poemas que vengo rumiando en este tiempo.

Sencillez

¡Sencillez, hija fácil
de la felicidad!
Sales, lo mismo, por las vidas, que el sol de un día más,
por el oriente. Todo
lo encuentras bueno, bello y útil,
como tú, como el sol.
¡Sencillez pura,
fuente del prado tierno de mi alma,
olor del jardín grato de mi alma,
canción del mar tranquilo de mi alma,
luz del día sereno de mi alma!

******

¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
... Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

******

¡Qué goce, corazón, este quitarte,
día tras día, tu corteza,
este encontrar tu verdadera forma,
tierna, desnuda, palpitante,
con ese encanto hondo, imán eterno,
de las cosas matrices!

¡Corazón al aire,
resistente en tu fuerte vida débil
al ímpetu de todo el sentimiento,
al ímpetu de todo el pensamiento
- ideal, instinto, sueño; estas
cien ansias centimanas -,
como la mujer joven
al ímpetu completo del amor!

Leyendo a Robert Frost II

Después de bregar y bregar, cayó en mi cuarto sin ningún esfuerzo previo una antología de Robert Frost que buscaba hace mucho tiempo. Volvi a detenerme en mis poemas preferidos y de a poco voy conociendo otros. En particular me detuve mucho en uno llamado "Into my Own", que ya había posteado. El poeta habla allí de un bosque que lo atrae. Desearía que éste fuera eterno para internarse en él sin miedo, y espera que nadie lo retenga en este viaje por miedo a perderlo. Termina diciendo "They would not find changed from him they knew - only more sure of all I thought was true" (No me encontrarían distinto de aquel a quien conocieron - sólo más convencido de todo lo que pensé verdadero).


Me gusta mucho esta frase final porque creo que una de las cosas más difíciles en la vida es permitir que los que amamos recorren el camino a su propio misterio, sobre todo cuando éste los lleva por derroteros que nos asustan e inquietan. Dejar que cada uno siga su camino es uno de los actos de amor y libertad más profundos (y dolorosos) que podemos hacer.

lunes, febrero 12, 2007

Escuchando a Robbie Williams...

Uno se sorprende. Me había armado una lista de música tranquila y ligera para escuchar de fondo mientras escribo (entre otras cosas, para no tener que someterme al suplicio de la marcha con la que el gimnasio al lado de la parroquia ataca al resto de la manzana), entre las cuales está una balada de Robbie Williams, "Better Man". En un momento, la letra dice: "Once you' ve found your lover, you're homeward bound", algo así como "Una vez que encuentras a tu amor, estás camino a casa". Me pareció algo genial: la experiencia de amor siempre tiene que ver con volver a casa, con llegar al hogar, el lugar del cobijamiento, del descanso...

Expertos en noches II

Creo que una de las cosas que los expertos en noches nos ayudan a descubrir es dónde se encuentra lo esencial. Es la sensación que me queda cada vez que tengo la suerte de cruzar palabras y encuentro con aquellos que ya "están de vuelta". Los sacudones, el tiempo, la compleja marea de la vida va haciendo que los que encuentran su ritmo capten con más facilidad qué es importante y qué no... dónde vale la pena poner las fichas.

Desde lo esencial uno se proyecta hacia otras cuestiones, importantes pero carentes de fuerza si no tienen esa conexión con las intuiciones profundas, donde se esconde la vida.

sábado, febrero 03, 2007

Escuchando a Regina Spektor


Un descubrimiento del verano, guiado de la mano de "Rolling Stone". No tengo mucho para decir. Simplemente escúchenla, sus temas están disponibles en su página web. ¡Ya vendrá alguna reflexión sobre sus letras!

lunes, enero 22, 2007

Expertos en noches

Los que saben dicen que más que una época de cambios atravesamos un cambio de época o "cambio epocal", como los amantes de los neologismos gustan expresar.

Un mundo está terminando de caer. Otro espera a surgir a la luz. Y mientras tanto, estamos nosotros intentando encontrar el camino. ¿Qué hacer? ¿Sostener lo que de por sí se está cayendo? ¿Contribuir alegre y despreocudamente a su destrucción, acelerando los ritmos naturales? ¿O simplemente quedarse al margen y procurar vivir lo mejor posible? Preguntas que supongo se harán todos los que viven en épocas de crisis.

Es tiempo de noche. De asumir la perplejidad que nos produce esta realidad tan cambiante y exigente, que no se rinde ni a los más exhaustivos análisis.

Pero esto no puede ni debe ser algo malo. Es una oportunidad, un desafío.

Quizás uno de los posilbes puntos de apoyo sea buscar "expertos en noches" que nos den pistas (no soluciones, porque cuando uno camina en la noche necesita orientación más que mapas precisos), mujeres y hombres que sepan de perderlo todo y empezar de nuevo, del dolor y la vida que se abre paso en medio de él. Personas que hayan atravesado el silencio, la herida y la pérdida para enriquecernos con su pobreza, con su fragilidad abrasada en luz humilde de vida. Gente con espíritu de Pascua, de paso, de muerte y resurrección. Será cuestión de buscarlos y preguntarles ¿cómo hicieron?

lunes, enero 15, 2007

Historias de responsos

El "responso" es el nombre que popularmente se da a la celebración de las exequias, esto es, a la celebración que acompaña la muerte y el entierro de un cristiano.
Durante mi año pastoral (tiempo en el que los seminaristas vamos a vivir a una parroquia para hacer una experiencia fuerte de la vida en un comunidad determinada como parte de nuestra formación) viví a una cuadra del cementerio de San Fernando. Ubicado en una zona muy humilde, los responsos eran una parte importante del ministerio. A veces tenía tres o cuatro velatorios por día. Así que hice una buena experiencia en poco tiempo. Y también acumulé unas cuantas historias. Ésta es una.
****************
El verano pega fuerte en Virreyes. El sol rebota en el cemento, y por momentos pareciera que la brea quiere colarse también por la nariz y meterse en los pulmones. Desmotiva bastante para casi cualquier cosa.
Así que cuando en un día de esos suena el timbre uno atiende con el deseo de que el pedido no implique pasar mucho tiempo al sol... y con la certeza de que será así.
El timbre sonó, el pedido implicaba sol, y sol de cementerio. Sin mucha posibilidad de resguardo. Agarré el hisopo con agua bendita, la biblia y bajé. Me esperaban una chica joven con su hijito. Ya me habían tirado el dato que iban a pasar pidiendo un responso, así que sin mucho preámbulo no saludamos y rumbeamos para allá.
El muerto era el padre de su novio. Asesinato. Parecía mentira que faltara tan poco para Navidad, y en medio del clima festivo alguien tuviera que estar enterrando a su viejo por una muerte violenta.
Llegamos a la tumba. Estaba el muchacho solo. Un tipo con mirada serena y dolida. Charlamos un rato. Su papá había muerto por una bala perdida. Un tipo había pasado por el pasillo del barrio donde el vivía a los tiros y a él le había tocado ligar uno.
Del final fuimos avanzando hacia atrás. El hombre me contó que su padre los había dejado a él y a su madre cuando todavía era chico para irse con otra mujer. Pero siempre lo recibió en su casa y lo reconoció como su hijo.
Mientras me contaba la historia de su padre, se le iluminaba la cara. Había sido un gran asador. Así que después del responso iban a hacer una buena parrillada en su honor.
A lo lejos se acercaba una persona. Le pregunté quién era.
- Es la mujer de mi papá. Por eso quería que esperáramos. Me pareció que ella tenía que estar.
No pude evitar sentirme impresionado... este hombre estaba delante de la muerte absurda e injusta de su padre, con todos los motivos para estar enojado o resentido... y sin embargo, con todo el dolor que tenía, permanecía agradecido. Y sin rencores, sin broncas.
Una vez que la señora llegó a a la tumba, empecé con el responso. Convencido de que en realidad tendría que haber hablado él.

sábado, diciembre 30, 2006

Cuando viví en Virreyes conocí y escuché bastante del crecientemente famoso reggaeton (o reguetón). Es un ritmo sumamente pegadizo y divertido para bailar, aunque tenga a la vez (como dicen sus críticos) un contenido sumamente machista en la mayoría de sus letras. Daddy Yankee es uno de sus más famosos intérpretes, y en una de sus canciones, "Sabor a Melao", dice "el Señor endulza/ todo lo que tú me salas". Me pareció una imagen genial. Parece que es cierto lo de Justino, y en todas partes hay "semillas del Verbo"... ¡también en la música para bailar!

Aprender la ternura

¿En qué momento de la vida nos olvidamos de la ternura? ¿Por qué será que tantas veces entramos al santuario del otro con tanto descuido?

Y lo curioso es que los heridos son antes que nada los cercanos, los más vulnerables de todos.

Quizás sea porque la ternura hoy necesita ser aprendida, como un idioma difícil pero necesario, como un compromiso ineludible con tanta gente herida...

Leyendo a Alejandra Pizarnik

La noche me sorprende re-leyendo a Alejandra... la conocí en uno de mis viajes a la Biblioteca de San Isidro (la conocí de verdad, la tenía nombrada hace rato). ¡Uffff! Leerla es un viaje intenso, desgarrador. Alejandra te duele. Pero es uno de esos dolores que uno quiere tener dentro de sí, como quien guarda con orgullo una cicatriz porque es recuerdo de amor, aunque amor dolido. La recomiendo ampliamente.

LA NOCHE

Poco sé de la noche

pero la noche parece saber de mí,

y más aún, me asiste como si me quisiera,

me cubre la conciencia con sus estrellas.

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.

Tal vez la noche es nada

y las conjeturas sobre ella nada

y los seres que la viven nada.

Tal vez las palabras sean lo único que existe

en el enorme vacío de los siglos

que nos arañan el alma con sus recuerdos.

Pero la noche ha de conocer la miseria

que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.

Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas

Sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

Su lágrima inmensa delira

y grita que algo se fue para siempre.

Alguna vez volveremos a ser.

miércoles, diciembre 27, 2006

Hombres con el corazón traspasado

Karl Rahner, en un texto que me gusta y releo constantemente, dice al final "Dame, Señor, la gracia de ser un hombre con el corazón traspasado, único modo de ser tu sacerdote".

Creo que por ahí va la clave. Por bajar las barreras, animarse a que las preguntas nos interpelen, las esperanzas nos contagien, las búsquedas nos pongan en movimiento... por dejar que el amor nos invite a entrar más hondamente en la espesura. Por dejar que el dolor nos ensanche un poco más el espacio del alma.

Ser hombres de compasión y compañía, que no tienen miedo de herirse en el camino porque saben que las llagas se transfiguran, que para el creyente la herida se puede volver surco de esperanza, posibilidad de vida.

El corazón de Jesús es el crisol, el lugar donde el dolor se transforma en esperanza... donde se vive la pascua, la transformación, el paso hacia lo nuevo que no niega lo anterior, al contrario: lo requiere, pero para llevarlo más allá, para transformarlo.

martes, diciembre 12, 2006

Leyendo a Hugo Mujica

Este año pude darme un gustazo: conseguir la poesía completa de Hugo Mujica. De a poco leo y releo el libro... Leer y releer la poesía completa de un autor es algo fantástico, permite que uno se vaya embebiendo lentamente de la poesia. Tomando una imagen de Shunryu Suzuki, es como cuando uno camina en la niebla: sin percibirlo, queda completamente empapado, consustanciado con ella. Del mismo modo, leer a un poeta de modo continuado y progresivo permite (bah, por lo menos me lo permite a mí) entrar más de lleno en su obra.

No quiero decir que se entienda mejor lo que escribe (no creo que la cuestión sea cuestión simplemente de "entender"). Es como si la poesía llegara más lejos dentro del propio territorio, como si le diéramos el tiempo que ella necesita para encontrar esos rincones del propio corazón donde se da el encuentro, lugares al que a veces las apuradas y el ruido vedan el acceso.

Y creo que para poetas como Mujica esto es una condición casi indispensable. Escribe desde el silencio y pide silencio para ser escuchado... por suerte, creo también que su palabra nos lleva al silencio... sus versos traen dentro suyo el silencio que los ha engendrado para colarse dentro nuestro y hacernos tierra fértil... palabra honda, despojada, desnuda, la de los versos de Mujica.

LA GRACIA PERDIDA

al final la casa
es siempre atrás


como el umbral
de la despedida, el del adiós frente
a un camino nunca trazado


el del gesto inconcluso,
la mitad olvidada.


en el medio la terca torre:
el propio nombre


la estaca entre el deseo
y la nostalgia,


el puñado de humo
en el que aferramos el miedo a perder
lo que nunca tuvimos.

al final, el que nos llega,
queda la apuesta
del inicio, la gracia perdida:
queda perderlo todo.
De Noche Abierta

Con la esperanza de los amigos

A veces nos perdemos.

A veces nos quedamos ciegos a nuestra propia luz, y tampoco podemos tantear el hilo que nos conduce a la salida.

A veces desesperamos.

Pero por suerte, o porque la esperanza nos conoce, ella no sólo anida en nuestro corazón. También se reserva espacios en los amigos, en los compañeros. Y cuando no podemos encontrarla dentro nuestro, nos saluda desde un corazón hermano.

Será que en algunos momentos, cuando todo parece ser silencio y vacío, uno tiene que vivir de la canción de otros. Hasta que volvamos a aprender la melodía. O al menos, a tararear el estribillo.

Al servicio del fuego

Recuerdo que cuando estaba en el secundario y estudiaba el zoroastrismo en Historia Antigua, me llamó la atención el hecho de que sus sacerdotes custodiaban el fuego sagrado en sus templos y no podían permitir que se apague. Me parecía una imagen sumamente atractiva y fascinante. Ser guardianes del fuego santo...
Después entré al seminario y, como se acostumbra, elegí una frase del Evangelio que me acompañara a lo largo del año inicial. Elegí una poco usual, del Evangelio de Lucas: "He venido a traer fuego sobre la tierra" (Lc 12, 49). Sentía en ese momento que Jesús quería que yo fuera ese fuego... ese fuego que es, en realidad, el del Espíritu... uno se pone a disposición para recibirlo, guardarlo y transmitirlo.
Recientemente, leyendo el libro de Anselm Grün sobre el orden sagrado, él retomaba esta imagen "sacerdotal-arquetípica" para entender el ministerio". Y una cita en el libro "Ser sacerdote hoy", de Gisbert Greshake, también la toma: dejo el texto porque creo que revela un poco lo que late en el corazón del que opta por este camino, especialmente al pensar en el hoy tan cuestionado celibato.


He sido puesto al servicio del Fuego.
El prender fuego es lo más importante de todo.
Prácticamente esto significa que debo mantener libres e indivisos mi tiempo, mi corazón y mi vida para la palabra reveladora y salvífica del Señor, a fin de que esta llegue hasta mí mismo, para que yo la viva personalmente,
la concrete, a fin de esclarecerla con mi presencia y así transmitirla...
que yo mantenga despierta la ardiente espera de una realidad que sobrepasa toda la felicidad que pueda experimentarse por lo de aquí abajo y provisional; con total disponibilidad para mis hermanos los hombres, a quienes yo tengo que acercar esa realidad, con los que yo debo compartirla. Yo no los conozco de antemano.
No sé hasta qué punto llega la red de relaciones del amor, esa red que yo he de tejer y lanzar; esa red que, desde luego, es ante todo o ha de ser mi comunidad,
pero que por su misma esencia no tiene limitaciones.

Heinrich Spaemann

lunes, diciembre 04, 2006

Apuntes sueltos sobre la esperanza

Tuve que garrapatear algunas notas sobre la esperanza para un retiro. Las entrego acá confiando en que le servirán a alguien en este tiempo de Adviento.

Desde el principio, Dios nos hace una promesa. El amor de Dios nos quiere para más, para la plenitud: nos invita a dar pasos hacia una felicidad que sólo él puede dar, que sólo él puede regalar. Desde el principio, Dios nos invita a la fecundidad y al amor.

Pero también desde el principio hay algo en nosotros que parece querer arreglárselas por sí mismo. Aprender a vivir no desde la promesa, sino desde uno mismo, desde las propias posibilidades y fuerzas. Como si esperar que nuestra vida nos viniera de otro fuera algo que en el fondo nos limita y empobrece.

Lo curioso es que cuando el hombre opta por decir que no a este plan de Dios, Dios redobla la apuesta y agranda la promesa. A partir del no a Dios nace la esperanza, cuando Dios nos dice que nos va a salvar del mal, que no está todo terminado ni cerrado, que siempre está la posibilidad de un paso más, de algo que nos puede sacar de la muerte, la tristeza y la esclavitud en la que a veces estamos metidos.

Toda la historia del Pueblo de Dios es la lucha entre la esperanza que Dios renueva constantemente cuando los invita a confiar en su promesa, y los ataques contra la esperanza de Israel. A veces venían de afuera, cuando situaciones que el pueblo no puede controlar ponen en peligro su destino y su vocación, pero también en numerosas oportunidades desde adentro, desde las ganas de querer confiar en las propias fuerzas, o del desaliento que da el sentir que ya no se puede seguir adelante.

El pueblo de Israel aprendió a esperar y confiar cada vez más a lo largo de las crisis y dificultades... su esperanza se fue agrandando cada vez más. Y justamente cuando más oprimidos estaban por fuera y por dentro, se dieron cuenta que su salvación podía venir sólo de Dios. Pero parecía no venir.

Con el tiempo, varios se fueron acomodando. Más que desesperarse, se fueron sacando la esperanza de encima como quien se saca una ropa incómoda. Algunos pensaban que la esperanza de Israel se iba a realizar cuando todo se arreglara mágicamente. Otro se imaginaban que Dios iba a darles de nuevo la fuerza para cambiar las cosas con poder. Y no faltó quien se imaginara que sólo algunos elegidos, puros, se iban salvar.

Cuando ya pocos esperaban, entonces, despacito, sin ruido, en el lugar menos esperado... aparece Jesús. Un salvador que no es al estilo que muchos esperaban y que ciertamente no tiene mucho que ver con la imagen que varios tenían, con la esperanza de la mayoría. Los que esperaban un Mesías castigador descubren en este tipo alguien casi libertino, cerca de los impuros y los pecadores. Los partidarios de la fuerza se desilusionaron de este hombre firme y con una palabra de fuego, pero pacífica.

Sólo algunos aprenden a descubrir que en Jesús puede estar el cumplimiento de lo que esperan, que Jesús puede ser la respuesta a su esperanza: los pobres, los enfermos y los pecadores. Descubren que él puede darles lo que están buscando. Justamente porque no viene a arreglar las cosas “desde arriba”, sino desde dentro. Jesús se deja afectar por lo que al otro le pasa. Se conmueve, comparte, se acerca.

Jesús viene a anunciar que Dios está viniendo, que su Reino está cerca. Que la esperanza es posible. Jesús tiene una esperanza: la de que la promesa de Dios, de venir a estar en medio de la gente, transformando su vida y uniendo a todos se cumpla... Y confiado en que todo depende de Dios se compromete con todo su ser en esa misión, siguiendo la promesa de su Padre, su Abbá, su papá. Porque se sabe amado con un amor infinito, sabe que siempre hay esperanza, que su vida está en manos de Dios. Y por esa misma experiencia, puede transmitir esperanza a los demás. Los que están tristes, enfermos y desesperanzados, encuentran en Jesús una posibilidad nueva, un sueño distinto, un camino que antes no hubieran recorrido.

Creo que por eso los evangelios le ponen a Jesús nombres que, en el fondo, son nombres de esperanza. Jesús es el pan, la resurrección, la luz, el rey, la salvación, el amor... las necesidades, los deseos más profundos del ser humano hechos gesto y palabra.

Jesús quiso compartirlo todo... y por eso mismo también vivió el quiebre de su proyecto... el sueño del Reino se rompió desde dentro por la traición y el desengaño. Jesús vio como todo lo que había hecho se caía abajo y que él mismo iba hacia la muerte. ¿Qué había pasado con la promesa de Dios? ¿Qué había pasado con la esperanza de Jesús?

Jesús no sabe qué va a pasar. Pero no deja de esperar. Confía. Y es, como Dios (porque es Dios), un hombre que apuesta al amor al extremo cuando todo parece oscurerse. La cruz lo encuentra gritando a Dios pero rezando, confiando.

El Padre responde resucitando a Jesús. La resurrección es la esperanza de Jesús y la de todos hecha cumplimiento. Allí hay algo que se le regala a Jesús, y en él, a todos nosotros, que ya no se puede romper. Jesús resucitado nos muestra que las heridas se pueden transformar en fuente de vida; que los proyectos rotos pueden renacer a algo mucho mayor; que nuestra vida es valiosa aunque todos digan lo contrario; que el amor entregado nunca se pierde.

En Jesús resucitado, que vino, que viene y va seguir viniendo, podemos encontrar una vez más nuestra esperanza renovada. No porque por creer en él se vayan a resolver nuestros problemas y dificultades. Sino porque creemos que él viene a transformar nuestra oscuridad en luz, nuestra tristeza en alegría... desde adentro, compartiéndola con nosotros. La certeza que nos da es la de su amor. Sólo el que se sabe amado puede esperar. Sólo puede dar esperanza quien regala amor gratuitamente: amor al estilo de Dios, que se abaja y extiende, que se inclina hacia el que sufre, que se anima a meterse en las tinieblas para hacer brillar en ellas la luz.

jueves, noviembre 30, 2006

Apostar a la esperanza

Para algunos seguramente será simplemente una pérdida de tiempo. ¿Quién puede animarse a poner sus fichas en la esperanza?

Algunos se animarán:

quien intuya la vida germinando entre las ruinas,
quien encuentre una puerta más para golpear,
quien grite confiando en ser escuchado,
quien desee el encuentro con cada fibra de su cuerpo
quien descubra que su corazón vive más en otro que en sí mismo,
quien no se conforme con menos que con todo,
quien todavía se deje guiar por el horizonte,

y sobre todo, quien tenga viva dentro de sí la experiencia del amor. Sólo puede esperar quien guarda dentro suyo la caricia, la memoria de que la vida se abre paso a pesar de todo y puede salirnos al encuentro en cualquier momento. Quien lleva dentro de sí la semilla sagrada de la esperanza.




martes, noviembre 28, 2006

Camino de humanidad

Hace un tiempo leí algo que me encantó. Garrido, un franciscano muy interesante que escribe sobre espiritualidad (tipo altamente recomendable) y para nada improvisado, decía que lo propio de la gracia de lo sobrenatural, era hacer de lo humano algo más humano todavía.

O sea que cualquier camino espiritual lleva necesariamente a una experiencia profunda de la propia humanidad y su transfiguración. No hay experiencia espiritual que pueda puentearse nuestra frágil, hermosa y compleja humanidad. Ni tampoco que tenga como fruto la creación de barreras entre nosotros y los demás.

Los cristianos de oriente decían que el fruto final de este camino del Espíritu era una "ternura ontológica", una sensación de amor y ternura hacia los mismos demonios. En el budismo, la compasión es uno de los frutos de la iluminación... parece que acá también estamos tocando patrimonio universal de la experiencia religiosa.

Para mí, el icono que plasma esto plenamente es el corazón abierto del hombre espiritual por excelencia, Jesús. Boff lo dijo muy bien: "Tan humano, sólo Dios". Sólo él se animó a ser tan compasivo, tan ignorante de fronteras y límites. Ese Jesús que llora, come, duerme, se enoja, reza y puede curar porque todo su cuerpo y corazón está expuesto, abierto al amor que se le sale por los poros y por eso sana a todos los que se animan a entrar en contacto con él... aunque eso también a uno le rompa el corazón.